Un auténtico manual para comprender la transversalidad de la Semana Santa en Sevilla, y de la ciudad en general: la de hace 100 años y la de ahora.
Para que veáis hasta dónde llega esto que digo, dejo un solo trocito de mis favoritos:
«Señores: él no es una persona cualquiera. Él es un filósofo [...]
Sabe muchas cosas el filósofo. Sabe, por ejemplo, que Plotino escribió las Enneadas y que Víctor Cousin logró sacar los retratos de todos los sistemas filosóficos con cierto aire de familia. [...]
En cambio, no ha logrado discernir cumplidamente el secreto más hondo de la ciudad. [...]
Todo el mundo sabe que por la primavera se tensa el aire de Sevilla con unos aromas especiales. No hace falta repetirlo: ocurre que huele ya a Semana Santa. [...]
El filósofo entonces no bebe su limonada en la Alameda. Abandona a Kant, a Spengler [...]. El filósofo andaluz pasea solo: andar y ver de barrios y pasiones. Menos estos siete días, el filósofo es laico. Ahora, ¿qué es?»
El único fallo es que no he podido leer este libro con la pasión que merece, porque hay que leerlo del tirón, sin parar, como cuando uno se echa a la calle en busca de los pasos. Volveré a él en primavera, justo antes de la Semana Santa.