Victoria, poeta e influencer, vive al límite: fines de semana de música, sexo, alcohol y drogas; relaciones tóxicas con narcisistas; jornadas interminables en una revista de moda… Cuando Victoria desaparece, Mireia, su mejor amiga, decide entender por qué conocidos y amigos (incluida la propia Mireia) la han acabado por odiar. Y para comprenderla, escribe. Estamos en el año 2018, y a la ola de sororidad desatada por el #MeToo le seguirá el despertar propiciado por el caso de la manada, un escenario que reactivará la memoria dormida de Mireia y le hará reflexionar sobre el deseo y la culpa. En su primera novela, la poeta y periodista María Ovelar explora el placer sexual de las mujeres, la noche y sus fantasmas, el abuso y el exceso. Una historia trepidante, audaz y turbadora sobre el despertar de la conciencia personal y colectiva de las mujeres en los últimos años.
Me ha recordado un poco a "Vernon Subutex" (de Virginie Despentes) por la rapidez de ideas, los lugares, el reflejo de un estilo de vida rápido y pasado, loco, desaforado. En la historia de Victoria hay ganas de liberación y de independencia, y qué pena que tenga que desligarse de los hombres para verse a sí misma. Una novela ágil que apela a un sentimiento tan individual como colectivo
“Suya era la noche” (Consonni, 2025), de la escritora María Ovelar, pretende recordar en su título a “Tender is the night”, de F. Scott Fitzgerald (hay una búsqueda de identidad semejante en las dos novelas que las conecta). La historia es brutal en cuanto al retrato generacional de una época (primeros años del siglo XXI): precariedad laboral y viviendas imposibles de alcanzar para los jóvenes en un escenario urbano donde el estatus social y cultural es imprescindible para los sueños de su protagonista. Victoria no ansía otra cosa que ser deseada y triunfar artística e intelectualmente. Y para conseguirlo vive, de manera irrefrenable, noches plagadas de sexo, alcohol y drogas, con amantes posesivos y narcisistas, de los que, además, no puede escapar porque siente una absoluta dependencia. Poco a poco, la palpitante noche madrileña va tomando el control de su vida, mostrando entre su velo de algodón un cuchillo afilado que la lleva al límite y vapulea su dignidad como mujer.
María Ovelar nos lo cuenta con una prosa fluida y original, acompañada por descripciones muy ricas en detalles y llenas de matices; las atmósferas y los escenarios son tan visuales que hasta puedes sentir el peso, los destellos, el olor a esas madrugadas desechas, difuminadas de realidad, de las que emana la culpa en forma de resaca y magulladuras emocionales. La narradora acierta al incorporar una voz en off, en segunda persona, escrita en cursiva, que interviene como voz de la conciencia. La representación del bien contra el mal. Es la voz del ángel Mireia increpando al demonio, desde el otro hombro. Me gusta Mireia, empatizo con ella y creo que es la más fuerte e inteligente de las dos. Adora al gato Totoro, el personaje más entrañable del libro. En cambio, Victoria me desespera, esas ínfulas de querer tocar el cielo no concuerdan con su inseguridad y equivocan sus decisiones, anulan su personalidad, la debilitan hasta el punto de pasar por alto algunas situaciones extremas (momentos con Adán, Manuel y Enrique, por ejemplo). Esa necesidad de sentirse deseada y de hacer gozar más que de entregarse a su propio placer. Tal vez el miedo que la sociedad le inculcó de pequeña (el suceso de las niñas de Alcácer fue un mazazo para sus contemporáneas), los complejos y las burlas por ser diferente, forjaron parte de esa personalidad. Por eso, cuando Victoria desaparece, Mireia intenta conocer los motivos regresando al pasado, a los recuerdos, a los infiernos, y al mismo tiempo se hace eco de los movimientos sociales que están ocurriendo: el #Metoo, el caso de la manada y el despertar de las mujeres. Esa sororidad es clave para recapacitar sobre el deseo y las relaciones tóxicas. “Cave Amantem” –desconfía de quien te ama–.
Destaco como parte fundamental el lirismo que flota en la novela, porque María Ovelar es poeta y su prosa mira con ojos profundos hacia lo que habita en el subconsciente. También me gustan las numerosas referencias musicales que se distribuyen por el libro y que son el documento sonoro de aquellas noches madrileñas. Los neones parpadeando al compás de las canciones, “Pale Shelter” de Tears for Fears sonando de fondo mientras Victoria se hace una raya en el baño del bar La Venus de la Gabardina.
Reflexionando, pienso que, si hay voluntad, las personas pueden salvarse de sí mismas, detectar los problemas, aceptarlos y reconducir sus vidas. Ese es el mensaje que me ha trasmitido el valiente debut como narradora de María Ovelar.
Una lectura que no deja indiferente. Con un lenguaje directo, Victoria te lleva por un recorrido intenso, revelando un mundo oculto para muchos y marcado por situaciones límite.
Aunque, en ocasiones, el uso algo excesivo (para mi gusto) de las letras que conforman la banda sonora me alejaba momentáneamente, esto no quita que, para mí, el libro me dejara con ganas de acompañar a sus protagonistas un poco más …
Me gustaba mucho la idea de este libro pero siento que es fácil perderse entre los innumerables saltos espacio-temporales. No han sido pocas las veces que he dudado del orden cronológico de los acontecimientos, y a veces no ubico cuánto tiempo dura cada cosa. Los personajes están tan poco definidos y van y vienen con tanta rapidez que cuesta quedarse con quién es quién y de qué se conocen. Y, por último, el cambio real en Victoria y sus reflexiones se nos muestran brevemente al final y poco más. La verdad es que después de páginas y páginas mostrándonos cuán bajo puede caer, me hubiera gustado algo más de desarrollo de su época menos oscura. En general, me ha gustado mucho por la idea que representa, pero en mi opinión falta mucha estructura, definición de personajes y ubicar un poco al lector. Salvo que fuera precisamente la intención, que se sienta tan difuso como Victoria lo vive, en cuyo caso, objetivo conseguido, pero a mí personalmente no me convence ese toque.
María Ovelar habla de Madrid como un territorio que se atraviesa de noche, con ojeras, con ruido, con hambre de algo que no siempre se sabe nombrar. No es una ciudad postal: es bares, pisos compartidos, metro, resacas emocionales y amistades que sostienen a ratos. La novela se mueve entre la precariedad, el deseo y esa sensación de estar siempre un poco perdido. Directa, generacional y muy reconocible, donde Madrid no es sólo escenario, sino parte del cuerpo de la historia.
Uf. Terriblemente adolescente. Spicy sin llegar a serlo. Textual para describir a un personaje: "Victoria se fijó en lo musculado que estaba. Tenía una fisionomía de un modelo de anuncio de coches. Lo único que quebraba la armonía eran los ojos demasiado pequeños para tanta cabeza." Socorro.
Suya era la noche es de esos libros que te agarran por la nuca y te arrastran a un territorio que reconoces aunque nunca lo hayas nombrado. María Ovelar escribe la noche como si fuera un cuerpo vivo: cambiante, ambiguo, lleno de deseo y de heridas que no se ven a simple vista.
La protagonista, Victoria, me rompió y me sostuvo a la vez. Su forma de habitar la fiesta, el after, el insomnio, la confusión… es tan honesta que duele. Y a la vez tiene algo luminoso, como si la autora entendiera que incluso en el derrumbe hay un impulso vital. Me impresionó cómo están narradas las escenas nocturnas: fragmentarias, intensas, con esa sensación de tiempo suspendido que solo la noche tiene.
Hay un hilo político precioso y feroz, pero nunca panfletario. El libro habla de deseo femenino, de trauma, de los miedos heredados por generaciones –ese terror sexual que todas conocemos– y de cómo la noche puede ser un espacio de peligro, sí, pero también de reapropiación, de identidad y de resistencia.
La escritura es poética sin caer en lo críptico, y contundente sin perder ternura. Hay frases que releí varias veces solo por cómo estaban hechas. Y la estructura en escenas encaja perfecto con esa lógica nocturna de discontinuidad y memoria rota.
Para mí, una novela que se queda resonando mucho después de cerrarla. Oscura, vulnerable, política y profundamente humana. La recomiendo con los dos brazos
Me sorprendió mucho la novela, no conocía a la autora, pero leí un artículo sobre el libro y me llamó la atención. Tenía ganas de leer una historia sobre el maltrato psicológico que hemos sufrido las mujeres (ninguneadas, acosadas, silenciadas), incluso cuando pensábamos que éramos libres (la novela ocurre a finales del siglo XX y en el siglo XXI, justo antes del metoo aunque hay dos capítulos claves después que coinciden con el despertar de las protas). la devoré en una sola noche: atrapa desde las primeras páginas. Como dijo alguien por aquí: todas hemos sido Victoria. Sobre todo en una época en la que casi no existía la sororidad, y en la que muchas competíamos por la atención del otro, convirtiendo nuestro erotismo en un capital. A mí me ha encantado, pero entiendo que esta es una novela que amas u odias. Odiamos muchas veces lo que nos refleja, lo que nos incomoda. Muchos se reconocerán en las prácticas abusivas que retrata la novela… Me encanta también la mezcla de lirismo y crudeza, cómo retrata Madrid, los personajes que pululan por la ciudad. Yo ya he empezado a regalárselo a mis amigas.
Me ha encantado: la estructura, la trama, lo reales que son los personajes. Hace tiempo que quería leer una novela sobre los abusos en la noche -en los clubes de los 2000s-, en el periodismo y en la escena literaria. Parece que camines en Madrid, con unas pinceladas retrata todo un mundo. Los gestos de los personajes los desenmascaran. La narradora no juzga, deja que las lectoras nos formemos nuestra opinión. El juego de las voces narrativas, la tercera y la segunda es bestial (adoré la segunda persona como conciencia, y el doppelgänger), el juego de espejos, que Mireia sea (esto no lo cuento para que lo descubráis). Tb me fascinó la estructura. Habla mucho sobre la identidad, la autoestima y los excesos. Desmonta el mito del amor romántico y nos muestra sus toxicidades. A veces se ve que la editorial se comió alguna línea en blanco entre escenas, pero bueno. Quiero leerlo todo de esta autora. Ojalá publique otra novela pronto. Es genial