La Zorera, 1897. Un pueblo aislado de la montaña asturiana es testigo del asesinato de Manuela Martínez de Llano y de su bebé recién nacido a manos de su esposo, Rafael González Gancedo. Allí donde el trabajo abunda, el hambre impera y el tiempo no corre, la noticia estalla como pólvora en un pozo de carbón.
Uviéu, 1898. Una ciudad de calles empedradas y tabernas oscuras recibe a los vecinos de La Zorera en los días en los que se celebra el juicio a Gancedo. La ciudad de Clarín condena al reo, que se convertirá en el último hombre ajusticiado públicamente por garrote vil en Asturias y uno de los últimos de España en tiempos de paz.
Una novela con alma de crónica negra que nos traslada a un territorio mítico y hostil donde reinan las tradiciones, los silencios, la superstición y el poder implacable de la naturaleza, imperturbable a las hazañas de los hombres.
Cinco estrellas. Por qué? Una por traerme una historia real que desconocía acerca del último condenado a muerte por garrote vil en Asturias. Dos por zambullirme como lector en la acción que da lugar al crimen, donde cada personaje añade algo más novelesco a lo sucedido, el presunto asesino, las víctimas, la madre del investigado, la amante de este, ... qué pasó ahí? Tres porque tras contarnos los hechos, el autor te regala estar presente en un juicio con tribunal jurado en la España de finales del SXIX. Cuatro porque tras el juicio vendrá la sentencia y no es otra que el garrote vil y, al menos yo, no tenía idea de todo lo que conllevaba la ejecución pública de un condenado a muerte, desde su salida de prisión, el trabajo del verdugo como funcionario que llega al lugar, la instalación del patíbulo,... La quinta estrella es sin duda por la forma en que Antón García nos ofrece esta joya, en la que se nota el trabajo minucioso y el cariño que le ha puesto.
Un comienzo potente .La tierra se abre para recibir a una madre y su hijo recién nacido . Lo que podría ser una desgracia sabemos que es un hecho real,un parricidio sucedido en las entrañas de la montaña asturiana,en La Zoreda de 1897.
Es interesante como escuchamos lo de "no quiero que me hagas spoiler"...aquí comenzamos sabiendo quiénes son los muertos ...pero el interés lector se aviva con cada página que pasamos. La crónica social es tan real ,que no parece que estamos en una novela.
Cuando te vas a dar cuenta no juzgas, lees y sientes el hambre,el dolor,la pena...un sinfín de emociones ,porque la profundidad psicológica de los protagonistas,las personas, está tan trabajada que todos los puntos de vista son dignos de atención.
Rafael González Gancedo en "Crónica de la luz y la sombra",tiene la profundidad del Raskólnikov de "Crimen y castigo",los dos cargan con su crimen desde el principio.
Un "personaje" ,"La Lleona" que me ha incomodado,por su falta de humanidad...pero en la vida real ...eso es la humanidad...la lucha del bien contra el mal no es necesariamente épica.
Os dejo muchos detalles para descubrir.Pero quería poner este libro en vuestro punto de mira lector.Por todo lo que engloba ,por el debate que abre para quien quiera leer entre líneas ,contra la pena de muerte,el machismo y las herramientas judiciales que siempre tienen que evolucionar para luchar contra esta lacra.
Y finalmente, reflexionar sobre nuestro papel en la sociedad y en la comunidad que habitamos ,la responsabilidad de no mirar hacia otro lado y que la alfabetización llegue más allá de lo "obligatorio"...saber leer y escribir no basta,es algo que Antón García manifiesta de una forma muy bella y que aunque estemos lejos de 1897,en el 2025 aún queda mucho por hacer.
230 páginas que pueden ser lo que queráis:Un viaje en el tiempo,una novela destacable o una redención lectora que mueva vuestra conciencia.
Muy entretenido y dinámico. Te atrapa la historia desde el primer momento, pudiéndote imaginar la sociedad y el ambiente de una Asturies rural y de la capital del final del siglo XIX. Muy recomendable!
Magistral recreación novelada de la última ejecución a garrote vil que tuvo lugar en Asturias. El autor va desvelando de forma sabiamente dosificada todas las circunstancias del caso desde múltiples perspectivas que, lejos de resultar repetitivas, proporcionan profundidad a una historia que traslada al lector a la asfixiante atmósfera de aldea de la Asturias interior de fines del XIX, convirtiéndolo, sin que se dé cuenta, en un vecino más, que fisga por la ventana o se cuela subrepticiamente en la casa del protagonista para poder dar su propia versión de los terribles hechos que se narran.
Vamos gradualmente componiendo el puzle, el fresco de lo que pudo ser el momento de la muerte violenta de una mujer y su hijo recién nacido a través de la narración de los momentos inmediatamente posteriores, los previos, los antecedentes vitales de los personajes principales, la instrucción penal y el propio juicio. El lector no puede evitar hacer cábalas sobre lo sucedido, repartir sus simpatías y antipatías entre los tipos humanos que se nos muestran y acusar y absolver alternativamente a unos y otros; y cuando, finalmente, llega el momento de la ejecución, probablemente la dureza de su juicio condenatorio se habrá ablandado, se habrá matizado un tanto al haber desentrañado, aun sin excusarlos, los complejos sentimientos y motivaciones de los personajes.
La dignidad del reo en los momentos finales de su vida es un acierto indiscutible de la novela, que viene a arrojar un poco de luz y amabilidad a una historia que, de no ser por la asombrosa habilidad del autor, podría resultar excesivamente escabrosa. Partiendo de una investigación histórica rigurosa de los hechos, que desecha sin miramientos todos los añadidos míticos con que el pueblo fue adornando el caso durante años, es de destacar el empeño de Antón García por novelar el papel esencial de las mujeres, de las que nada dice la documentación real. El autor se pone en su piel, en sus mentes y fabula una muy verosímil versión de los hechos que las convierte en indispensables para comprender el desenlace de los acontecimientos.
Tampoco se puede dejar de reseñar la traducción al castellano (desde el original asturiano) de Paula López Fernández, que ha decidido conservar un número considerable de dialectalismos que, en lugar de entorpecer la comprensión, tiñen la novela de un sabor local que contribuye al proceso de inmersión del lector en la sociedad rural de la comarca de Tineo, en el occidente asturiano.
Dividida en cuatro partes y una nota final sin que su extensión supere lo estrictamente necesario, la novela se devora de forma adictiva. García nos convierte en voyeurs, en lectores compulsivos de periódicos que buscan con avidez detalles, quizá morbosos, en las páginas de crónica negra tras un suceso horripilante. Pero lo hace con elegancia, con naturalidad y sin que nos sintamos demasiado culpables. De lo mejor de este 2025.