Le Vin de longue vie, de Cocea (1880-1949), demeure l'une des oeuvres les plus originales et les plus attachantes de la littérature roumaine. Publiée en 1931, cette merveilleuse fable hédoniste évoque la rencontre d'un magistrat fraîchement nommé dans une bourgade de la campagne moldave et du mystérieux boyard Manole, dont la longévité exceptionnelle et les moeurs supposées excentriques excitent la jalousie de toute la bonne société provinciale. Par ses qualités d'âme, sa droiture, son goût immodéré pour la lecture, le jeune homme gagne l'amitié et la confiance du maître, qui va peu à peu lui révéler ses secrets de vie. Sa longue existence lui a permis d'atteindre une forme de sagesse affranchie de tout mysticisme, qui trouve dans le splendide paysage moldave une source de joie perpétuellement renouvelée. Le vin qu'il produit en son domaine est la plus belle expression de cette terre. Dans un ultime moment de révélation, le vieil homme partagera avec son ami un verre de sa précieuse cuvée, fruit de ses amours fulgurantes avec une jeune tzigane, souvenir des jours intenses de sa lointaine jeunesse.
Premisa: Un joven juez queda fascinado por Manole, un boyardo extrañamente longevo que genera suspicacias entre sus coetáneos. Al entablar conversación con él y conectar en intereses personales, se generará una relación casi cercana al mentorazgo, en la que el pasado del anciano y su forma de encarar la vida supondrán una revelación para su interlocutor, contraponiéndose a la moralidad asumida como adecuada.
Opinión: Algo que valoro muchísimo de una editorial es tener la garantía de que las historias que publica van a resultarme interesantes, aunque sean temáticas que a priori no despierten mi curiosidad. No podemos olvidar que nuestros gustos están en parte condicionados por nuestro recorrido vital, y lo que no se conoce siempre tiene potencial, aunque creamos que no vibramos en la misma frecuencia. Quizá lo que sucede es que no somos capaces de ver el panorama completo. Con los títulos de Muñeca Infinita siempre consigo expandir un poquito mis límites, además cada vez en planos diferentes.
En este caso, Cocea nos traslada a Moldavia, donde presenciaremos el encuentro entre dos personas que se sienten afines a pesar de la diferencia de edad y de experiencias vitales acumuladas a sus espaldas. La narración pone el foco en el contenido de la conversación entre nuestros dos protagonistas, dejando en un plano secundario la contextualización o la construcción de los personajes.
Así, enfatiza el mensaje que Manole ejemplifica: el disfrute de la libertad y del placer de las pequeñas cosas, simbolizado especialmente en el vino como elemento acompañante y proveedor de placer, sin aparentar una religiosidad que no siente, a pesar de las consecuencias sociales que pueda acarrear. La trama navega a través de sus divagaciones y recuerdos, utilizando un suceso específico de su pasado como punto culminante y símbolo de su actitud vital.
No creí que me iba a envolver en el diálogo como lo hizo, pero también eché de menos que el juez tuviese un papel más proactivo, o que la narración se hubiese asentado mejor a través de personajes secundarios, descripciones pertinentes y sucesos justificativos.
Me encantó leer, como postre, el relato de Corina Sabău: Lili se marcha de Dănceni, que acompaña y hace contrapunto a la propuesta de Cocea, adentrándose en la cotidianidad contemporánea a través de una perspectiva de género.
Conocer la forma de pensamiento de aquel entonces y apreciar los desafíos que esta lectura hizo a la mentalidad imperante me ha resultado estimulante y satisfactorio. Además, todo ello logrado a través de un diálogo, uno de los vehículos narrativos que más me atrapan.
Une critique dithyrambique de plus pour ce petit conte hédoniste qui prouve entre autres que les Tziganes, roumains ou pas, ce ne sont pas que des histoires de bidonvilles et d'expulsions français. À savourer avec, si vous parvenez à vous en procurer, un verre de Cotnari. Un jeune homme arrive comme juge de paix auxiliaire dans un petit village du district de Cotnar. Il a une belle vue sur la vigne de maître Manole Arcasch, le boyard local, qui a 90 ans et semble immortel. Tout le monde convoite ses biens : il est sans héritiers. Le boyard fait bientôt sa connaissance et ils se lient d'amitié. Suite à des jalousies que le jeune homme suscite au village, le boyard lui révèle son secret. Après avoir étudié à Paris, il revint prendre en main la propriété familiale. C'est là qu'il tomba amoureux d'une tzigane, censée être son esclave, Rada. Mais elle lui échappait, lui était peut-être même infidèle. Un soir, il la coince dans le cellier ils font l'amour dans les raisins. Peu après, on la retrouve morte dans un puits au campement des tziganes il est désespéré. Il fait presser le raisin et en fait du vin, son vin de longue vie.