Esta novela gráfica es un auténtico regalo para la vista. Las ilustraciones son potentes, expresivas y están muy bien logradas, capturando a la perfección la locura, el caos y el magnetismo que siempre han rodeado al mítico vocalista de Black Sabbath. El estilo gráfico encaja como un guante con la figura de Ozzy, y es, sin duda, el punto más fuerte del libro.
Sin embargo, en cuanto al contenido biográfico, se queda bastante corto. La historia pasa de puntillas por su vida, centrándose casi exclusivamente en sus excesos con el alcohol y las drogas, y dejando fuera aspectos tan importantes como su evolución musical, sus relaciones personales o su impacto en la historia del rock. Me habría gustado ver una mirada más completa y detallada, más allá del lado salvaje que todos ya conocemos.
En resumen: una obra que brilla por su arte, pero que se queda a medio gas como biografía. Ideal para fans que buscan una aproximación rápida y visual, pero no para quienes esperan una exploración profunda del personaje.