"Espacios es un volumen de 70 páginas. Todos los cuentos ocurren en espacios claustrofóbicos y tienen un tono unificador: la crónica del tedio; oficinistas pulverizados por un empleo absurdo cuya función es repartir memorandos entre cubículos estancos; otro que es una carta de amor desde la ausencia y el desorden de una habitación vacía por una amante, y la carta, que parece desafecta al comienzo acaba por convertirse en canción desesperada; hay un relato de un voyerista que vigila la vida de una vecina a través de una cámara oculta, muy en la línea de la literatura Wakefield y Bartleby y de los Hikikomoris, es decir en la línea de la gran literatura de la crisis del sujeto y de la despersonalización posmoderna (¿pornoderna?); otros tratan de gente que quiere renunciar a su empleo, pero no puede; de dioscuros condenados a convivir juntos y a envejecer en una sórdida guerra fraternal llena de patadas y botellazos. El que más me gustó se titula En construcción: la historia de un familia que prospera unida y se destruye unida (al pretender sellar la alianza de sangre echando el segundo y el tercer piso -¿y no es la plancha del segundo piso casi un emblema del progreso familiar en clave de albañilería local?- todos empezarán a morir en la construcción convertida en trampa mortal). Este es un cuento extraordinario y macabro, cercano a Casa tomada y Psicosis de Hitchcock y El ángel exterminador de Buñuel. Por lo demás, el autor es un fanático del fútbol, esa terapia ocupacional para gente que quiere sentirse incluida en algo, porque la excluyeron de todo"