Jump to ratings and reviews
Rate this book

El calibrador de estrellas: Aprendizajes chinos para Occidente en el siglo XXI (Ariel)

Rate this book
Claves para conocer y comprender las estrategias del gigante asiático y adaptarlas a nuestro modelo para enriquecer nuestras sociedades.

El mundo que conocíamos ha cambiado. Para enfrentarnos a su complejidad necesitamos nuevas perspectivas. Sin China no se puede comprender un siglo XXI en el que sólo se progresa aprendiendo de las experiencias ajenas. ¿Qué lecciones podemos extraer de un país que se ha convertido en superpotencia en apenas cuatro décadas? ¿Pueden inspirarnos para perfeccionar nuestras democracias, construir una sociedad más resiliente, competitiva y capaz de prosperar en un entorno global desafiante?

El calibrador de estrellas muestra que hay tantas formas de ordenar el mundo como de leer el firmamento. En él, Julio Ceballos nos invita a explorar el modelo chino para transformar desafíos en oportunidades. Con un tono ameno y optimista, el autor revela algunas claves exportables a Occidente de esta civilización la meritocracia, la inversión en educación, el espíritu emprendedor y la cultura del esfuerzo o la planificación estratégica a largo plazo, entre otros. Un análisis lúcido e inspirador articulado en 18 "plug-ins" que explican los logros chinos, y proporcionan herramientas y buenas prácticas para enriquecer nuestro sistema y revitalizar nuestras instituciones.

507 pages, Kindle Edition

Published March 12, 2025

12 people are currently reading
165 people want to read

About the author

Julio Ceballos Rodríguez

3 books4 followers
Julio Ceballos o Julio Ceballos Rodríguez es un consultor de negocio, escritor y poeta español especializado en relaciones internacionales comerciales y China.

Ratings & Reviews

What do you think?
Rate this book

Friends & Following

Create a free account to discover what your friends think of this book!

Community Reviews

5 stars
8 (22%)
4 stars
17 (47%)
3 stars
9 (25%)
2 stars
2 (5%)
1 star
0 (0%)
Displaying 1 - 6 of 6 reviews
Profile Image for Jss.
112 reviews3 followers
December 23, 2025
El calibrador de estrellas me dejó con una sensación doble y bastante ingrata: por un lado, la certeza de que Julio Ceballos sabe moverse en el mundo específico del que viene (el de asesorar a empresas que quieren entender China); por otro, la impresión persistente de que el libro que yo quería leer —ese, preciso, técnico, con filo pragmático— queda sepultado bajo otro libro: uno más ansioso, más opinativo, más disperso, a ratos sorprendentemente descuidado.

El propio autor lo anuncia, casi como escudo: “Pese a todo lo que tiene de denunciable, censurable y criticable el modelo chino, he decidido no poner el foco allí donde China yerra, fracasa o se equivoca” (p. 60). Yo leo esa frase y no puedo evitar preguntarme: ¿por qué elegir, de entrada, esa asimetría? No porque yo espere un panfleto “anti” o “pro”, sino porque en un ensayo divulgativo el punto de equilibrio no se declara; se construye con método, con fuentes, con una arquitectura que aguante. Y aquí, cuando el texto se abre hacia derechos, geopolítica, historia, tecnología, cultura, educación, “soberanía digital”, redes sociales e incluso chistes, el edificio empieza a crujir: no tanto por ambición (que puede ser virtud), sino por falta de rigor sostenido.

Hay, eso sí, destellos que funcionan. Cuando baja al terreno de usos culturales concretos, el libro se vuelve legible y hasta iluminador: el ejemplo de LG descubriendo que ciertas lavadoras compactas se usaban para limpiar tubérculos y hortalizas (p. 79) es el tipo de anécdota que sí aterriza una idea: China como ecosistema de adaptación, de observación pragmática, de producto que se reinterpreta. Ahí me dije: “bien, aquí hay una mirada”. También me interesaron algunas citas que condensan problemas reales sin necesidad de fuegos artificiales, como la de Tarun Khanna: “Se mide lo que se puede medir, no necesariamente lo que se debiera” (p. 131). Ese tipo de frases, si se trabajaran con más cuidado, podrían ser columna vertebral.

Pero la lectura está llena de momentos en los que yo sentí que el libro se acelera para llegar a conclusiones que no termina de sostener. A ratos aparece un tono de conferencia motivacional (o de columna de opinión con prisa) que choca con el traje de “aprendizajes chinos para Occidente”. Cuando el autor dice que sus aprendizajes son “técnicos y pragmáticos, no ideológicos” (p. 56), yo no discuto la intención; discuto el resultado: porque en cuanto el texto se abre a “buen gobierno”, valores, censura, derechos, educación, meritocracia o control social, lo ideológico entra por la puerta principal. Y no pasa nada… salvo que se lo trate como si no estuviera ahí.

En paralelo, hay decisiones de forma que me sacaron de la lectura. La insistencia en insertar caracteres chinos y pinyin “sin acentos tonales” (p. 23) se siente más ornamental que útil, como si el libro quisiera performar “China” tipográficamente. Algunas secciones se estiran con proverbios y máximas que podrían ser viñetas de libreta (la vela y la oscuridad, el caracol que escala la montaña, “quien tiene un plan tiene un tesoro”), y yo me encontré pensando: ¿esto está aquí para pensar mejor o para sonar mejor?

La estructura también parece pelear consigo misma. Hacia el final, el autor justifica una lógica de digresiones como “una suerte de jam session” (p. 456). A mí me pareció una confesión involuntaria: el libro se lee como si no hubiera decidido si es mapa, bitácora, manifiesto, miscelánea o ensayo con tesis. Y cuando un ensayo no decide su forma, el lector termina haciendo el trabajo de edición: separando lo que es argumento de lo que es ocurrencia, distinguiendo lo que es dato de lo que es intuición.

El tema de la “autoridad” también me quedó dando vueltas por una razón muy concreta: la atribución errónea de un texto motivacional como si fuera un “poema de Pablo Neruda” (p. 261). No es un detalle menor, no por fetichismo de la cita, sino porque revela algo más profundo: ¿qué tipo de verificación editorial tuvo este manuscrito? ¿Qué tan cuidadoso es el libro con sus fuentes cuando pretende enseñarme a mirar un país y, de paso, el siglo XXI? Yo puedo convivir con un ensayo que opina; lo que me cuesta es un ensayo que opina como si citar fuera un gesto decorativo o prescindible.

Esa sensación se agrava cuando el autor se aleja de su terreno más firme. Por ejemplo, cuando entra en explicaciones sobre IA generativa y la “caja negra”, el tono me sonó más afirmativo que argumentado: se siente como alguien fascinado por la actualidad, pero sin el mismo cuidado conceptual que pide el tema. Y ahí vuelvo a tu propia pregunta (que yo también me hice leyendo): ¿esto es un libro sobre qué aprender de China o sobre cómo el autor ve el mundo usando a China como excusa elástica?

No todo es desechable. Hay páginas con intuiciones aprovechables, y hay momentos en que el libro roza una conversación interesante: cómo se piensa el largo plazo, cómo se organiza un proyecto colectivo, cómo se relaciona una sociedad con el aprendizaje permanente, cómo se ajustan productos y narrativas cuando el uso real contradice el uso imaginado. Pero la experiencia global, para mí, fue la de un texto que promete brújula y entrega más bien un manojo de imanes: algo tira hacia muchos lados y yo nunca estoy seguro de cuál es el norte.

Me quedo con una última duda, más incómoda que literaria: cuando un libro de divulgación quiere ser amplio (cultura, geopolítica, tecnología, educación, valores) y además pretende ser persuasivo, ¿cuánto puede “permitirse” el descuido antes de que la tesis se vuelva una cuestión de fe? Y si una editorial lo publica así, ¿qué estamos premiando: la idea, el timing, la autoridad percibida del autor… o el trabajo real del texto?


The Star Calibrator left me with a double, rather unpleasant feeling: on the one hand, the certainty that Julio Ceballos knows how to navigate the specific world he comes from (advising companies that want to understand China); on the other, the persistent impression that the book I wanted to read—the precise, technical one with a pragmatic edge—gets buried under a different book: a more anxious, more opinionated, more scattered one, at times surprisingly careless.

The author himself signals it, almost like a shield: “Despite everything about the Chinese model that is denounceable, censorable, and criticizable, I have decided not to focus on where China errs, fails, or gets things wrong” (p. 60). I read that line and can’t help asking: why choose that asymmetry from the outset? Not because I expect an “anti” or “pro” pamphlet, but because in popular nonfiction the balance point isn’t proclaimed—it’s built through method, sources, and an architecture that holds. And here, when the text opens out toward rights, geopolitics, history, technology, culture, education, “digital sovereignty,” social media, and even jokes, the building starts to creak—not because of ambition (which can be a virtue), but because of a lack of sustained rigor.

There are, however, flashes that work. When the book drops down to concrete cultural use-cases, it becomes readable and even illuminating: the example of LG discovering that certain compact washing machines were being used to clean tubers and other vegetables (p. 79) is exactly the kind of anecdote that lands an idea—China as an ecosystem of adaptation, pragmatic observation, and products that get reinterpreted. At that point I thought: okay, there’s a lens here. I was also drawn to lines that condense real problems without fireworks, like Tarun Khanna’s: “We measure what can be measured, not necessarily what should be” (p. 131). Those kinds of sentences, handled with more care, could have been the backbone.

But the reading is full of moments where I felt the book speeds up toward conclusions it doesn’t fully support. At times a motivational-lecture tone (or a rushed op-ed voice) appears that clashes with the stated project of “Chinese lessons for the West.” When the author says his lessons are “technical and pragmatic, not ideological” (p. 56), I don’t dispute the intention; I dispute the outcome—because the moment the text opens onto “good governance,” values, censorship, rights, education, meritocracy, or social control, ideology walks in through the front door. That’s fine… except it’s treated as if it isn’t there.

In parallel, there are formal choices that pulled me out of the book. The insistence on inserting Chinese characters and pinyin “without tonal marks” (p. 23) feels more ornamental than useful, as if the book wants to perform “China” typographically. Some sections stretch on with proverbs and maxims that could be notebook epigrams (the candle and the darkness, the snail climbing the mountain, “whoever has a plan has a treasure”), and I kept wondering: is this here to help me think better, or to sound better?

The structure also seems to fight with itself. Near the end, the author justifies a logic of digressions as “a kind of jam session” (p. 456). To me it read like an inadvertent confession: the book feels as if it hasn’t decided whether it’s a map, a travelogue, a manifesto, a miscellany, or a thesis-driven essay. And when an essay can’t decide its form, the reader ends up doing the editing work: separating argument from riff, distinguishing data from intuition.

The issue of “authority” also stayed with me for a very concrete reason: the incorrect attribution of a motivational text as if it were a “poem by Pablo Neruda” (p. 261). It’s not a minor detail—not because I fetishize quotations, but because it points to something deeper: what kind of editorial verification did this manuscript receive? How careful is the book with sources when it claims to teach me how to look at a country and, by extension, the twenty-first century? I can live with an essay that has opinions; what I struggle with is an essay that treats citation as decorative or optional.

That discomfort grows when the author moves away from his most solid ground. For instance, when he ventures into explanations of generative AI and the “black box,” the tone felt more assertive than argued: like someone captivated by the topic, but without the conceptual care the subject demands. And that takes me back to your own question (which I also asked myself while reading): is this a book about what to learn from China, or about how the author sees the world—with China as an elastic pretext?

Not everything is disposable. There are pages with usable intuitions, and there are moments when the book brushes up against an interesting conversation: how long-term thinking is built, how a collective project is organized, how a society relates to continuous learning, how products and narratives adjust when real use contradicts imagined use. But the overall experience, for me, was of a text that promises a compass and delivers more of a handful of magnets: something pulls in many directions, and I’m never quite sure where north is.

I’m left with one final doubt, more uncomfortable than literary: when a book of popular nonfiction wants to be broad (culture, geopolitics, technology, education, values) and also wants to persuade, how much sloppiness can it “afford” before the thesis becomes a matter of faith? And if a publisher releases it in this state, what exactly are we rewarding—the idea, the timing, the author’s perceived authority… or the actual work of the text?
Profile Image for Pedro Picapiedra.
147 reviews3 followers
May 13, 2025
Después de haber leído el ensayo ‘Observar el arroz crecer’ no dudé un segundo en hacerme con este libro en el momento en que tuve constancia de su existencia. La mirada de Julio Ceballos es una mirada lúcida, inteligente, sensata, que son las cualidades imprescindibles para poder acercar el mundo chino a una mentalidad occidental que mira con mucho (y necesario) recelo al gran gigante asiático. En una suerte de continuidad con ‘Observar el arroz crecer’, ‘El calibrador de estrellas’ sigue persiguiendo el objetivo de hacer familiar aquel continente lejano (no tan lejano) que queramos o no va a tener una considerable influencia en nuestras sociedades. La aproximación sin embargo es diferente, desarrollada en temas más específicos con lecciones más concretas. Es por eso que, aunque pierde cierto sabor anecdótico que era fácil de encontrar en las 88 ‘píldoras’ de su otro ensayo, es más fácil interiorizar ciertas ideas a las que el autor dota de relevancia y urgencia.

En mi visión personal, ligeramente orientalizada después de mis años en China, comparto en gran medida el contenido del libro, y agradezco profundamente la visión lúcida del autor que a mi mismo me ha servido para poder cristalizar ciertas intuiciones abstractas. No obstante, por poner algún contrapunto, no es hasta el último capítulo donde se me mantiene una sensación algo remota pero constante de agobio durante la lectura de la obra, ya que de alguna forma la mayoría de las tesis expuestas se hilvanan en torno al objetivo de mejorar la competitividad europea. Entiendo la razón; de esa competitividad va a depender en gran medida nuestro bienestar, pero no deja de ser triste (en un sentido filosófico) de que todo son recetas que nos conviertan en herramientas más útiles. Refuerza esta reflexión la descripción que se ofrece (en mi opinión bastante certera) de los chinos de que ellos no gastan apenas tiempo ni energías en decorar sus hogares por considerarlo algo superfluo. Por la familiaridad que tengo con las ciudades chinas, las cuales no son precisamente bonitas, uno no puede evitar preguntarse, ¿cuál es el fin de toda esta carrera? ¿un mosaico de sociedades volcadas en una competitividad feroz? Asusta pensarlo. El autor, en cualquier caso, no da puntada sin hilo y cierra el libro precisamente con ese último capítulo donde da un alegato a la creatividad humana, al optimismo y a nuestras imperfecciones y errores. Un punto negativo se lo atribuyo al capítulo sobre la medicina tradicional China (MTC). Entiendo que de la miríada de métodos que caen dentro del MTC, algunos sin duda pueden suponer una mejora en la calidad de vida de la gente. Sin embargo, recelo de la exposición atractiva que plantea el autor. Si un método ‘de facto’ es beneficioso, es por tanto cuantificable y por tanto cae dentro de lo que, en mi opinión, mal definimos como medicina occidental. Bien sea beber té, hacer meditación o practicar taichi, pero no caigamos en el error de tomar como buenas aquellas falsas praxis embadurnadas en tintes exóticos.

Dicho esto, el libro es una síntesis excelente de los grandes retos que se presentan en el futuro cercano acompañado de posibles soluciones y representa una visión lúcida de mecanismos puestos en práctica en China y que pueden mejorar nuestra sociedad y economía, y que puede que sean la única escapatoria satisfactoria al tren que se nos viene encima.

En un resumen de brocha gorda se tratan los siguientes temas:
- La importancia de la educación como pilar básico. Aquí un comentario personal, aunque el autor menciona la importancia y la popularidad que está teniendo la lectura entre los chinos (la mitad de los chinos dedica la mitad de su tiempo libre a la lectura) , he de decir que en mi propia experiencia no comparto esta visión. Hablando con chinos y observándoles en multitud de escenarios, no coincido en que sea una sociedad lectora, ni que se le acerque.
- La importancia de tener unos líderes instruidos con proyectos a largo plazo y que doten de un sentido de identidad y empresa compartida a sus ciudadanos.
- El asset intrínseco a una sociedad con una mentalidad persistente, pragmática e industriosa acostumbrada al desastre.
- La importancia de un mundo digital más transparente y regulado, especialmente con los auges de las IAs.
- Recetario básico para hacer negocios con chinos.

En ningún caso este listado esquelético hace justicia a la exposición detallada y exhaustivamente documentada que recoge el autor. Mención especial se merece el título de la obra ‘El Calibrador de Estrellas’ a la que el autor dedica unas páginas. Este poema de Su Hui (siglo IV d.C.), también conocido como ‘El mapa de la esfera armilar’ es un poema palindrómico espectacular que contiene una cantidad apabullante de distintas lecturas (https://en.wikipedia.org/wiki/Star_Gauge para más información). Haberlo recogido como título me parece una idea simplemente perfecta para transmitir cómo de diferente, desconocido, inabarcable y seductor es el mundo chino.

Citas:
- A esto los chinos lo llamamos ‘yuanfeng’: la casualidad cósmica que une a la gente.

- Deberíamos ver la sombra de las flores en el agua / la sombra de los bambúes bajo la luna / y la sombra de la belleza tras la cortina de una puerta.

- Decía Confucio en las Analectas: ‘¿No es maravilloso cuando los amigos vienen de lugares lejanos a visitarnos? (有朋友自远方来,不亦乐乎?)

- Lo que diferencia a un sueño de un plan es una fecha.

- [De Isaac Asimov] Hay culto a la ignorancia en Estados Unidos y siempre lo ha habido. La tensión del antiintelectualismo ha sido un hilo constante que se abre paso a través de nuestra vida política y cultural, alimentada por la falsa noción de que la democracia significa que mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento.

- Decía Ramón y Cajal: la historia nos enseña que solo fenecen las naciones en cuyas almas se apagó eternamente, con el sol de la esperanza, la llama de la voluntad.

- [De Jorge Luis Borges] El futuro es incierto, pero precisamente de eso se trata.

- [De John Dewey] Nunca se puede estar completamente seguro de nada porque todo es relativo, no existe el absolutismo, y los dogmas o las certezas tienen un índice de obsolescencia proporcional a lo que tardan en cambiar las circunstancias que los alumbraron.

- Este autor [Alain Deneault] identifica la mediocridad como la causa (y consecuencia) de una sociedad adormecida, apática, carente de pensamiento crítico e inane intelectualmente que, ante la avalancha de datos ye l frenesí de cambios que se suceden, ha optado por desinteresarse de la política, dejando esta en manos de mediocres. Esa mediocridad que refiere Deneault tiene mucho que ver con la anomia, el nihilismo de Nietzsche y el hombre-masa de Ortega y Gasset.

- Sólo cuatro países en el mundo han logrado, en penas dos décadas, duplicar su PIB en los últimos cincuenta años: Corea del Sur, Singapur, China y España.

- China es un lugar donde te toca competir, quieras o no. Con una de las peores proporciones mundiales entre tierra cultivable (10 por ciento) y población que alimentar (17 por ciento), entre la cantidad de hombres y mujeres (con unos 50 millones de superávit masculino), en el acceso a sus universidades para los cerca de 13 millones de candidatos en el año 2024.

- El mundo ha cambiado más en los últimos treinta años que en los últimos tres siglos

- Es importante recordar que ser alcalde de muchas ciudades chinas equivale a ser primer ministro de naciones enteras, pues sus dimensiones y peso económico son semejantes. Así, por ejemplo, la ciudad de Cantón tiene un PIB municipal equivalente al de toda Suiza.

- El actual proceso chino de selección y promoción mantiene un sesgo claramente patriarcal que apenas promociona a mujeres a los puestos de máximo nivel ejecutivo.

- Cuando un criterio de medición se convierte en una meta, deja de ser una buena medida [ley de Goodhart].

- Los resultados de su capacidad de gestión se miden, fundamentalmente, en términos del crecimiento económico que hayan experimentado las regiones a su cargo, la protección del medio ambiente que hayan conseguido, la mejora del bienestar social local, así como la reducción de la corrupción, de la brecha entre ricos y pobres y de la deuda del Gobierno. Estos son los principales indicadores clave de rendimiento (KPI) que el PCCh tiene en cuenta para promocionar a los más válidos a puestos de mayor relieve.

- Decía Henry Kissinger que solo dos Estados en el mundo disponen de un plan a más de cien años vista: China y el Vaticano.

- China graduó a más de 10 millones de licenciados universitarios en 2023, de los cuales más de 1.5 millones son ingenieros.

- China se sitúa en lo más alto del ranking OCDE junto con Singapur, Japón y Corea del Sur.

- En China se celebra cada 10 de septiembre el Día de los Maestros porque ese es el cumpleaños del Gran Maestro Kong (Confucio).

- La película documental Two million minute [Comparando la educación en USA, India y China].

- China es el mayor ecosistema industrial del mundo (único país que integra los 39 sectores industriales definidos por la Clasificación Industrial Internacional Uniforme – CIIU – de las Naciones Unidas), lo cual permite diseñar, producir y servir en su territorio, en muy poco tiempo, prácticamente cualquier producto concebible. Semejante gesta solo es posible cuando un país cuenta con esa diversificación industrial, escala productiva, red logística e infraestructural tan integrada.

- [De Hemingway] España tiene tanto patrimonio que lleva ocho siglos destruyéndolo y todavía le queda

- [De Bertrand Russel] No existe ni ha existido nuna la religión en China […]. Para los chinos la verdadera religión es la de “ser chino”; una especie de religión cívica consistente en sentirte muy bien en tu país, en sentirte muy bien con tu cultura, en sentirte muy bien con tu geografía, con tu música, con tus tradiciones, con los que te precedieron…, en definitiva, en sentirte orgulloso de ser chino.

- [De Goethe] Prefiero una injusticia al desorden.
Profile Image for Miguel Ayuso Rejas.
93 reviews
April 20, 2025
Un libro interesante para los que queremos conocer más a China, lleno de reflexiones interesantes, que a veces podrían haber ido más al grano. Hay capítulos muy interesantes y otros que se hacen más pesados (el que versa sobre la medicina tradicional china resulta, además, abiertamente magufo). El propio autor reconoce que le gusta repetir conceptos, algo que a mí juicio resulta excesivo, sobre todo en el epílogo, que me sobra casi por completo.
Profile Image for Javier Ramalleira.
192 reviews
December 6, 2025
Neste libro Julio Ceballos plasma o seu coñecemento da cultura chinesa tras 20 anos vivindo e traballando aló, extraendo leccións que as sociedades occidentais poderían aplicar aprendendo do incrible progreso da potencia asiática nos últimos 40 anos.

Pese a indicar que se trata de 18 leccións, realmente poderían resumirse en 2: longopracismo, e auténtica meritocracia.

O libro contén moitas anécdotas da vida en China e tamén moitos extractos de lecturas de autores tanto asiáticos como occidentais, e faise así unha lectura cercana e chea de curiosidade, que invita a repensar o xeito de facer as cousas.
Profile Image for Albert Espadaler.
6 reviews
June 24, 2025
Siento mucha admiración por el autor. Creo que disfruté más su primer libro que no este segundo.

Disfruto más la lectura cuando se basan en anécdotas, diálogos o curiosidades en torno a China (y los chinos) a nivel cultural, social, cotidiano, gastronómico, etc. Que no cuando se basa en geopolítica, economía y demás. También siento que dedica demasiado tiempo en justificar el propósito del libro y dejar clara su "posición".

Para mi gusto personal, el mejor libro del autor llegará en formato de novela y no ensayo.
Profile Image for Sergio Hinchado.
200 reviews3 followers
August 16, 2025
Un compendio subjetivo de aprendizajes que acometer por influencia China. Interesantes aunque un poco. El autor se excusa diciendo es un libro sinestesico pero hubiera agradecido algo más de concreción. En suma es un libro interesante con el que seguir profundizando sobre la China moderna.
Displaying 1 - 6 of 6 reviews

Can't find what you're looking for?

Get help and learn more about the design.