UNA TERRORÍFICA Y HERMOSA FÁBULA ECOLOGISTA AMBIENTADA EN CHERNÓBIL
25 años después de la catástrofe de Chernóbil, las inmediaciones del reactor nuclear se han convertido en una zona fantasma, conocida popularmente como “la Zona”, que solo visitan la fauna local y los grupos de exploradores furtivos llamados “stalkers”. Sin embargo, corre el rumor de que los seres humanos no son las únicas criaturas inteligentes que circulan por la Zona.
Fidel Martínez (Arconte, Sarajevo Pain) firma una obra imprescindible de uno de nuestros creadores más personales.
entre tres y cuatro estrellas. Me recordó a la película Stalker, bueno, no creo que sea un parecido casual. Parece homenaje o algo parecido, aunque la peli es mejor. Me ha gustado más el dibujo que el argumento. No me parece excesivamente original, pero sí, el dibujo está muy bien, esas líneas rectas y limpias, los claroscuros, las sombras.
La tragedia de Cherbobyl es algo que aún puede seguir fascinando en ese notable recordatorio del afán humano amenazando no solo su existencia en tantas vidas afectadas por el fatal toque invisible de la radiación. Los efectos en las zonas circundantes al reactor seguirán presentes hasta muchos centenares de años, dejando ciudades fantasmas y flora y fauna transformada... Hace poco tuvimos una prestigiosa miniserie de HBO que trataba en forma de drama en crudo estos eventos. La adaptación televisiva del videojuego Fallout está aprovechando bastante el recuerdo y temor del aún posible final atómico de la humanidad, años antes teníamos una películilla de terror titulada Chernobyl Diaries y incluso el videojuego S.T.A.L.K.E.R. (que conecta a su vez con la obra literaria de : Arkadiy Strugatskiy y Boris Strugatskiy y la película de Andrei Tarkovsky) es referenciada en la trama de este cómic y usado su planteamiento de punto de partida. Con Hijos del Fuego, el artista total Fidel Martínez parece confluir los puntos de sus obras previas que tocaban respectivamente lo histórico y la ciencia ficción. El recuerdo constante del accidente en el reactor nuclear de Chernobyl es un gran telón de fondo para una trama algo más misteriosa y trascendental que se afianza en lo Natural. Un reino que ha quedado mancillado para siempre por esta desgracia humana. Los personajes protagonistas, esos nombrados STALKERS, que se aventuran en las zonas menos radioactivas de las ciudades y bosques circundantes a Chernobyl, empiezan a ser acechados por una misteriosa figura que puede que los sienta como algo más que una amenaza. Sobre todo uno de los hombres, quien vivió y sufrió en sus carnes este desastroso evento, parece que entrecruzará de forma totalmente profunda su trauma y circunstancias con lo que siempre ha habitado en el bosque de Chernobyl y ha tenido que aprender a adaptarse al horror atómico.
Hijos del Fuego se muestra con un estilo de trazo totalmente limpio con el uso del mayor predominio del blanco que se desdibuja cuando lo radioactivo o sobrenatural se hace más palpable en la historia. El juego marcado de sombras también genera una curiosa atmósfera con los personajes y el entorno. Esos edificios abandonados o los bosques raquíticos. Creo que en este apartado Fidel está más que versado y a gusto. Porque ese potencial de curioso relato fabulístico de ecoterror creo que queda muy a desmerecer en una pesada necesidad de sobreexplicación de lo extraordinario que hace perder ese agradecido misticismo telúrico. Al igual de lo potente del impacto del silencio y sugerido en el contundente escenario. No dejando epatar tanto como gustaría.
Hay muchas versiones de recontar el incidente de Chernobyl. Película, libros, videojuegos... El estilo gráfico me encantaba para conectar con la obra de los hermanos Strugatski. Hasta cierto punto, de forma muy breve, contiene esa melancolía de Stalker, picnic extraterrestre, ese sufrimiento humano de la sociedad frente a un evento que cambia nuestro mundo... Pero con un elemento fantástico en lugar de ciencia ficción. Un acierto para el otro eje central: el daño al ecosistema.
Una propuesta diferente, pero con un resultado muy potente.
¿Habéis oído hablar del terror ecológico? También llamado eco-horror, es un subgénero del terror y/o la ciencia ficción (según el enfoque) donde el “miedo” no viene de una amenaza humana o sobrenatural tipo fantasmas, sino de las consecuencias que las acciones de las personas han tenido sobre el entorno: la naturaleza responde. Plagas, desastres naturales, mutaciones… El caso es que la Tierra pasa factura. Y esto es precisamente a lo que nos acerca la historia de Fidel Martínez.
Basándose en la idea de los hermanos Strugatski (posteriormente llevada al mundo del videojuego), Martínez recupera a los Stalkers para convertirlos en las víctimas de esta pesadilla. En este viaje a la zona de exclusión de Chernóbil, un grupo se cuela buscando emociones fuertes y se encuentra con algo mucho más grande, antiguo y más vivo de lo que esperaban. Uno de ellos, Nikolái, arrastra un duro pasado… pero esta vez, la Zona parece tener cuentas pendientes con todos.
El mensaje está claro sin ser excesivamente obvio: la naturaleza no olvida. Y aunque el cómic tiene momentos muy oscuros, también deja espacio para pensar en la posibilidad de regeneración, de que algo nuevo renazca de las cenizas y la podredumbre…
La ambientación acompaña de forma perfecta y, aunque al principio la elección del blanco y negro me pareció arriesgada, el trazo y el estilo impactante terminaron por atraparme como nuestro “villano” a los stalkers.
160 páginas que se hacen muy cortas y que parecen apenas arañar la superficie de una historia más profunda, pero, sin embargo, suficientes para dejar esa sensación de haber estado dentro de algo muy vivo.