Invité dans une résidence pour jeunes écrivains à Saint-Nazaire, un romancier argentin - trentenaire impétueux, grand jaloux et hypocondriaque - entreprend le voyage avec son épouse comme s'il s'agissait d'un séjour touristique. Il ignore à quel point ses vacances vont se transformer en un véritable cauchemar. A peine arrivé, son corps lui joue de mauvais tours un kyste étrange se forme dans son cou et la crème homéopathique qu'on lui prescrit se trouve avoir des propriétés allergéniques. Sa femme, lassée par la France, se réfugie à Londres, et son éditeur français se comporte comme un imposteur invétéré dans des beuveries interminables. Ces divagations le poussent vers un labyrinthe aux miroirs et dans les pièges desquels l'attendent des intempéries, le délire te le crime.
Alan Pauls es Licenciado en Letras y escritor argentino. Sus novelas, ensayos y cuentos han sido traducidos al inglés, al francés, al portugués, al rumano, al italiano, al holandés y al alemán. Además de su labor como autor, Pauls ha enseñado teoría literaria en la Universidad de Buenos Aires, ha trabajado como periodista en el suplemento cultural del diario porteño Página/12 y ha firmado varios guiones cinematográficos. Su novela El Pasado, ganadora del Premio Herralde en 2003, ha sido adaptada al cine por el director argentino-brasileño Héctor Babenco.
Esta historia empezó mal, con un hombre consultando a una homeópata por un quiste. No me gustó y quise dejarlo, pero al ratito volví y me empezó a gustar, después no me gustó más, después sí, después no entendí y creo que no fui yo solamente, creo el personaje deliraba pero nunca supe cuándo. El final es buenísimo y salva los malos momentos. No es mal libro pero no lo disfruté. De Alan Pauls me gustó más su primera novela, El pudor del pornógrafo. Tampoco es una lectura desalentadora, volveré al autor.
Wasabi es de esas novelas que con solo leer las primeras páginas, uno se da cuenta de que no está frente a una lectura convencional. Y este sentimiento se acentúa a medida que seguimos leyendo, hasta finalmente convencernos de que las 160 páginas que acabamos de leer son un completo delirio.
La novela de Alan Pauls cuenta la historia de un novelista al que invitan a pasar unos meses en una residencia de escritores en Francia. Al poco tiempo le diagnosticarán un quiste detrás de la nuca, que irá haciéndose cada vez más grande y molesto. Lo que parece resolverse con una simple pomada será uno de los principales actores a lo largo de la historia. Una historia rara, diferente, inusual. ¿Podría definirse de otra manera una historia en la que la mayor parte del tiempo todo ronda alrededor de un espolón?
Pero este no es el único factor que hace que la historia sea tan distinta. Aunque al protagonista le suceden cosas relativamente normales, como podría serlo un asalto o sufrir una golpiza, estas no son nada comparadas con sufrir períodos de exactamente siete minutos en los cuales está completamente inconsciente, o pasar por momentos en donde le brotan instintos asesinos sin razón alguna, o comprobar que la pomada que le recetaron para el quiste tiene propiedades similares al LSD. Todos elementos bastante extraños, que hacen que esta novela sea totalmente diferente a otras que hayamos leído anteriormente.
Para que ese sentimiento de confusión respecto de las situaciones que se narran se acentúe, a Wasabi se le agrega la gran prosa del autor. Un estilo que se nota trabajado, dotado de una capacidad intelectual que no se ve todos los días. Para disfrutar del todo de él hay que, por lo menos por lo que nos lleve leer esta novela, hacer el papel de lectores atentos, porque una pequeña distracción puede hacernos perder el hilo de lo que se está narrando. Este tipo de novelas, que ya de por sí nos desorientan por lo que plantean, deberían ser enfrentadas con una especie de responsabilidad: ese mínimo de compromiso puede llegar a generar que la novela nos termine gustando mucho; o también puede no gustarnos, pero eso depende pura y exclusivamente del gusto del lector. Pero si, después de darnos cuenta de cómo es el estilo del autor (que ya se nota desde el principio), seguimos leyendo sin esa cuota de "compromiso", será nuestra responsabilidad si después no entendemos nada de lo que está diciendo. Sería injusto echarle la culpa al escritor.
En conclusión, Wasabi es una lectura que no es de las que uno acostumbra a leer habitualmente. 160 páginas que dejan al lector noqueado, sin saber si realmente lo que se narra pasó, o es todo consecuencia del wasabi alucinógeno. Un delirio en su totalidad. Pero un delirio de los buenos.
No es con espíritu peyorativo que digo que me gustó más la sinopsis de la contraportada que el relato en sí. Es que la sinopsis me pareció más coherente y completa mientras que el relato fue como el complemento.
Pauls ciertamente escribe divino, expresa unas imágenes y unas metáforas fascinantes para narrar "...los ojos de la farmacéutica,...., viajaban de la intriga a la sospecha con una única y rápida escala en el desconcierto." Logra transitar suavemente de una realidad mundana y ordinaria al surrealismo del sueño o la pesadilla sin grandes giros pomposos y bulliciosos.
Pero luego, justamente hacia el desenlace, la historia y su correspondiente narración me aburren infinitamente; y el final que debería ser iluminador no hace más que darme un poco de asquito.
No digo que el relato sea malo, sino que no es para mi. Me quedó la impresión de haber leído una especie de tributo o guiño a Trópico de Cáncer - que si me marcó profundamente -.
Al protagonista de esta novela (que es y no es el autor) le pasa de todo durante su estadía en Saint-Nazaire: desde un simple bloqueo de escritor hasta un asalto en el que le roban todo, además de dejarlo maltrecho y viviendo en la calle. Por si eso fuera poco, lo que parecía ser un quiste inofensivo en la base de su cuello se transforma en otra cosa gracias a una pomada homeopática (que sabe a wasabi y parece tener algún efecto psicotrópico). A pesar de todo esto, el narrador jamás se autocompadece pero tampoco se ridiculiza, sino que arma un relato con un humor sutil y muy bien contado. En un momento en que el interés por la autoficción está decayendo, libros como Wasabi recuerdan por qué ese género causó tanta fascinación entre sus lectores.
se hace el poeta y tiene menos poesía q un viaje a Miami. para variar, la historia q cuenta se parece a ese dibujito q había en cartoon network q empezaba "esta historia es real, le pasó al amigo de un amigo..."
Disclaimer: cuando se trata de Alan Pauls no soy imparcial. Con esto me refiero a que no puedo separar escritor y texto. El autor en carne y hueso reconfigura en la distancia mi manera de leer sus libros. Sorry not sorry.
Mal que me pese, su trilogía sobre los años 70 se me hizo muy cuesta arriba pero en Wasabi encontré un bosquejo del Pauls que me gusta y que culmina en El Pasado.
Wasabi es, para mi, una introspección à la Joyce de la vertiginosa vulnerabilidad neurótica del hombre enamorado.
Me gusta su título, su explicación, sus guiños autobiográficos, el final (una joyita que no me permito spoilear) y su prosa (siempre su prosa♥️).
« Qué bella estaba, con qué descansada felicidad se había olvidado esa belleza de tener que gustar. Descubrí al mismo tiempo dos cosas: cuánto la amaba, qué poco necesitaba ella del mundo. »
No es que sea un libro malo per se. Malo, así malo malísimo, mal escrito... No, ponele... Bueno medio que sí. Medio que sí está malo y mal escrito. Pero, por sobre todo, su pecado es ser terriblemente aburrido.
Una narración sobre la nada misma que busca profundizar en el dolor de la existencia y las decisiones, los abandonos, etc. La clase de "trama" que, ya de por sí, es muy difícil de crear sin apelar a Orfeo. Sin caer en cosas como:"-Me levanté, cagué, me serví un café, mi mujer no quiso café, ella nunca quiere café-. En aquella mañana, Adrián Mayita tomó café sin olerlo, era un día sin olor" Claro, ahí ya, como lector, me quiero matar.
Las comparaciones son odiosas, pero si te gustan esa clase de narraciones hay otros escritores que lo hacen mucho mejor. Por citar un ejemplo nacional: Borgestein de Sergio Bizzio.
Pero, volviendo, ya cuando tiras cosas como: "durante una semana viví con el dramaturgo chino en el microscópico departamento que le había prestado un compatriota" O "Vi los dientes de un tenedor marcando surcos sobre un mantel de hule: eso fue todo"
Ya suenan las alarmas, mucho ruido y pocas nueces.
rarísimo, como una película de horror corporal, alucinaciones, sobre las relaciones románticas-sexuales, y con una trama en la que el motivo del personaje principal poco importa y el espolón es un signo que cuesta decifrar, si es que se puede.
Pauls escribe elegante y muy bien, pero este libro es un delirio. Creo que es un poco lo que busca. Es corto, lento y tuve que volver a cada rato para atrás porque me perdía.
No sé bien si hablar de la historia acá... Me quedé con la sensación de que no la había entendido. Me dije, tendré que leer esto de nuevo, porque parece que me perdí. Quizás lo leí muy rápido. Pero no. Viendo otras reseñas, no soy el único. Esta es la historia de un escritor que vive en Francia con su pareja. Le crece un quiste sebáceo. La crema para el quiste, da la impresión, al ingerirse, es como una potente descarga de LSD (no lo sé, especulo). El escritor desea que un artista le haga una portada para su libro. Luego, de improviso, en unos pocos días, y sin que quede muy claro cómo, este muchacho cae en un espiral descendente de tono onírico, como Alicia cayendo por el hoyo del conejo. Gran capacidad narrativa de Pauls, eso es indudable y envidiable y lo único que sostiene el libro, creo, porque esto es como leer la versión escrita del Submarino Amarillo. Da la impresión de que el autor lo escribió en un trip lisérgico o bajo los efectos del peyote. Si hay una historia oculta acá, alguna alegoría escondida, no la capté. Too high.
Hay tantos géneros mezclados en este libro que me costó seguirle el hilo. Vi a Stephen King en el espolón y a Ryu Murakami en el wasabi. Mientras lo leía, no recordaba que pertenecía a un autor argentino, excepto cuando se filtraban palabras típicas como "plata".
Esta novela nos cuenta la historia de un escritor argentino que es invitado a Francia, a formar parte de una residencia de escritores; acompañado con su esposa y considerándolo un viaje casi de carácter turístico las cosas empezar a torcerse de una manera delirante. Ya desde su llegada le nace una especie de quiste sobre la espalda alta, sumado a eso la histeria de su esposa por la vida tan carente de emociones de los franceses, y un editor que no parece tener interés realmente en cooperar llevaran a nuestro protagonista a una cortina de humo y espejos, que sabrá quien en que desembocaran.
Si bien creo que la intención del autor es hacer sentir el lector exactamente como el personaje principal, lo cual creo que es algo que todo libro debe poder generar, en este caso en particular llevan al lector a la confusión. Pauls no se comunica con el lector, lo fuerza a ser parte de la historia llevándolo a situaciones sin previo aviso. Yo en particular tuve que releer en varias ocasiones porque no conseguía unir lo que había leído con lo que comenzaba a leer al comienzo de un nuevo capitulo.
No niego que Pauls tiene una forma de escribir muy elegante y casi poética. Pero siento que entendí más con la sinopsis que cuando empecé a leer la novela como tal. Es como si la obra en si es la explicación de la complejidad dentro de nuestro protagonista en base a la historia que nos cuenta la sinopsis, pero de forma caótica, laberíntica y alucinante. (Este párrafo puede ser tan confuso de entender como el libro en general xD)
Igual, y como he dicho en varias ocasiones no considero que haya "libros malos", sencillamente no era para mí. Un libro corto, algo lento y con constantes va y ven entre lo que lo sucede y lo que siente el protagonista.
No lo tenés que entender, vivila. Pauls nos cuenta la historia de un tipo deforme que realiza un viaje alucinado junto a su pareja por Francia. La narración tiene MUCHOS puntos altibajos, es como un tobogán. Casi todo en este libro es un delirio, o bien del escritor o bien del protagonista.
Frecuentemente no se llega a entender si lo relatado sucedió en la real vida del protagonista o es una alucinación. El paso del tiempo es muy difuso. Todo se envuelve en una nebulosa que Pauls puede disipar siempre párrafos antes de que mi paciencia se agote y abandone el libro para siempre. Es una experiencia en la que "entender" no sirve de nada, hay que seguir adelante y vivirla.
Wasabi parece una mala novela de Cesar Aira. A toda esa capacidad narrativa que expone Pauls le falta una vuelta de tuerca más para que maride bien con las aventuras extravagantes de sus personajes. No deja de ser un lindo ejercicio literario, pero también es sólo eso: un ejercicio literario.
Es un lindo libro para tomar de análisis en un curso de escritura creativa. Es un mal libro para leer por ocio. Es un pésimo libro para introducirse en la obra de Alan Pauls.
Un escritor argentino y su esposa están hospedados en una residencia francesa para escritores. Todo pareciera ser bueno, excepto por una protuberancia que le nace en la nuca al escritor, para luego ser abandonado por su esposa en un episodio de aburrimiento referente a la ciudad. Para colmo su editor le hace pasar malos ratos llevándolo en una espiral de confusión dentro de una ciudad que dejó de ser hospitalaria con el autor.
Sinceramente no supe bien a bien que leí. Llena de un lenguaje hecho para eruditos de las letras se olvida totalmente de la belleza de lo simple. Lo rebuscado de sus frases y sus metáforas extremas, no me hicieron más que perder el hilo de la narración un par de veces.
Leí otras reseñas de este mismo ejemplar y los autores se deshacen en elogios para Pauls. Cómo dije, no debe de ser lectura para mí, porque de plano no le encontré sabor a la historia.
Al chile no lo recomiendo. Básicamente es un escritor que sufre de una mutación en la espalda y se obsesiona con un artista francés al grado de querer matarlo, pero entre uno y otro, sufre varias desventuras todo narrado de un modo muy pretencioso.
En este libro corto podemos encontrar cosas positivas y negativas. Bajo mi punto de vista, completamente subjetivo, las negativas superan las positivas. Por una parte, el autor sabe transmitir sensaciones que cualquier persona podría vivir en su día a día si tiene el tipo de vida que describe. Este libro trata sobre el cliché de la vida bohemia de artistas y autores/as. Además, es capaz de transmitir lo que hubiera pensado una persona de su perfil que pasa por una experiencia así. Por otra parte, a la historia se suman algunos dilemas completamente evitables. A lo largo del libro, en gran parte de este, no queda muy claro qué quiere transmitir al divagar -continuamente-, alejándose mucho de la trama. Se centra mucho en detalles que no parecen aportar nada a la línea argumental (que, también hubiera sido completamente evitable). En resumen, un libro que yéndose mucho de las ramas, sabe transmitir las sensaciones de una vida bohemia, pero, bajo mi punto de vista, se hace extremadamente denso.
« ¿Era el transcurso de los días lo que yo padecía, o más bien el privilegio de ser contemporáneo de mi propia degradación, el testigo de las evidencias que con el correr de las horas iban apartándome de lo humano? Que fueran sólo días no me consolaba; la crueldad vuelve irrisoria cualquier medida de tiempo. Así, pues, transcurrieron días, y a cada minuto sentía adelgazarse la diferencia que había entre mi cuerpo y su herida. El espacio, la ciudad, las distancias se desfiguraban a mi alrededor, se contraían en nudos álgidos y terminaban volatilizándose en el aire como si nunca hubieran sido otra cosa que ilusiones. Es probable que eso sea el infierno: ese aire que sobrevive, intacto, a la desaparición de todas las cosas, y que envuelve como una esfera diáfana el espectáculo de un derrumbe personal».
-Pág. 82 de 'Wasabi’ de Alan Pauls. Una novela a lo Aira, con lo bueno y mala que eso implica. La segunda mitad es mucho mejor que la primera, con mención especial a las digresiones.
Honestamente no sé por dónde empezar, es un libro pésimo. El hilo conductor es muy confuso, no se logra establecer una trama continua.
Los momentos reflexivos del personaje, donde se presentan pensamientos filosóficos o profundos, se pierden por su complejidad teórica y su extensión desmedida. No se trata de leer algo difícil y tener pereza de continuar: estoy terminando la carrera de Filosofía, considero que entiendo como es el oficio de descifrar enigmas y enredos conceptuales. El problema es cuando se pretende utilizar un vocabulario complejo y confuso para dar cuenta de una imagen intelectual y profunda. Eso en mi barrio se llama robar.
Lo que quizás sea una crítica más subjetiva, es que no logré sentir algo por el personaje principal. Entiendo que quizás es la idea, no es un recurso nuevo en la literatura (cualquier novela de Camus o Sartre consta en este punto, el tedio alrededor de los personajes) pero si no se lo acompaña de otros condimentos, una historia atrapante, un misterio, una reflexión profunda, no hay ánimos para continuar el libro. De hecho, es el único libro que no termine.
En fin, me parece muy pretencioso. Planeo leer otros libros del autor para saber si es sólo un fracaso comercial o si simplemente el estilo del autor no es el mejor.
"Sólo hay un arte de las segundas oportunidades, y ese arte es la melancolía, que sólo las concede a condición de que ya sea tarde para aprovecharla" (pp. 151-152)
Antes de leer esta novela, ya había leído otras del mismo autor. Y como gustaron mucho, la empecé (y terminé) atravesado por un prejuicio (de que me iba a gustar también). La novela en sí es corta pero con oraciones complejas (paréntesis largos que van incluyendo otras oraciones hacia su interior) y cada palabra está en su lugar. Si no se lee con mucha atención, se corre el riesgo (?) de tener que volver para entender lo que se está leyendo.
Como otros libros del autor incluye humor, suspenso, monólogos del pensamiento del protagonista.
¿Qué pasaría si tu existencia se basara en abandonar tu suerte a lo que otros decidan? ¿Qué pasaría si dejas que todos a tu alrededor decidan? En esta novela, el protagonista se deja llevar por su mujer, frívola e insulsa; por su editor, un farsante; por sus alucinaciones, que lo llevan al borde del suicidio. En esta novela, el protagonista es irritablemente pasivo. Es una historia que habla sin vergüenza de la abulia de una generación, que expresa el desinterés por cualquier cosa que no sea la autocompasión.
Fluye como la nouvelle vague. Lírica, vaporosa, distante, lustrada. Hasta se escucha el jazz de fondo. Lo más notable es la elegancia que se siente un poco obligatoria de a ratos. Condensa mucho cine, mucha literatura. El tono anímico es pura literatura francesa. Se lee como un Modiano somnoliento. Se permite jugar en los bordes. El editor, el espolón, los irlandeses, la fuga indigente, el cuidador chino, el comportamiento de la mujer, ese Wasabi que es de todo, una condensación onírica. Wasabi es el aleph de Pauls.
En retrospectiva, se podría decir que es una autoficción más, en este caso a lo Levrero, de El alma de Gardel. No es que no haya disfrutado de la cadencia hacia el final, la invocación del nombre de Klossowski funciona bien en su fantasía erótica. Pero la verdad es que me costó mucho trabajo seguir el hilo.
A algunos puede parecerles una prosa con humo y admito que hay pasajes en que flashea un poco, pero que se le va a hacer, me gusta bastante como escribe Pauls y que no tenga cagaso en jugarselá (siempre parece que va anticipando como se la va a jugar por algo un poco bizarro y amo eso)
Es un libro muy tonto. El capital mayor de Pauls es su erudición, pero ninguna de las 118 páginas de este libro demuestran algo más que un intento fallido de trascender. Los mejores libros de Pauls son reescrituras de novelas decimonónicas, Wasabi está demasiado anclado a su tiempo.