Un libro que no defraudará las expectativas de los incondicionales del brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro, y que enganchará a aquellos que no los conocieran.
Lorenzo Silva es un autor comprometido con la época que nos ha tocado vivir y eso lo refleja a la perfección en su última novela. Política, corrupción, blanqueo de dinero… Un libro que resulta cercano, que nos trae una realidad que ya apenas sorprende porque hemos terminado acostumbrándonos a los desmanes de quienes nos gobiernan.
Me gustó mucho el libro ya desde el comienzo, con un Pereira, que desde la distancia, pero también desde la cercanía, cada vez se empieza más a parecer a un desencantando Bevilacqua que ya llega a los cincuenta y comienza a estar de vuelta de todo.
Como en todas las historias precedentes de nuestros protagonistas, nos encontramos que lo más importante no es la investigación del crimen en sí, sino todo el escenario que hay alrededor. La denuncia que hace Lorenzo Silva es auténticamente descarnada, y de hecho, aunque no sea esa la intención del autor, no resulta difícil que muchos de los personajes que van desfilando por la obra nos recuerden a otros que vemos en los telediarios cuando llegan a las puertas de los juzgados embutidos en sus trajes a medida y las gafas oscuras. Pero es que además muestra la enorme mano izquierda -y derecha- que tienen que tener los investigadores cuando hay tantos intereses en juego, cuando las instituciones tiemblan ante lo que se avecina y cuando uno, pese a estar cumpliendo con su deber, no sabe si lo que va a hacer estará bien considerado.
Afortunadamente Bevilacqua y Chamorro consiguen que nos reconciliemos en parte con una sociedad en la que algunos, posiblemente más de los que pensamos, siguen cumpliendo con su deber por encima de todo.
Una lectura muy, muy recomendable.