¿Sacarse una oposición o hacer oposición a un futuro descorazonador?
La narradora de esta novela estudia para consolidar su futuro profesional. Ha conseguido un puesto de interina en una oficina administrativa, y afrontar una oposición parece ser el paso lógico en su carrera. Sin embargo, otro tipo de oposición, la interna, basada en su observación del día a día funcionarial, hace que no lo tenga nada claro. El edificio donde ha sido destinada, tan gigantesco como hermético, es un lugar de jerarquías incomprensibles, que la expulsa al mismo tiempo que la absorbe. Como nadie le explica sus funciones, se ve forzada a improvisar, disimular por vergüenza y registrar su malestar con dibujos y poemas tan desplazados de la realidad como el trabajo mismo. Los funcionarios que la rodean, cada uno con sus particularidades y conflictos, han desarrollado los tics y las manías propios de las rutinas laborales y la obediencia acrítica. Necesitada de vida útil, de pulso verdadero y de juego, la opositora tomará pequeñas decisiones subversivas sin prever sus posibles consecuencias disciplinarias.
A través de una mirada curiosa, ávida y cada vez más desencantada, Oposición describe las trampas de los mecanismos burocráticos no solo para quienes las padecen, sino también para quienes las ponen en funcionamiento. La incisiva Sara Mesa, que conoció el mundo de la Administración por dentro, aborda el relato de la burocracia contemporánea desde la perspectiva de quien se ve atrapado en el tiempo muerto de las tareas inútiles, tratando el problema del tedio y la apatía en una narración brillante, mordaz y de ritmo implacable. Su protagonista, como una heroína azarosa e involuntaria, se enfrenta al peor y más inquietante de los el de cómo nos organizamos en sociedad.
Sara Mesa is the author of eight works of fiction, including Scar (winner of the Ojo Critico Prize), Four by Four (a finalist for the Herralde Prize), An Invisible Fire (winner of the Premio Málaga de Novela), and Cara de Pan (forthcoming from Open Letter). Her works have been translated into more than ten different languages, and has been widely praised for her concise, sharp writing style.
Cuando eliminas "el tema" de un libro, ya solo te queda la literatura. Y eso es justo lo que Sara Mesa ha hecho en «Oposición»: en esta novela no hay un "tema", o al menos no lo hay si entendemos como "tema" las relaciones truculentas que conforman las tramas de sus otras novelas.
De lo que habla esta historia es del día a día de una interina de la Administración que se enfrenta a los sinsabores y sinsentidos del sistema, la burocracia y el trabajo de oficina. Es decir, el tema es la nada, el antitema. Si en otros de sus libros los "no lugares" solían tener un espacio eminente, aquí, además de un "no lugar" tenemos un "no tema".
El hecho que se narra no puede ser más anodino: la típica conversación de lo que habla la gente pesada y aburrida en cuya vida no hay más emocionante que sus asuntos laborales, el típico asunto que haces como que escuchas mientras estás pensando en que tienes que poner una lavadora. Y, como no hay tema, lo que hay es pura literatura.
De esta aspirante a funcionaria no sabemos casi nada. Su vida no es de interés para Sara Mesa, lo que a ella le interesa es su "no vida": el tiempo que pasa delante del ordenador con la mente en blanco, las cosas que se le pasan por la cabeza mientras escucha desayunar a otros funcionarios, las horas que gasta haciendo cosas que sabe a ciencia cierta que no sirven para nada. Y ahí es donde surge la magia: porque no todos, afortunadamente, hemos vivido en primera persona las experiencias truculentas de sus otros libros, pero sí que todos tenemos una vida llena de no vida, de antivida.
La protagonista de esta historia vive en una pesadilla kafiana con catorce pagas y horarios razonables, vive en una jaula de oro que es un privilegio y una tortura, vive siendo una pieza más de un sistema alienante que sabe que está podrido... Y lo hace por dos cosas: porque no le queda otra y porque es lo que le toca, como tantas de las cosas que hacemos cada día. El suyo es un castigo de Sísifo con aire acondicionado y pausas para el desayuno. Sus horas son un catálogo de mezquindades de las que ella es víctima y verdugo.
Con «Oposición», Sara Mesa cuestiona nuestro sistema (su eficacia, su humanidad... y también su inevitabilidad). Porque su protagonista sabe que la burocracia no funciona bien, pero también es consciente de que es lo de lo poco que nos separa del caos. Y, ante ese monstruo informe, solo le queda lo que hace, lo que hacemos todos: resignarnos y dejarse llevar.
«Oposición» es brillante y cruel, es ácido y amargo. Es otro acierto de una autora infalible. Es un recuerdo de que, entre lo que realmente somos y lo que nos gustaría ser, hay un abismo insondable llamado cotidianidad. Soy perfectamente consciende de que no es un libro para todo el mundo... pero, para mí, es una novela de cinco estrellas.
Aun reconociéndole a Sara Mesa el mérito siempre incuestionable del riesgo que toma en todas sus novelas, aquí me he quedado un poco decepcionado.
De inicio me pareció predecible la temática y un tanto trillada de la clase funcionarial española, la cual no escapa de los funcionarios de otros tantos países según creo (el único conocimiento que tengo del tema es a través de la literatura y el cine: "El proceso" de Kafka, o "Vivir" de A. Kurosawa, o aun peor el funcionariado en regímenes totalitarios, o absolutistas, de los que se ha escrito toneladas de páginas).
El arranque se me hizo lento y un poco aburrido, pensé abandonar, y finalmente decidí darle una oportunidad; hacia la página 120 comenzó a interesarme durante unas páginas, y el final se me hizo demasiado literario, tanto el procedimiento sancionador (le llamaremos así para no dar pistas a quien quiera leerla), como el desenlace de la última página, poco creíble, vamos.
Hay dos personajes interesantes y un tanto perturbadores, Sabina: contradictorio y esquivo personaje; pero sobre todo el Jefe de Negociado número dos, me hizo pensar bastante.
"Le obsesionaba la cuestión del tiempo, el que se vende y el que se paga, pero también el que roba el sistema, el que nos arrebata aunque luego no se utilice para nada".
Sara Mesa se estrena con el gris: gris funcionario, gris administración, gris burocracia. Con un tono absolutamente satírico, crítico y mordaz, la autora apuntala sin piedad a una administración que, en su afán de ser lo más garantista posible, se pierde entre expedientes, departamentos, procedimientos y protocolos.
Dinámicas viciadas y sinsentido de un sistema lleno de trámites a menudo absurdos que la protagonista va descubriendo con sorpresa y consternación. Una protagonista un poco extraña (sello de la autora) pero también desternillante.
Lo que pudiera parecer un ataque al funcionariado lo es en realidad a la administración y a su funcionamiento. También a su jerarquía.
Honestamente, me he reído y he disfrutado mucho, tanto que me lo he leído en tres ratitos arañados a una semana absolutamente imposible.
Lo tenéis desde hoy en librerías. No os lo podéis perder.
El ritmo de esta novela es como el de subir y bajar de un tobogán: ascender lentamente por la escalera, disfrutar de las vistas y bajar deslizándose como en un juego. Me ha recordado muchísimo a Nada de Carmen Laforet en la protagonista observadora, pasiva, dejándose llevar por lo que sucede a su alrededor y construyendo su personaje; en la tensión homoerótica, en esas descripciones tan sensoriales…
Las primeras descripciones me recuerdan también a los espacios liminales, casi a las Backrooms. ¿Y el jefe de negociado dos? Es una entidad, es un fantasma… no esperaba yo que la autora utilizara un creepypasta para expresar todo.
La novela es una delicia. Leed siempre a Sara Mesa, me quedan tres obras suyas por leer pero estoy convencida de que no tiene libro malo.
La primera mitad del libro me estaba costando mucho: si algo me interesa menos que el funcionariado son cien páginas sobre cómo se vive siendo una funcionaria.
PERO. Pero no podía dejarlo a medias, porque esta Sara Mesa es muy distinta a la Sara Mesa que conocía hasta ahora (y la que “conocía” ya me gustaba bastante). Esta Sara Mesa es una Sara Mesa nueva: irónica, sarcástica, asombrosa, con un sentido de humor que me tiene enamorada.
Pensaba: dios mío, Sara, ¿por qué no me cuentas algo que me interese más, pero con ese lenguaje mordaz, con ese humor inteligente, con esa sorna?
Y entonces, por ahí en la página cien, me ganó. Ya no podía parar. Siempre me ha fascinado la capacidad de Sara de construir personajes tan humanos, tan de verdad. De tocar las emociones que todos sentimos pero creemos tan nuestras, tan únicas.
Y luego el desenlace, las carcajadas que me salían a borbotones. Los diálogos. El desahogo. La crítica. La empatía. La liberación.
Pues no acostumbro pero creo que la ocasión lo merece, toma 5 estrellas. Me lo he pasado bomba leyendo este libro de Sara Mesa, que por cierto, no había leído hasta ahora nada de ella. Se me ha pasado volando, me ha entretenido y me ha hecho sonreír. No estoy en situación de pedir más cosas a la vida.
ideal para ir leyéndolo en los descansos de estudiar una oposición. si el propósito es agobiar, no lo consigue, es exactamente lo que quiero. cuando trabajaba de administrativa en la privada los tramites también eran eternos y tenía que fingir rellenar muchos ratos muertos, pero encima me pasaba 11 horas fuera de casa y me pagaban la mitad. que llegue ya esa plaza.
¿Es más aburrido opositar o leer esta novela? Sin duda opositar se convierte en una experiencia digna de un parque Disney comparado con la lectura del libro de Mesa, que intenta reflejar el sindiós de la administración pero acaba contagiándose de la desidia y cuando quiere darle algo de ritmo y humor negro a la narración se convierte poco a poco en un quiero y no puedo y encima escrito facilito para lo que suele hacer. En fin, opositen, por lo menos ganarán dinero en vez de perderlo.
me ha gustado mUCHO. me funciona lo que ha querido hacer sara mesa y le aplaudo
no son cinco estrellas porque hay un momento sobre el 30-40% en el que el ritmo se estanca bastante. te quedas parada, pensando "¿esto va a ser así todo el rato?". pero en la mitad del libro, pasa Algo que cambia el tono radicalmente, y siento que es una novela que va muchísimo in crescendo
a alguna gente le parecerá aburridísima y lo sentiré por ellos porque la de capas que tiene el mundo de la administración pública... la falacia de la meritocracia... el crimen que parece ser el hecho de que te De Igual el trabajo...
La protagonista, Sara, a quien llaman Sada por su frenillo, ¿oposita a un puesto en la función pública o se opone a ser un títere del sistema? Mesa nos introduce, ya desde el título, en su mundo literario. No ha desbancado a mi libro “mesánico” por excelencia, “Un amor”, pero es indudable que Mesa sigue construyendo un estilo propio marcado por temas cotidianos que apuntala con su forma especial de mirar. Donde todos vemos monotonía, ella encuentra la grieta moral y ética en la que danzan sus personajes, lo turbio, pero también lo lúdico.
«Dijo: difícil de explicar, pero, sobre todo, aburrido de escuchar».
En la primera mitad del libro crea un contexto de sobra conocido y a priori poco interesante literariamente: el de la burocracia anodina e ineficiente que Larra ya retrató en 1833 en “Vuelva usted mañana” y que en pleno siglo XXI sigue vigente. Sin embargo, Mesa es capaz de hacer lo que Foster Wallace exigía: “describir la monotonía sin ser monótono”.
Pero es a la mitad del libro, cuando nos planteamos cuánto más va a ser capaz de estirar la trama Mesa antes de que se caiga, que pasa algo, algo que, obviamente, no voy a contar para no hacer spoilers, pero que hace que el libro despegue.
Ese “algo” llega sin fuegos artificiales, como suelen llegar los grandes acontecimientos vitales, en silencio, de forma sorpresiva. A partir de ahí hay un antes y un después en la vida de Sara, la protagonista (Sada, como la llaman por su frenillo), pero también en la novela y en nuestra experiencia lectora.
La acción se precipita, ocupa todo, y marca el camino hacia un desenlace que da para un buen debate.
«Buenos días, dijo. La muerte, pensé yo. Más de seis meses desde mi llegada y nada había cambiado lo más mínimo. ¿Nada? Bueno, sí. Yo. Yo sí estaba cambiando».
En definitiva, a quienes os guste Mesa, esta novela os encandilará. A quienes no… creo que “Oposición” no os hará cambiar de opinión.
Sara Mesa se ha lucido con esta tremenda crítica a la administración y a los procedimientos administrativos. A través de su ironía, me ha hecho reír mucho con determinadas situaciones que también he tenido que vivir y que continúo viviendo. Lo mismo con el sistema de oposiciones, infumable. Hay que admitirlo, es para reírse. Si le pongo solo tres estrellas es porque creo que no va a gustar a todo el mundo. Es un poco denso en un principio. Es gris, como el mundo del funcionariado en general. Pero necesario para entender el sinsentido que nos envuelve.
Por fin lo he logrado: he terminado una novela de Sara Mesa con una sensación de satisfacción que pocas veces experimenté con sus anteriores obras. Tras la decepción de Un Amor y la indiferencia que me dejó La Familia, considero que esta novela acierta en muchos niveles. Será que Sara ha dado en la tecla y ha abrazado su raigrambre kafkiana.
Una obra con doble filo
Aunque una de las citas iniciales (inventadas por la propia Sara, por cierto) nos disuade de hacer una lectura literal, como si diera igual si todo lo que se cuenta en la novela es o no real, en manos inadecuadas, esta obra podría convertirse en un arma de doble filo. Sabemos que la existencia de la burocracia se justifica a través de argumentos que apelan a conceptos como la eficiencia, la seguridad jurídica, etc.; pero, en el fondo, lo que se busca y se consigue es una minimización del sujeto frente a la inmensidad del Estado y sus procesos, que les son ajenos y les parecen inexpugnables: nos hacen sentir hormiguillas frente a las pirámides papirológicas de formularios e instancias. El poder omnímodo del Estado. Así, lo que Sara expone resulta casi un vox populi que, en el contexto español, recuerda ciertos clichés acerca del funcionariado, especialmente el administrativo. La novela no se limita a criticar la “casta” funcionarial, evidenciando su supuesta ineficiencia e indolencia, sino que parece abrir la puerta a interpretaciones más amplias. En un contexto global, donde figuras como Elon Musk y programas como DOGE impulsan cambios en el sistema público estadounidense, el texto adquiere una resonancia inesperada. No sé si esa era la intención inicial de la autora, pero en todo caso, consigue trazar una crítica sutil y aguda al funcionamiento de la Administración. Y, por el otro lado, de forma tangencial consigue retratar la absoluta situación de precariedad a la que la empresa privada arroja al trabajador, lo que ha llevado a muchos jóvenes a optar por una plaza en lo público, como es el caso de la protagonista.
Entre atmósfera, personajes y trama
Tal y como argumenta W. Kayser, las novelas pueden clasificarse en tres categorías: la de lugar o atmósfera, la de personajes y la de trama. Oposición de Mesa recorre con soltura estas tres dimensiones:
Atmósfera: La autora despliega con maestría la descripción del edificio y sus espacios, creando un ambiente casi kafkiano donde los absurdos procedimientos administrativos se convierten en protagonistas. La voz narrativa, en primera persona, se asienta lentamente en su nuevo entorno, enfrentándose al extrañamiento de un mundo desconocido. Aquí consigue un 9'5 de 10.
Personajes: Conforme avanzamos, se nos revelan los matices de un elenco peculiar. Dos figuras destacan: Beni, que encarna el alma burocrática con su amor por la poesía y su casi vocación administrativa, y Sabina, quien inicialmente actúa como contrapunto y destinataria de la protagonista para luego evolucionar hacia una especie de adversaria que, en última instancia, posibilita una reconciliación. Diría que esta faceta le vale un 8 o 7'5 de 10
Trama: La evolución de la narrativa se ve marcada por la influencia evidente de El Proceso en la parte final. Aunque, para mí, esta última sección se muestra un tanto floja y el desenlace resulta difícil de asimilar, es innegable que mantener el interés en un contexto tan estrechamente ligado a la burocracia es todo un reto. No obstante, Sara Mesa se defiende con creces, por lo que le doy un 6 de 10.
Detalles que enriquecen la narrativa
Lo que realmente destaca es la habilidad de la autora para pintar a cada personaje con matices ricos y sutiles. Pequeñas tramas secundarias y juegos literarios —como la inclusión de poesía vanguardista y las imágenes evocadoras que salpican las páginas— enriquecen la narración. Estos elementos, aunque sutiles, logran mantener el avance del relato sin perder la cohesión, tejiendo una obra en la que cada hilo parece estar perfectamente entrelazado.
Conclusión
Esta novela se erige como una propuesta sólida y bien estructurada, capaz de sorprender tanto a los lectores empedernidos de la obra de Sara Mesa como a aquellos que se acercan por primera vez a su estilo. Con una crítica incisiva al sistema y una narrativa que oscila entre lo absurdo y lo profundamente humano, la obra se posiciona como una lectura interesante en el panorama literario actual.
He entendido la intención de la autora y, sin duda, aplaudo su capacidad para escribir de forma literaria una trama sin apenas contenido, pero me ha costado un poco engancharme a la historia y disfrutarla. El final no ha acabado de convencerme.
Hay que ser muy genia para convertir el tedio y la monotonía en una novela de más de 200 páginas y que esta no te aburra.
Consigues sentir empatía absoluta con la protagonista y su desesperación ante el hastío que le produce su puesto de trabajo.
Ojalá un final con la prota prendiendo 🔥 al edificio. Wishlist.
“Yo dije que a mí la reputación me daba igual, que a mí lo que me estaba matando era la vergüenza. Pasarme allí un día y otro sin nada que hacer y que la gente a mi alrededor lo supiera.”
lo que más me gusta de sara mesa es que siempre disecciona parcelas de la realidad con palabras agudas, certeras y afiladas. me ha gustado mucho porque tiene razón: la escalera, el sistema, el orden son un sinsentido tedioso de color gris pero al menos nos podemos reír de lo ridículo que es todo
Cuando me enteré de que Sara Mesa había escrito una novela acerca de la administración pública vista desde dentro, pensé, bromeando conmigo misma, «Bien, así no tengo que escribirla yo».
Creo que no sé juzgar Oposición objetivamente, porque mientras la leía estaba todo el rato evaluando su verosimilitud. A ese respecto, puedo decir que algunas cosas me resultaban familiares y otras me sonaban muy raras. Pero esa es la cuestión: la administración pública es enorme y, a pesar de un cierto aire común, contiene muchos micromundos, de los cuales quizás conozcas algunos al cabo de unos cuantos años. Además, de la empresa privada también se puede contar cosas similares. No hace falta aprobar una oposición para desempeñar un trabajo absurdo en su planteamiento, o para tener que llenar la jornada creativamente por tu cuenta porque lo que tienes que hacer realmente no da como para siete u ocho horas calentando el asiento. Es cierto que Sara Mesa trata de pasada el caso contrario, el funcionario que está desbordado de trabajo, pero lo que cala es el tópico del que no da palo al agua. Sinceramente, ya cansa.
La impresión que me queda de Oposición es que la parte de la crítica tiene un peso desmedido con respecto a la parte pura y dura novelística, de ficción. Y esas no son las novelas que más me gustan. (No tengo nada en contra de usar la ficción como instrumento de crítica social. La calle de Ann Petry, que es una de mis novelas favoritas, refleja en toda su brutalidad el racismo y el machismo, y al mismo tiempo es una historia magnífica.)
A que voy yo y escribo mi propia novela sobre la función pública. No, sigue siendo broma. De momento. A lo mejor cuando me jubile.
Cuando empecé a abandonar mis funciones y a redactar los informes de cualquier modo, solo para acabar cuanto antes, sin prestar atención a la exactitud de los datos, ni a la precisión del lenguaje, ni a los formatos tipográficos, ni a las incongruencias ni a nada, hice un descubrimiento terrible: nadie apreciaba las diferencias. El segundo descubrimiento llegó de inmediato, asociado al primero. Una parte de mí se había desgajado irremediablemente de mis actos. Si existía un centro desde el que mirar, yo ya lo había perdido por completo. Hiciera lo que hiciera, un cachito de mí siempre quedaba al margen, abucheando, sugiriéndome insidiosas alternativas, todas contradictorias. Vete. Quédate. Miente. Aprovéchate. Amóldate. Huye. Quémalo todo.
La última novela de Sara Mesa se construye en espiral. Ecos de Kafka (pienso en concreto en El desaparecido) con el personaje del Segundo Jefe de Negociado.
Personaje central y narrador algo patético (trasmiten pathos) en un entorno que no puede entender, comprender y es incapaz de cuestionar.
Mesa nos quiere revelar el sentido oculto de la administración, sus entresijos, sus pasillos y toda la alambicada burocracia que tanto complica la vida de la gente: ¿no podríamos hacerlo más fácil?
El funcionario como una nueva entidad humana, el homo administrativus, cuya mentalidad discurre entre legajos, fotocopias compulsadas, correos electrónicos, tramitaciones, expedientes y una sinfín de jerga administrativa. ¿Cómo nos hemos convertido en eso? Y ¿Quién está al volante de todo eso? ¿Cómo llegamos hasta allí? ¿Por qué la administración es tan compleja y fea?
Mesa nos dice: hay una fealdad implícita en todo proceso administrativo. Y Mesa lo quiere denunciar. Con mucha ironía y sentido del humor. Un humor que roza lo absurdo, el sinsentido, la parodia.
Sada como la versión paródica de Sara. Lástima que la narración no se sostenga y a medio tramo se vuelva algo repetitiva, cansina, pegajosa.
Probablemente mi libro más "cinco raspao" en mucho tiempo. De hecho le doy 3/5 por redondear hacia arriba y no hacia abajo.
Quizá lo más destacable de la obra es que no hay nada destacable. Una imagen del funcionario y de la Administración similar a la que tiene tu amante de las motosierras más cercano (si es que los que aman las motosierras son capaces de tener opinión y no simples prejuicios o, peor aún, intereses personales, pero eso es "difícil de explicar y, sobre todo, aburrido de escuchar"), personajes también bastante manidos y una historia cuyo desarrollo y final se intuyen con bastante facilidad (en todos los aspectos, o al menos así me lo ha parecido).
Además, se agradecería una mayor... ¿concreción? ¿Valentía? ¿Mérito, capacidad? A la hora de abordar temas que sí dan bastante más juego y que solo se mencionan de pasada, como la muy deficiente digitalización de la Administración y los problemas que ello acarrea a mucha gente dentro y fuera de ella, o la hipocresía inherente a todo este aparato que se da en llamar "transparencia pública" (y sus correspondientes Oficinas, Portales, etc.) y que por el momento no pasa de ser una cortina de humo que poca gente utiliza o incluso conoce.
Me ha encantado como casi todo lo que he leído de Sara Mesa. Su prosa tiene una capacidad enorme de atrapar al lector con historias que en cualquier otro escritor resultarían mundanas. Creo que lo que más me gusta de su estilo es la forma que tiene de remontarse a lo universal partiendo de las descripciones específicas, en primera persona, de lo que viven sus personajes "raritos". Por otra parte consigue crear personajes extraños a partir de sensaciones y pensamientos que todo el mundo ha tenido alguna vez, con lo que te deja con esa sensación de extrañeza de no saber si está contando la historia de una lunática o si tu mismo también lo eres.
¿Cómo lo haces, Sara Mesa? ¿Cómo consigues enfrentarnos siempre a nuestra ridiculez sin hacernos sentir culpables? ¿Cómo te revuelcas en nuestra decadencia sin juzgarnos? ¿Cómo es posible escribir así y seguir con tu vida como si nada?
Tremenda gozadera el último libro de Sara Mesa, amigas. Su última novela no va de nada y, a la vez, va de todo, porque nos cuenta la historia de Sara que más que opositar lo que hace es vivir la vida más anodina que un funcionario sevillano que trabaje en Torre Triana (I see what you did there diciendo que el edificio es una tarta) pueda vivir. Y, claro, Sara -autora y protagonista- se aburren en esa Mesa (je) y algo hay que hacer para darle chispa a toda una vida compulsando documentos, ¿no? Cualquiera que haya trabajado en un escritorio podrá verse reflejado en muchísimas páginas y en varias de las mini historias que las recorren, muchas divertidísimas y otras son fiel reflejo de la vida laboral (je je) de querer no hacer ni el huevo para recolectar tu nómina y volver a casa a seguir viendo series. Esas mañanas en esa oficina son Españita al 100% y de verdad qué bien me lo he pasado viendo cómo la opositora comienza a prepararse para lo que acabará siendo el resto de su vida. No lo dudéis porque se lee a la velocidad del rayo y vuelve a confirmar a Sara Mesa como una de las mejores voces que tiene nuestra literatura hoy en día.
Esta novela es sencillamente brillante. Sara Mesa despliega un discurso de tintes kafkianos que ahonda, bucea y saca a relucir indecorosamente los sinsentidos tozudos e inútiles de la burocracia del funcionariado. Si ya en sus obras anteriores hacía gala de un manejo afilado del lenguaje, el estilo que muestra en este texto llega a cotas impecables y pone de manifiesto la excelencia de una autora con una clarividencia excepcional para construir subjetividades y diégesis valiosísimas.
Es necesario poner en duda el sistema burocrático de las AAPP y su sistema de acceso, pero creo que el imaginario del funcionario que no hace nada ya está muy mascado y hace un flaco favor a los que nos dedicamos actualmente a ello.
Como en todo, en esto también se ha evolucionado y el funcionario perezoso y desayunador ya está en peligro de extinción (menos mal).
Dicho esto la novela me ha entretenido, pero sin más.