Fabián se ha vuelto loco! Ha decidido cerrar su empresa, montarse en una moto grande como un tractor y dar la vuelta al mundo durante dos años recorriendo sesenta países. Luego, ya se verá. A ambos lados de la carretera, el intrépido Fabián y la infatigable moto Fefa se encontrarán un mundo en crisis pero hermoso, lleno de contrastes, en el que hay espacio para paisajes inolvidables, seres crepusculares, rostros irrepetibles, gentes generosas, pobres de solemnidad, cielos infinitos y dos o tres encontronazos con la Interpol y las moscas de la caca.
Es un empresario, escritor y viajero español, conocido por haber dado la vuelta al mundo en moto y haber protagonizado proyectos que conjugan el viaje de aventura y la acción social.
Alucinante viaje en el que Fabián te invita a subirte a su moto Fefa a través de sus páginas para atravesar océanos y continentes alrededor del mundo.
Lo he disfrutado mucho y sobre todo este párrafo del epílogo es lo que más me ha llegado.
¡¡¡ SPOILER ALERT !!!
"Escribir es como encajar piezas de un diminuto laborioso rompecabezas. Es como tejer una muselina hecha de palabras y de sueños. Constantemente encuentras piezas que no encajan, pequeños hilillos casi invisibles que han quedado colgando y en el que no habías reparado hasta entonces. Si la mano tiembla al cortarlos, puedes desgarrar la tela. Te domina la euforia y la frustración, el placer y la ira. Tiene un poco de operación a corazón abierto, un poco de ingeniería de palabras, un poco de mentira y otro poco de éxtasis místico. Muchas veces es doloroso, casi agónico, como cincelar piedra que no se deja esculpir por más empeño que pongas.
Sin embargo, desde mi adolescencia, en ocasiones, otra persona toma mi cuerpo y escribe por mí. Al despertar de la hipnosis de la página en blanco, no sé ni lo que he escrito, y tengo que retreparme en mi asiento y revisar con cuidado cada palabra vomitada por mi inconsciente. Es otro viaje al interior de mi mismo, supongo. En ocasiones es aterrador, casi siempre un viaje bello. Viajar y escribir me ha enseñado a explorar ese interior que el tiempo, las cuentas bancarias, los compromisos ineludibles que se pueden eludir con más facilidad de lo que creía, habían ahogado en el fondo de mi propia oscuridad. Por más que lo piense una y mil veces, no encuentro qué puede haber sano en ahogar los sueños. Llegué a Ítaca cuando comprendí eso."