What do you think?
Rate this book


240 pages, Paperback
First published January 1, 1934
“Dime, ¿qué van a hacer con unos hombres que sólo sirven para pelear?” (Pág. 128)
“[…] en el fondo, están mortalmente preocupados: puede que lo pierdan todo. El día de mañana, licenciarán al noventa por ciento […] Nos van a despreciar de verdad […] Inútiles, incapaces, retrasados… Nos van a decir de todo.” (Pág. 187)
“¡Hace tiempo que me quedó claro que se avergüenzan de nosotros, que ya no saben dónde escondernos! ¡Somos mis hombres y yo los que hemos hecho la guerra y la hemos ganado!” (Pág. 226)
“[…] Me río por lo bajo de todos aquellos que tanto han llorado la suerte del último caído en la guerra, del hombre muerto un minuto antes de firmarse el «alto al fuego»… ¡Como si pudiera haber alguna vez un último caído!” (Pág. 248)
“Se quedó porque encontró a una chica […] Y el hombre me suplica que no revele este desfallecimiento de la carne, este brutal despertar del animal que llevamos dentro .” (Pág. 78)
“Se apreciaba que se trataba de un rostro útil, uno de esos rostros que sólo sirven para ver, para oler, para hablar, un rostro que aquella mujer no había mimado nunca, no había cuidado nunca...” (Pág. 256)
“[…] la agarró tan fuerte que la carne del brazo se hinchaba en pálidos rodetes […] El dolor hacía a la mujer más repelente todavía, y las feas tienen que sufrir mucho antes de resultar patéticas.” (Pág. 128)
“El teniente Conan … es un bretón bajito y robusto, de anchas espaldas … gruesos y fuertes brazos, y cabeza tan redonda que parece moldeada alrededor de una bola, y unas mejillas coloradas y relucientes. ” (Pág. 18)
“[…] cuando les adelantabas, oías cómo sonaban las escudillas, las cantimploras y las cartucheras, sacudidas por el temblor de su cuerpo, lo mismo que la vajilla de una casa al paso de un camión pesado por la calle” (Pág. 10)
“[…] llevaba gafas colocadas sobre una nariz de tapir, y tenía una cara larga, de caballo, bastante bobalicona.” (Pág. 196)
“Las rocas diseminadas […] descendían por la vertiente desordenadamente, como las tejas de algún gigantesco techo.” (Pág. 205)
“[…] el coronel tenía los rasgos demacrados de un colonial hepático […] El comandante, calvo, con un mechón negro al estilo de Napoleón.” (Pág. 219)
“[…] exploro con los prismáticos el empapado amanecer, empañado como la luz de un acuario.” (Pág. 243)
“[…] saltaron al pantano, sonando como la zambullida de gigantescas ranas. Los matorrales de cañas se abrieron con ruido de papel arrugado.” (Pág. 247)