Es loable la intención de crear una biografía de Hernán Cortés que no lo ensalce como un semidios ni lo condene como una encarnación del demonio, sino que lo sitúe en su momento histórico y lo mire con un lente neutral. Es algo que el autor se propone y que logra.
Pero...
¿Una "biografía para el siglo XXI", escrita como lo está ésta?
Es un texto estilísticamente mucho más cercano al siglo XIX que al XXI, con un vocabulario que a ratos parece chocante, si no es que arrogante.
¿Por qué decir "óbito" en lugar de "muerte"? ¿Por qué llenar las páginas con gentilicios que, a la postre, resultan confusos, en lugar de usar los nombres de las personas de quien se habla? Se menciona más al "metelinense" que a "Hernán Cortés"; al primer gobernador de Cuba se le llama más "el de Cuéllar" o "el cuellarano" que "Diego Velázquez"... Y en cada página pululan los burgaleses, los emeritenses, los salamantinos, los vallisoletanos, los extremeños y un larguísimo desfile de gentilicios que lo único que realmente dicen es que al autor le gusta usar gentilicios, pero que muy poco logran por hacer la lectura más clara: al contrario, la vuelven confusa.
Hay erudición y un extenso trabajo de investigación, de eso no cabe duda. ¿Pero realmente necesitamos páginas y páginas contrastando y comparando fuentes sobre la fecha exacta de la llegada de la primera esposa de Hernán Cortés a las Américas? Sobre todo si comparamos ese extensísimo fragmento sobre un dato más o menos irrelevante con el escuetísimo (vamos, casi inexistente) texto que resume toda la expedición de Cortés a Honduras a apenas un par de líneas, en las que "el metelinense" ni siquiera es el foco de atención...
Claramente a este libro le hizo falta el ojo de un buen editor. Es una lástima...