Manu regresa como profesor al instituto donde estudió en los años 90 tras una excedencia que ha aprovechado para escribir y dibujar la novela gráfica de su época adolescente. En ese viaje de vuelta se enfrenta a dos tiempos vitales: el ahora, una lucha necesaria; y el ayer, un territorio difícil en el que perdonarse a uno mismo y asumir que nuestros errores, sobre todo los que cometimos cuando tuvimos 15 años, son parte inevitable de esta asignatura siempre pendiente que es vivir.
He de reconocer que me ha interesado más la innovación formal de la obra que la historia. Creo que no he terminado de conectar con el Manu profesor. Eso sí, la delicadeza de la novela gráfica y la interconexión entre la prosa de Nando y el arte de Nicolás justifican de sobra la lectura.
Voy a dejar de poner estrellas porque, cada día, me es más difícil puntuar y, francamente, prefiero quedarme con esta breve reseña y con la sensación tras la lectura.
En este libro vamos intercalando el pasado y presente de Manu, que vuelve a dar clase en un instituto tras una excedencia que creía que le ayudaría a lanzar su carrera como escritor. Lugar donde, de joven, sufrió bullying y tuvo que esconder su condición sexual.
Eran otros tiempos, sin referentes, pero la cosa no ha cambiado tanto. Sigue habiendo alumnos que se esconden por miedo al que dirán, porque aunque el mundo sea muy grande, cuando tienes 15 años todo tu mundo es el instituto y quienes hay ahí.
Esta historia nos habla de evolución, resiliencia y valor. Del esfuerzo que hay que hacer muchas veces para reclamar el espacio que uno merece en la sociedad, en la vida y a ser tratado con el respeto que corresponde como una persona.
Me ha encantado como escribe el autor y el mensaje que transmite. Ha sido una historia muy bonita aunque haya tenido momentos duros pero necesarios.
¿Qué encontrarás en esta historia?
📚 Representación LGTBIQ+ 📚 Consecuencias del bullying 📚 Amistad 📚 Crecimiento personal 📚 Resiliencia 📚 Páginas de cómic
Sin duda es un libro que recomiendo a todos los públicos pero sobre todo, debería estar en los colegios. El respeto y la tolerancia hay que aprenderlos desde pequeños, eso marcará la diferencia cuando seamos adultos.
Ha sido una lectura sencilla, y he de destacar que me ha gustado mucho la combinación entre texto y comic, en el que con los dibujos se viaja al pasado; es una gran forma de representar los flasbacks.
Sin embargo, todos los personajes han sido muy planos, no me he encariñado con ninguno, por ello. También creo que ha sido porque pasaban muchos eventos y escenas sin profundizar en los temas que realmente se querían explorar. El final ha sido agridulce además de dejarme insatisfecha, ya que esperaba un mayor desarrollo del tema principal.
Igualmente me quedo con el mensaje que quiere transmitir de perdonar y aceptar tu pasado y tus experiencias. Además de dar solidez al pensamiento de que los momentos simples generan una gran felicidad y que siempre van a permanecer en nuestro ser.
Me leí este libro porque mi profesora de lengua me lo presto, y veo que para un libro que va sobre adolescentes faltan reseñas de adolescentes. Así que voy a contaros mi opinión como una adolescente de 15 años en un par de meses, que forma parte de la comunidad LGTBIQ+.
“Teníamos 15 años” ha sido mi libro favorito entre todos los libros de Nando López que he leído (que gracias al plan de estudios de mi colegio no han sido pocos). Esto se debe a la inclusión del cómic que me ha parecido una manera muy creativa de incorporar flashbacks. Además el cómic en sí mismo está muy bien hecho artísticamente, con dibujos muy bonitos. Ha habido algunas reflexiones que me han parecido interesantes, como la que se presenta en la página 126 sobre la adolescencia. Mi capítulo favorito ha sido el último ya que es el que más dice en todo el libro.
Aunque tenga sus puntos fuertes también me ha dejado mucho que desear. Lo más importante es que no he conectado con la historia y esto se debe a dos razones principales. La primera es que los personajes que no son Manu son increíblemente planos y apenas hay alguna razón por la que querer saber qué les pasa. La historia tiene un mensaje muy claro: Tienes voces que podéis y debéis utilizar para luchar por lo correcto. Y de ahí viene mi segunda crítica, que en muchas partes no me ha parecido una historia con un mensaje si no que me ha parecido una serie de eventos para contar el mensaje. A veces tenía la sensación de estar leyendo una hoja de propaganda, y no es que sea que no esté de acuerdo solo pienso que está mal incorporada.
Una última cosa que quiero comentar que puede que sea algo quisquillosa es que de vez en cuando decía algo como: “Me daba grima o como dirían ahora cringe.” y ponía los ojos en blanco cada vez que decía algo así. Pero eso es como una maldición que no se puede evitar si lees libros de adolescentes escritos por adultos que ya pasan de 40 mínimo.
A lo mejor estoy siendo muy crítica o una hater como diríamos ahora.
La última novela de Nando López, Teníamos 15 años, en colaboración con el ilustrador Nicolás Castell, que ejerce de contrapunto narrativo con sus brillantes viñetas, es una invitación a zambullirse en el río de Heráclito para comprobar que todo parece repetirse, pero que nunca serán las mismas aguas ni las mismas experiencias las que nos envuelvan. Teníamos 15 años es una novela que rinde homenaje a una generación que tiene hoy entre 45 y 55 años, una generación que tiene muy buena memoria para el ocio, la música o el cine de los maravillosos 80 y 90, pero muy mala memoria para los horrores de una sociedad a la que le faltaban varias vueltas de microondas. La nostalgia selectiva que enaltece aquella época, también en lo educativo, deja de lado el machismo, la homofobia y el casticismo más tóxico de una generación anterior que todavía no se había sacudido de los vetos y prejuicios del franquismo.
Pero, al margen de esos guiños a una generación encantada de conocerse, tenemos también el aviso a navegantes para la juventud actual. Ese viajero en el tiempo que revive ahora como docente su época como estudiante va a comprobar que el río de Heráclito todavía arrastra maleza que creía extinguida. Maleza en los actos de los jóvenes de ahora y en la herencia de sus padres que parece perpetuarse como la mala hierba.
Estamos ante una novela breve, muy bien armada en dos tiempos y en dos modos de contar historias que confluyen, con unos personajes con los que es fácil completar los silencios y con un mensaje siempre claro (como en toda la obra de Nando López): ni las convenciones sociales ni las ideologías políticas o religiosas pueden estar por encima de lo que somos y de lo que amamos. Por eso vale la pena darse siempre el chapuzón en sus libros.
Nando nos presenta en esta novela a Manu, un alter-ego que fracasa en su intento de dedicarse a algo artístico fuera de la docencia. Regresa a las aulas y, casualmente, al centro donde estudió. Por supuesto, nada es como antes, pero no siempre las cosas han cambiado a mejor... enfrentarse a la adolescencia será el reto principal que tendrá que vivir el protagonista, pero estos adolescentes deben enfrentarse a algo todavía peor: la pérdida de los espacios comunes en el barrio, la desidia, la falta de confianza en el futuro.
La obra entrevera la redacción del punto de vista de Manu desde su presente con fragmentos de su pasado realizados en forma de novela gráfica por Nicolás Castell, una obra de arte en sí misma con unos dibujos deliciosos llenos de guiños y detalles. Con un punto de vista objetivo encontramos la adolescencia del propio Manu, sus fracasos, sus ilusiones, sus relaciones...
Teníamos 15 años de Nando López es una novela que intenta mostrar la realidad de ser adolescente, con sus dudas, problemas familiares, la presión social y la búsqueda de la propia identidad. La historia tiene temas actuales y necesarios, como la diversidad y la amistad, y se lee de forma ágil gracias a su lenguaje cercano. Sin embargo, a mí no logró engancharme del todo porque sentí que los personajes no están tan bien desarrollados como podrían estarlo. Algunas situaciones parecen poco creíbles o muy típicas, como si repitieran estereotipos que ya se han visto en otras historias juveniles. Creo que podría haber profundizado más en las emociones de los personajes y en sus conflictos para que conectaran mejor con el lector
Volver al Insti; a sus clases; a esa línea en valenciano compartiendo cuatro años de mi vida con mis compañeros; volver a los inicios de grandes amistades que todavía me acompañan en el tiempo; volver a llevar corsé por culpa de una escoliosis en la espalda; volver a sentir de forma directa o indirecta el bullying y acoso por mi voz o expresión corporal; volver a ese intento de suicidio. No todo fue malo o al menos quiero acordarme de lo bueno. Todavía no sabía que lo peor estaba por llegar. Ahora si he vuelto al Insti pero agarrado de la mano de “ Teniamos quince años” y su autor Nando Lopez. Gracias a sus referencias, a sus palabras conseguimos enfrentarnos a los fantasmas del pasado y salir por una vez vencedores.
escuchamos la presentación del escritor y lo compré! muy chuli y original, mezclando capitulos de comic con capitulos narrados y cambiando de tiempos. me gustó bastante y la presentaccion me inspiró mucho.
a 2 de febrero me he acordado de que leí esta libro y el comic tierra yerma, por lo que finalmente CUMPLI MI CHALLNGE DE 2025 DE 5 LIBROS WIII que han sido bastante de mentira y en total habré leído como 500 palabras? sí, pero no pasa nada. Este año más y mejor (6)
Una lectura corta con una historia sin mucho desarrollo. Los temas que trata el autor siempre son importantes y posiblemente este libro pueda acompañar a personas que vivan experiencias similares, pero es más un texto de los que irían en una antología junto con otros más que una novela/cómic al uso.
Un libro ligero y fresco que mezcla una historia antigua en cómic con la actualidad narrada. Marcada con el sello de Nando, tratando temas como siempre importantes y con una pluma entretenida y que siempre deja marca. Se me ha hecho muy corto.
Alterna cómic y texto; y pasado y presente. Escrito para adolescentes, pero también como recuerdo y crítica a los prejuicios y maltratos contra los diferentes, ayer y hoy. Se lee muy rápido y es sencillo y directo.
A mí me ha gustado mucho. Conociendo a Nando, quizá sea su libro más personal: lo encuentras por sus páginas, sonríes por esos guiños, te pones triste con ese sufrimiento que marca tantas vidas desde la adolescencia y te reconcilias con el mundo al ver el cariño que ha puesto en su nueva novela para seguir dando voz a los personajes, con esa mirada nostálgica de lo que fue y lo que es el hoy. Una simbiosis perfecta entre el cómic y el ritmo rápido de una historia casi dialogada para que el ritmo no decaiga... Actual, reivindicativa, que despierta la empatía... la recomiendo. Y es que en mis 15 están todas esas canciones, esas pelis del video club, ese barrio y esas ganas de comerte el mundo y que pasaran deprisa esos años al mismo tiempo, porque, ¿quién no ha sufrido en su adolescencia? Gracias por tu nueva novela. ;)