El libro de relatos The Stories of John Cheever fue publicado en Estados Unidos en 1978 y alcanzó de inmediato un gran éxito de ventas, pero también significó el definitivo reconocimiento de la crítica, consolidó su merecido puesto entre los grandes narradores estadounidenses, y le valió al año siguiente el premio Pulitzer y el National Book Critics Circle.En Relatos 1 se incluye también el prólogo que el propio Cheever preparó para la edición antes citada. El autor ser refiere a sus narraciones en estas «a veces parecen historias de un mundo hace tiempo perdido, cuando la ciudad de Nueva York aún estaba impregnada de una luz ribereña, cuando se oían los cuartetos de Benny Goodman en la radio de la papelería de la esquina y cuando casi todos llevaban sombrero. Aquí está el último de aquella generación de fumadores empedernidos que por la mañana despertaban al mundo con sus accesos de tos, que se ponían ciegos en las fiestas e interpretaban obsoletos pasos de baile, que viajaban a Europa en barco, que sentían auténtica nostalgia del amor y la felicidad, y cuyos dioses eran tan antiguos como los míos o los suyos, quienquiera que usted sea. Las constantes que busco en esta parafernalia a ratos anticuada son cierto amor a la luz y cierta determinación de trazar alguna cadena moral del ser.» Estos relatos, presentados en dos volúmenes, constituyen uno de los textos fundamentales de la literatura del siglo XX. Una auténtica obra maestra hoy desaparecida de las librerías españolas y cuya publicación tendrá sin duda una gran repercusión entre la crítica y una excelente acogida entre los lectores.
John Cheever was an American novelist and short story writer, sometimes called "the Chekhov of the suburbs" or "the Ovid of Ossining." His fiction is mostly set in the Upper East Side of Manhattan, the suburbs of Westchester, New York, and old New England villages based on various South Shore towns around Quincy, Massachusetts, where he was born.
His main themes include the duality of human nature: sometimes dramatized as the disparity between a character's decorous social persona and inner corruption, and sometimes as a conflict between two characters (often brothers) who embody the salient aspects of both--light and dark, flesh and spirit. Many of his works also express a nostalgia for a vanishing way of life, characterized by abiding cultural traditions and a profound sense of community, as opposed to the alienating nomadism of modern suburbia.
Si tuviera que citar corrientes en las que han influido las historias de John Cheever, yo diría que una de las más claras es la serie Mad Men porque leyendo ahora los cuentos no paro de acordarme de Don Draper y su esposa Betty, esa ama de casa continuamente insatisfecha y aburrida y que encarna a la perfección el ideal del sueño americano de la perfecta ama de casa pero llegado a un punto también expresa un malestar y un vacio interior, que también la empareja con Betty Friedan y su "Mistica de la Feminidad". Y por otra parte, Don Draper es el perfecto personaje cheeveriano, eternamente insatisfecho; todo ese ideal del sueño americano (que se basa en las apariencias y en un consumismo exagerado, no por menos Don Draper es un ejecutivo de publicidad) tanto en Mad Men como en los relatos de John Cheever no son más que la búsqueda de algo que no saben qué es y que por supuesto no van a encontrar en esas urbanizaciones barnizadas de irrealidad. A continuación, mis reflexiones en torno a los relatos:
Decidí dividir este volumen en dos reseñas dado que sus cuentos son jugosos y me gusta comentarlos uno a uno y realmente de lo contrario se hubiera convertido en una reseña interminable. John Cheever en sus cuentos siempre le da vueltas a lo mismo: primordialmente gente infeliz, alienada, descontenta con su vida e incluso el consumismo exacerbado que les rodea, de alguna forma aumenta esa insatisfacción. John Cheever debió ser un hombre infeliz, quizás la mejor forma de averiguar si lo fue, sea leyendo sus Diarios, pero lo fuera o no, lo importante es que nos dejó unos cuentos que son una radiografía de su generación: el perfecto american way of life, no era lo que parecía ser y Cheever se encarga bien de reflexionar acerca de ello.
Sus cuentos hablan de apariencias, de cómo aparentar perfectamente lo que no eres o lo que no sientes y sin embargo cuando te quedas a solas, esa insatisfacción puede matarte de tristeza y de soledad. A continuación un esbozo rápido de sus cuentos.
“…pasó las últimas horas de oficina asomado a la ventana, sumándose al vasto número de los torpes y los aburridos — el barbero que está mano sobre mano, el empleado de la tienda de antigüedades en la que nunca entra nadie, el agente de seguros desocupado, el camisero arruinado —, a todos esos millares de personas que contemplan desde las ventanas de la ciudad cómo transcurre la tarde. Una imprecisa condena parecía amenazar su bienestar, y no lograba recuperar su dinamismo, su sentido común…”
Estoy segura que revisitaré estos relatos durante toda mi vida lectora. Una gran compilación, coronada por un posfacio de Rodrigo Fresán que fue un lujo leer, y tomar apuntes. Háganse un favor y lean a Cheever. Al decir de Fresán: "...sus cuentos -entendidos durante mucho tiempo por crítica y lectores como viñetas amables e inofensivas ocasionalmente teñidas por el rubor de una sátira nunca demasiado violenta- funcionaban, en realidad, como cargas de profundidad en las páginas de una revista tan elegante como aparentemente inofensiva, por siempre respetuosa y hasta celebratoria del american way of life. Así, Cheever -moralista desenfrenado, cristiano optimista, sombrío comediante, forense en vida y sin anestesia de toda una clase social, pecador virtuoso, puritano gentil y el más straight de los amantes homosexuales- enhebraba ficciones que podían parecer caricias, pero que, en realidad, mordían la mano que le daba de comer. Y, es pertinente aclararlo, sus relatos mordían y siguen mordiendo más con amor que con odio. Y la marca de sus dientes no busca la amarga condena, sino por el contrario, contagiar la amable rabia de una agridulce redención..."
Como en todas las colecciones de relatos el nivel es desigual, brillantes como El nadador junto a otros más prescindibles. Magnífico retrato de la clase media norteamericana.
Cheever construye relatos de erráticas e infelices parejas escupiendo con convicción su manifiesto e hiriente odio, casi patológico, hacia ellas. Náufragos vitales con nostalgia afectuosa perdidos en la cotidianidad que acaban obteniendo la redención a través del deseo vedado.