Otro libro brillante de Steiner. El más erudito de los sabios, el más sabio de los eruditos, el más cosmopolita de los humanistas europeos, George Steiner. En esta ocasión la reflexión gira entorno a la idea de Europa, un tema que sólo pensadores enciclopédicos como Walter Benjamin, Karl Kraus, Edmund Husserl, Immanuel Kant y George Steiner, entre otros pocos, han abordado sin incurrir en un acto temerario. Se trata de un problema fundamental para la cultura occidental por ser Europa como entidad histórica, filosófica, estética, económica y geopolítica el espíritu de Occidente. Sin embargo, opino que es fundada la acusación habitual de eurocentrismo que se esgrime contra Steiner. En cualquier caso, para Steiner Latinoamérica no tiene ninguna relevancia en el mundo. Por supuesto, no es el caso de América del Norte, Estados Unidos en particular, que se ha apropiado de la denominación América como si no hubiera nada al sur. En parte es cierto, en parte no. Pero esa es otra discusión. En este libro breve pero intenso, Steiner ensaya un identikit de Europa, trata de aislar sus marcas históricas y desde allí proyecta conjeturas sobre el futuro de la cultura, la política, la estética de Occidente. Son cinco los rasgos que pasaron la destilación de la idea de Europa según Steiner. Primero, los cafés parecen tener una gran importancia en la vida intelectual, histórica y política de Europa. En los cafés europeos se ha pensado, se ha escrito, se ha conspirado. Segundo, la geografía de Europa permite recorrerla a pie. Se trata de una geografía a escala humana. Tercero, las calles y plazas europeas generalmente llevan el nombre de personajes de la cultura. No ocurre como en América -léase Estados Unidos- donde las calles se numeran o llevan nombres de árboles, como tendencia general por supuesto. Cuarto, el origen histórico de Europa que configura su identidad está en Jerusalén y Atenas, la fe y la razón. Quinto, Europa está destinada a perecer, padece de Geschichtsmüde, algo así como cansancio histórico por tanta guerra y hambre mezcladas con desarrollos asombrosos de las ciencias y las humanidades. De este diagnóstico deriva Steiner una visión pesimista del futuro. Si bien deja una minúscula luz de esperanza en las minorías intelectuales, su perspectiva es fuertemente apocalíptica. Creo que tiene razón, aunque se trata de una postura muy conjetural. Me parece interesante que la lectura de Steiner generalmente asombra e irrita, pero de manera selectiva. A todos o casi todos nos irrita leerlo, pero por distintos motivos. A los no europeos nos irrita su eurocentrismo, que es una forma de miopía intelectual -es imposible temblar al acusar a Steiner de una limitación cultural-. A los europeos les irrita su admiración ambivalente por Estados Unidos. A los integrados les molesta que sea apocalíptico. A los apocalípticos les parece poco conservador. A los humanistas les molesta que respete las matemáticas -ciencias para las que se confiesa poco dotado, pero de las que comprende muy bien su epistemología-. A los científicos les molesta que no sea un científico y hable de ciencia -como humanista- y también su admiración por Heidegger. Esto es maravilloso. Steiner es un tábano socrático. Sólo un ensayista genial y arbitrario a la vez puede producir semejante fractal de irritación. En síntesis, La Idea De Europa es un librito magnífico al mejor estilo Steiner.