Ignorada, despreciada, maloliente, vista con repulsión por quienes se cruzan con ella, Otilita o La bruja de las tijeras, como la apodan por su testarudez como vendedora y su soliloquio desquiciante, entre recuerdos de un viejo y necio amor que sólo le trajo desventura y una voz interior que la atosiga con recuerdos, apenas sobrevive en los últimos límites de la indigencia.
Pero hasta a los olvidados de la suerte les puede cambiar el destino; a ella le llega esa posibilidad a través de un boleto para un sorteo inverosímil: el ganador se llevará una casa, autos, dinero y, lo más importante, la posibilidad de soñar con otra vida.