Sangre Negra, El Cazador, El Muerte, es un humano temido por la comunidad vampira por su sangre fría a la hora de deshacerse de ellos. Pero fría no es lo único por lo que se caracteriza su sangre. Algo en ella los atrae, y en especial, al jefe del Clan. Cazador y presa, sin estar muy claro quién es quién, se verán envueltos en una lucha de poderes para salvaguardar cada uno a su propia raza, a la vez que deberán enfrentarse a la lucha interna de ellos mismos.
Con más de treinta años a mis espaldas, llevo enamorada de la literatura erótica desde que empecé la veintena. El primer libro que me inició en el delicioso mundo del erotismo escrito fue El amante de Lady Chatterley. Fue tal mi pasión por este tipo de novelas, que di un salto considerable al leerme el segundo: Las edades de Lulú.
Tras éstos, siguieron un gran número, mezclando todo tipo de géneros: policíacos, misterio, ciencia ficción, hasta que me topé con la literatura fantástica. La mezcla de erotismo y fantasía ha hecho que, muchas de mis tardes, viviera en distintos mundos que sólo los sueños te permiten.
La homoerótica llegó a mi vida ya con la treintena. El deseo, el amor, la pasión, el sexo… es generoso y exquisito en todas sus vertientes: Hombre – Mujer, Hombre – Hombre, Mujer – Mujer.
Con un gran número de novelas y relatos plenamente disfrutados, decidí plasmar con palabras las imágenes e historias que aquellas tardes de sofá y apasionada lectura implantaron en mi sensual mente.
Varias novelas homoeróticas de propia creación tengo en mi haber, aunque, desde las primeras líneas de El amante de Lady Chatterley, sé que la palabra erótica es sólo una parte de mi sentimiento literario. Siempre he sido seducida por un explícito erotismo, donde todo se siente y nada se censura.
Falta profundizar más en los personajes, en la trama principal y secundaria para que no parezca una sucesión de escenas homoeróticas. No le he pillado el punto, sobretodo comparándolo con otras sagas similares de autores consagrados.