Otro libro al que llegamos por las lecturas obligatorias de mis estudiantes de refuerzo. En ese sentido, creo que voy a separar en dos mi opinión.
En primer lugar, la historia. Me pareció bastante bien. Conocemos a María y a su padre, quienes se mudan desde España a Bolivia, algo que la niña (de unos 13 años de edad) no encuentra para nada agradable. El personaje principal narra en primera persona y en ese sentido su punto de vista es muy subjetivo. Eso creo que es interesante, es una de las magias de la lectura: poder meter en nuestra cabeza razonamientos que no son propios y que tal vez no tendríamos o no compartimos. Por supuesto que la forma de pensar de María (sobre todo al inicio de la historia, lo cual tampoco es un dato menor) con relación a la nueva ciudad y su gente, es cuestionable. Es justamente SU forma de pensar y es el conflicto de la trama. No significa que la autora, ni tampoco un lector promedio, piense así. Pero, de esa misma forma, puede haber mucha gente (y, lamentablemente, de hecho la hay) que sí comparte las ideas de María, que sí pueda sentir simpatía con sus razonamientos, y que (ojalá) también puedan atravesar las reflexiones que la niña tiene para poder crecer en su empatía con otros y ampliar su visión del mundo. Porque la misma historia también ofrece una voz opuesta, que a su vez se sorprende de la forma de vida que María tiene, y de su forma de hablar, y de sus ropas o costumbres. Pero, creo que hay otro problema que me atravesó al trabajar con este libro y tiene que ver con la segunda parte de mi opinión.
El libro fue publicado en 1996 y se nota. Ni la realidad de España ni la de Bolivia son las mismas que hace casi 30 años. Entiendo los motivos que pudieron tener quienes lo eligen como lectura obligatoria, siendo que puede servir de disparador para trabajar temas relacionados al racismo, la xenofobia, las culturas latinoamericanas, diversidad e, incluso, sobre economías agrícolas y cultivo de papa (entre otros miles de temas). Pero creo que la forma de hablar de los personajes, las situaciones en las que se encuentran y los problemas sociales, están desactualizadas. Se me hizo difícil llegar a tratar los temas centrales cuando mi estudiante (que ya de por sí, no tiene mucho interés por la lectura) no se sentía relacionado para nada con ninguno de los personajes y por lo tanto no podía internalizar nada de lo que estaba pasando. Desde el sistema académico, se nos intenta situar desde la "vereda" de María, pero ella es una niña que habla como adulta, que lleva fotos impresas de su madre y del chico que le gusta en un monedero, y que le escribe cartas a su amiga que vive al otro lado del océano. Y, por otro lado, si intentábamos ponernos en la voz de Casilda (más cercana a nuestra realidad, tanto desde la geografía hasta desde la comunidad cultural) tampoco lo lográbamos porque no se ajustaba a la realidad de la juventud boliviana y las problemáticas de esa sociedad.
Creo que es una buena historia para alguien que ya tiene un bagaje lector y para sumar a otras lecturas sobre estos temas. Pero también pienso que es un buen ejemplo para pensar en la importancia de actualizar los programas académicos que están formando a las nuevas generaciones en un mundo que cambia a una gran velocidad. Sobre todo en lo que a lectura refiere, donde se suma el trabajo extra de acercar a la persona al universo de la literatura, captar su interés. Que algo nos haya ayudado a reflexionar ciertas cosas hace 20 años, no significa que pueda seguir haciéndolo ahora. Y lo mismo para los temas que a los jóvenes le llamen la atención y que quieran leer sobre ellos.