Si incluyéramos dentro de la dilatada obra de Borges buena parte de las entrevistas que dio —y que le permitieron seguir «escribiendo» ensayos cuando ya no los escribía en papel—, se comprobará que las menciones a las bibliotecas son muchas más que las presentes en sus ficciones y poemas. Interesa acá recordar una donde manifestó que «ordenar una biblioteca es una manera silenciosa de ejercer el arte de la crítica». La frase, desde que fuera pronunciada por primera vez, ha recorrido hasta hoy un largo trecho, asociando al criterio de orden una naturaleza del todo subjetiva y personal que les confiere su esencia a nuestras bibliotecas particulares. Y, en buena medida, de este tipo de orden trata el presente volumen.
Con estos antecedentes y mi propio agobio, me he propuesto preguntarle a un breve número de escritores, críticos, historiadores, sociólogos y científicos de Argentina, Colombia, Chile, España y México, todos poseedores de importantes bibliotecas, por sus propios sistemas de ordenamiento. Confieso que mi curiosidad, si bien auténtica, también es interesada. Sin embargo, el resultado, como podrá leerse en las páginas que siguen, es francamente curioso y, a mi modesto entender, por momentos fascinante. De hecho, incluye todo tipo de estrategias que suman a la autobiografía la reflexión sobre el papel que los libros desempeñan en nuestras vidas, que plantean las tensiones entre el espacio público y el espacio privado, que se ocupan de la hipotética desaparición del problema con la desaparición de los libros y que avizoran los nuevos inconvenientes que nos deparan otros sistemas de transmisión del conocimiento. Quisiera entonces concluir estas palabras preliminares con una pregunta dirigida al lector de estas páginas: ¿en qué sector de su biblioteca va a ubicar este libro?
Jorge Fondebrider es un poeta, ensayista, traductor y periodista cultural argentino.
Ha colaborado con los principales diarios y revistas de su país, así como en un importante número de publicaciones del exterior.
Entre 1986 y 1992 fue secretario de redacción de la revista Diario de Poesía, cuyo consejo de dirección integró durante los primeros diez años de existencia de la publicación.
Desde el 2002 hasta 2006 se desempeñó como coordinador de eventos y publicaciones del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires.
Entre 2006 y 2014 colaboró de manera permanente escribiendo una columna mensual para el Periódico de Poesía, de la Universidad Nacional Autónoma de México, integrando asimismo el consejo asesor de la publicación.
En 2003 recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia por servicios prestados a la cultura francesa.
En 2009, junto con Julia Benseñor, creó el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, desde hace trece años en funcionamiento.
Lo leí en 2014 y recuerdo que me gusto porque era un tributo a los libros. Tiene nombre de manual de bibliotecario, pero lo que menos se encontrará es una respuesta a cómo ordenarlos. Son anécdotas sabrosas de amantes de los libros y su constante batalla por los espacios.
Este libro me lo prestó Carlos y me pareció muy bueno –a pesar de que mi lectura fue diferida y lenta–. Solo puedo pensar en que si debiera escoger un adjetivo para describir a mi biblioteca sería «insular»: islas de libros como pequeñas colonias diaspóricas. La última vez, empero, quedaron por sello editorial, así que bien sea que ya no hay tanto revuelo.
Esta pequeña miscelanea se compone de bellas exploraciones de las bibliotecas personales y públicas de sus autores: su importancia, su composición, la posible formación de sentidos entre títulos de libros, estantes, autores, temas, años de publicación. Sirve mucho para pensar en las exhibiciones de librería, pero también para pensar en la biblioteca que uno tiene en casa y lo que esta puede decir de la persona que cada uno es hoy, o fue, o será.
Bello ver cómo una biblioteca aspecta un reflejo y un retrato, constituye un anaquel de intereses, alberga un caos, una promesa, una esperanza respecto al tiempo. Una biblioteca siempre es la belleza de lo imperfecto, lo inacabado, lo contradictorio e incongruente.
No esperaba encontrarme con un libro tan dinámico. En general, los procesos técnicos del libro son tediosos y es complejo luchar contra la entropía natural que conlleva almacenar libros.
Aquí se encuentran diversos y breves ensayos, de distintas personas que se relacionan con el libro y poseen grandes volúmenes de ellos. Relatan qué métodos y formas han ido descubriendo que les funcionan, para ordenar sus libros.
Lo importante siempre es poder encontrar lo que buscas. Para eso nos obsesionamos con el sistema de orden.
Muy interesante colección de ensayos sobre, obvio, como ordenar bibliotecas. Además de ayudarme a entender que no estoy solo en el universo de las manías, el libro da muchos nombres de potenciales autores que engrosarán mi biblioteca.