Cees Nooteboom recorre algunos museos buscando capturar en las obras de los grandes pintores aquello que alimenta nuestra alma con formas y colores: la belleza. En este libro el lector tiene el privilegio de intuir, gracias al diálogo permanente que nuestro especial guía mantiene consigo mismo, el enigma que subyace en toda obra artística. Nooteboom no es un historiador del arte ni pretende serlo. Él se deja llevar por la imaginación, no ofrece respuestas sino que plantea interrogantes. A través de los ojos del artista-escritor contemplamos, entre otras, las imágenes alegóricas medievales, los estudios de la naturaleza de Leonardo da Vinci, los autorretratos de Aert de Gelder o de Rembrandt, los interiores de Vermeer, los paisajes de Bruegel, los rostros sin ojos de De Chirico, la pasión por la masa geométrica de Piero della Francesca o las soledades de Hopper. Y finalmente, sin apenas darnos cuenta, empezamos a ver los cuadros como si fueran personas.
Cees Nooteboom (born Cornelis Johannes Jacobus Maria Nooteboom, 31 July 1933, in the Hague) is a Dutch author. He has won the Prijs der Nederlandse Letteren, the P.C. Hooft Award, the Pegasus Prize, the Ferdinand Bordewijk Prijs for Rituelen, the Austrian State Prize for European Literature and the Constantijn Huygens Prize, and has frequently been mentioned as a candidate for the Nobel Prize in literature.
His works include Rituelen (Rituals, 1980); Een lied van schijn en wezen (A Song of Truth and Semblance, 1981); Berlijnse notities (Berlin Notes, 1990); Het volgende verhaal (The Following Story, 1991); Allerzielen (All Souls' Day, 1998) and Paradijs verloren (Paradise Lost, 2004). (Het volgende verhaal won him the Aristeion Prize in 1993.) In 2005 he published "De slapende goden | Sueños y otras mentiras", with lithographs by Jürgen Partenheimer.
I came to this collection because someone referred me to Nooteboom’s essay on Piero della Francesca, the Tuscan painter from the 15C.
Looking for it in the web, I could not work out which was the original title or edition. Nor is it clear now, when I finally decided to go for the Spanish translation and have it in my hands. This copy gives the original Dutch titles of each of the essays assembled here. I suspect then that this selection is only found in this edition. The title, El enigma de la luz: Un viaje en el arte (The Enigma of Light: a Journey through Art) selected has a vague relation to the contents. There are numerous indications on the travels Nooteboom undertook so as to approach the art works he wanted to visit. There is less of a developed, continuous discussion of light in all the works selected.
Through my updates I have followed him in examining: Hopper in his stillness; Vermeer as in the Frick; Tiepolo as seen in Würzburg; Guirlandaio, one of the painters with whom I am lately fascinated; Leonardo with whom everyone is fascinated; the anonymous and enchanting series of tapestries with the Dame à la Licorne, in the Cluny museum; Rembrandt and Aert de Gelder, which served me as an introduction to Rembrandt’s pupil; and finally, Piero della Francesca.
The arrangements of the essays have however been satisfactorily framed. Hopper and the bright Morning Light open and close the collection. Which again makes me wonder if this collection exists in other translations. Either way.
Nooteboom is careful not to be too informed before he approaches his selected works, and indeed his best sentences and perceptions are those in which he stands outside the set discourse. These comments are fresh and original and therefore offer a very welcome felling of authenticity.
But may be there was just a tad too much of the travelogue genre for this collection to be outstanding and I felt I was reading a very insightful and observant critic rather than someone from whom I am receiving overwhelming enlightenment.
For light and insight remain elusive and enigmatic.
Es muy enriquecedor pasear con Nooteboom buscando grandes artistas y obras fantásticas de la Historia del Arte, porque comparte contigo no solo su visión de ambos, si no un montón de datos que él mismo ha ido recopilando en su afán por conocerlos más a fondo. Así, miras a un Rembrandt jovencísimo corriendo por las calles de su Leiden natal, intentas destripar las matemáticas que inundan todos los cuadros de Piero della Francesca, o te empapas del ambiente voyeur y solitario de Hopper, con esa luz imposible en sus lienzos. Y así se configura un libro que recoge pinceladas de la vida y obra de varios artistas, distintos países y épocas, con el nexo común de la luz, unos capítulos cortos llenos de detalles que te empujan a seguir indagando por tu cuenta tanto en la obra del propio Noteboom como en cualquier otra faceta artística que te llame la atención.
«Cuando uno observa esos lienzos parece como si no importara que el artista fue un hombre que vivió, se alimentó, bebió: no hay sino lo que uno tiene delante de sí, ese residuo de la visión interior de Hopper sobre el resto del mundo, y especialmente sobre Estados Unidos. Y se trata de una visión trágica, aunque puede que lo trágico sea una interpretación mía. Incluso en aquellos cuadros que carecen de figuras humanas, el decorado —paisajes, panoramas urbanos, faros, túneles— despide un aire aciago, como si las cosas quisieran significar más de lo que son, un elemento subyacente de dolor, de melancolía y de radical aislamiento, ausente e imperceptible en la auténtica realidad.»
Estoy seguro que hay personas que serían felices de vivir en mundos de ficción, en universos únicos creados por la imaginación de un autor.
Otras, quizá se “conformarían” con encontrarse en las páginas de una obra, de poder acceder por medio de la lectura a un pasaje o portal que les permita entrar a los mundos inventados, algo como La Mano de la Buena Fortuna, Goran Petrovic.
Lo mismo podría aplicar para piezas musicales, pinturas, entre otras cosas, que de alguna manera nos atren con tal fuerza que nos hacen desear ser parte de ellas, algunas veces podmos explicárnoslo, otras no, otras solo lo vivimos, como ese magnetismo que me provocan ciertas piezas, como la de Re/trato (2003) del artista colombiano Óscar Muñoz.
Con esta serie de ideas en mente, quisiera que me leyeran: yo podría decir que me gustaría experimentar vivir de alguna manera en la mirada de Nooteboom, así cómo me gustaría, no sé de qué manera, vivir en uno de los viajes de Sebold.
Hay cierta mesura, cierto tacto en la selección de palabras que utiliza Nooteboom que me provocan calidez, nostalgia, un aire de cariño; más allá de la mirada erudita, hay una mirada calma del mundo que se muestra ante este escritor. Un no-lugar que él trabaja con ahínco en traducir con cada ensayo que le leemos.
Nooteboom logra capturar en texto ese tipo de sentimientos que puede embarcar a cualquier visitante a un museo, a una galería, y el choque al que se enfrenta al salir de esos espacios al mundo real en el cual el movimiento es el que manda.
Hay un par de comentarios que me llevaron a pensar si Cees dejó de beber alcohol, más allá de esto, todo el libro gira en torno a la mirada, a la experiencia que tiene frente a ciertas obras que lo hacen moverse de su casa.
Discute consigo mismo sobre la diferencia entre las reproducciones y los originales, y como lo único que los distancia es el caracter de fetiche de los segundos ya que “las reflexiones que te inspira la obra son las mismas”, y sí, coincido.
Y sí, es “imposible verlo todo”, así que veamos y disfrutemos y reflexionemos mientras haya mirada con qué hacerlo.
Pasa la gente por los museos, miran cuadros y siguen sus vidas. Quedan los cuadros, y dentro de ellos el tiempo detenido. ¿Qué es la luz detenida? ¿Quién detuvo el paso de los años y nos los puso frente a los ojos? ¿Cómo miramos el tiempo?
Un libro precioso e indispensable para los amantes del arte. Nooteboom recoge sus reflexiones acerca de ciertos pintores y movimientos artísticos. A algunos, como De Chirico, los conozco bien. A otros, como Edward Hopper, menos. Pero con este libro y mi conexión a internet he disfrutado de las pinturas que menciona y las he visto como nunca. He vuelto a descubrir a autores que nunca me habían llamado la atención, como Rembrandt. No habla tanto de historia del arte, o las biografías de los autores (que incluye, pero no va de eso), sino de sus impresiones subjetivas sobre estas obras, y las ideas que le vienen a la cabeza cuando las ve. Se lee muy rápidamente y es como pasar una tarde con un buen amigo que es muy culto. Me ha hecho pensar sobre mi percepción y relación con el arte. En cómo una obra puede verse de una u otra manera según la persona que mira: las obras apocalípticas de Bruegel vistas desde nuestro mundo, donde hay bombas, serán muy diferentes de cómo se verían en su propio tiempo. Lo que lleva Nooteboom a pensar en cómo se verá a Picasso en el futuro. Desde luego, no como lo vemos nosotros. De verdad que es una obra maestra en sí misma. Uno de los mejores libros que he leído en mi vida.
Un libro precioso para acercarse al arte. Nooteboom es un cronista que nos comparte la mirada curiosa de un gomoso del arte. No un crítico, no un coleccionista, simplemente alguien mirando con atención, y eso hace que sea fácil identificarse con él.
Cees Nooteboom es, tal vez, el escritor neerlandés más importante del siglo XX y del XXI, y este breve volumen es un ejemplo más de que ese título no se le ha dado en vano. La prosa de Nooteboom es sencilla y directa, sin artificios innecesarios y sin complicaciones pretenciosas; pero ello no significa que esa prosa sea banal o pasatista. La prosa de Nooteboom es perfecta para transmitir la información --siempre rica y abundante--, que forman parte integral de cada uno de sus libros. En este libro, en particular, Nooteboom nos lleva de la mano por sus obras de arte favoritas y los viajes que ha realizado para poder verlas personalmente. He disfrutado de cada página de este volumen, de cada frase del autor neerlandés, y de cada obra que ha presentado (en lo personal, me agradó muchísimo encontrar algunos fe.mis favoritos: de Chirico, Hopper, Brueghel). En suma: he disfrutado mucho de todo este pequeño Pero estupendo libro. Siempre vuelvo a Nooteboom, porque nuncs me ha decepcionado. Es obvio que esta vez tampoco lo hizo.
15 textos escritos entre 1984 y 2007 componen El enigma de la luz, un breve libro en el que el holandés Cees Nootebom, autor de esa deliciosa fábula que es En las montañas de Holanda, reflexiona sobre las impresiones que le dejan las obras pictóricas de artistas clásicos y contemporáneos.
Salvo el primer texto, que plantea un diálogo entre dos personajes de un cuadro de Max Neumann, los demás ensayos son reflexiones en las que el autor entrega sin erudición ni interés academicista, datos del pintor, el contexto geográfico e histórico en el que se realizó la obra, así como la impresión que a él como espectador le causa. Por eso los textos, más que reseñas pictóricas, son crónicas de viaje hacia museos, palacios y otros sitios en los que reposan grandes obras de la pintura de artistas tan variados como Tiépolo, Rembrand, DaVinci, Piero della Francesca, Giorgio de Chirico, Verrmeer y Hooper, entre otros.
Nooteboom pone a dialogar a los personajes de los cuadros, pero así mismo establece vínculos entre la obra y quien la observa. Por ejemplo, al contemplar "La lección de música interrumpida" de Vermeer, Nooteboom advierte: "esas dos personas del cuadro son compatriotas". En otro aparte uno de los protagonistas de un cuadro señala "estamos aquí para quedarnos", y esa pregunta sobre la permanencia inmutable de la obra en contraste con la variedad de ojos que pueden reinterpretarla con el paso del tiempo es constante. En otro capítulo, mirando a los ojos un autorretrato de Rembrandt, deduce que el autor entrega su mirada a "esos extraños que tardarán aún siglos en nacer".
Nooteboom llama la atención sobre el contraste entre el placer que implica contemplar una obra maestra con la desazón que le produce acudir a museos atestados de colegiales ruidosos o de turistas que se desplazan en masa, robándose el silencio y la quietud que exige el acto contemplativo: "El ciudadano que hoy en día desee ver algo en un museo no tiene más remedio que acorazarse contra sus prójimos armado de un odio brutal e intentar aislarse valiéndose de sus últimas reservas de concentración. De lo contrario, también él sufrirá las consecuencias de esa difusión del conocimiento: es decir, un menor conocimiento".
La edición de DeBolsillo acompaña los 15 textos con imágenes a blanco y negro de algunos de los cuadros que comenta Nooteboom. Ese ejercicio de cotejar la palabra con la imagen me recordó durante todas las páginas al escritor Antonio Caballero, por una doble razón: en primer lugar, porque su libro Paisaje con figuras, crónicas de arte y literatura, es un ejercicio periodístico que guarda relación con lo que Nooteboom realiza en este volumen. Y en segundo lugar porque su sección "Mil palabras por una imagen" en Revista Arcadia, consiste básicamente en lo mismo que hace el holandés: tomar una imagen, y observarla con un detenimiento que, sumado a la curiosidad y el conocimiento ilustrado, arroja como resultado un texto que permite develar detalles que están a la vista pero que nos son esquivos. Ver más: http://secretodelectura.blogspot.com....
Este es un libro que los asiduos a los museos disfrutarán enormemente, así como aquellos que tenemos la inquietud de la escritura. Nootebom logra en este libro conjugar dos artes que aunque distintos, están íntimamente ligados: la literatura y la pintura. Nootebom describe la experiencia museística y los pensamientos que como visitants nos acompañan - ¿qué hay detrás de un cuadro?, ¿en qué pensaba el pintor?, ¿cómo era su vida en su época? Más que un recorrido histórico o informativo sobre la vida del pintor o de las obras, el autor nos permite divagar, explorar, imaginar a través de la escritura y es es precisamente eso lo que más disfruté del libro porque es algo que, como admiradora de la pintura, constantemente hago: imaginar la historia detrás de un cuadro. Es evidente: cada pintura narra algo, y esa anécdota está plasmada en el lienzo. Pero, ¿qué habrá detrás de cada color, del gesto de quien es retratado, de lo escrito en una carta que es leída, de la luz que entra por una ventana? Nootebom nos permite descubrir que cada pintura es el inicio de un ensayo. En particular, los ensayos sobre Vermeer y la serie de tapices sobre "La Dama y el Unicornio" son entrañables.
El enigma de la luz" que es una pequeña delicia del holandés Cees Nooteboom , es un diálogo intimista de un aficionado a la pintura como es el escritor y un montón de cuadros, muy hermoso, se te hace muy corto y escribe estupendamente. Más que recomendable.
Ha provocado acercarme más a la obra de Edward Hopper. Es un paseo literario a través de pinturas que han marcado la historia y -su- vida particularmente; desde clásicos hasta los no tanto.
Visión muy personal de algunos cuadros, museo o autores. El libro presenta impresiones, pensamientos, disquisiciones sobre algunos autores muy importantes del Renacimiento y de otras épocas, tanto los holandeses mas cercano a él y a su entorno como de otros países europeos.
Hace pensar muchas cuestiones que no se resuelven, pero ofrece puntos de vista que a veces no hemos considerado como simples aficionados al arte.
No intenta ni lo es ser erudito, pero muestra el amor por algunas obras como una relación casi personal con ellas. Por ejemplo ir a una ciudad y visitar un meso o una capilla para ver un cuadro en concreto.
El libro no es muy largo pero se lee rápido, pues pese a la densidad de algunos de sus párrafo sen ningún momento pierde su interés.