3.5/5 Estrellas
El año posterior a la batalla de Crecy (1346), marca uno de los hitos más exitosos de la Guerra de los 100 años, a favor del bando inglés.
Tras destrozar el inmenso ejército francés, el rey Eduardo III marcha a sitiar la ciudad estratégica de Calais, que considera imprescindible como cabeza de puente con las islas (con razón ya que fue la última posesión perdida por los ingleses en el continente) . Aquí no le va a ir demasiado bien, detenido por los pantanos, el tiempo y las poderosas murallas de la ciudad.
Sin embargo en otros escenarios, las cosas van sorprendentemente bien. En la frontera escocesa, aprovechando la supuesta debilidad inglesa (con el ejército en Francia), un poderoso ejército escocés nunca antes visto, al mando de David II (hijo de Robert Bruce, que consiguió independizarse de Inglaterra....que recuerdos de Braveheart y William Wallace), invade el norte de Inglaterra, camino de Durham y York, devastando todo a su paso. A las puertas de Durham, en la batalla de Neville´s Cross, un pequeño ejército les hace frente y tras un duro enfrentamiento acaban aniquilando a los escoceses y capturando a su rey...¿os imagináis qué fue decisivo?. Los arqueros, si. Este cuerpo militar, se estaba convirtiendo en un arma de destrucción masiva que, bien dirigida, era capaz de ganar batallas en condiciones de inferioridad numérica abrumadora.
En el otro escenario de la guerra, el ducado de Bretaña, donde los ingleses se habían apoderado de varias plazas, el duque pro-francés, el duque de Blois, sobrino del rey de Francia, sale al campo dispuesto a expulsar al invasor. Igualmente, con un ejército superior, se ve barrido por los ingleses a las puertas de La Roche Derrien, una pequeña ciudad bretona y el duque también es capturado.
Dos ilustres inquilinos pasan a habitar la Torre en Londres. Sus ingentes rescates enriquecerán sobremanera al tesoro inglés.
Dos episodios no muy conocidos, pero que ponen de manifiesto la tremenda superioridad militar de los ingleses en estos momentos y el terrible impacto que los arqueros tenían en el escenario bélico y en la moral de sus enemigos.
Y, entre estos dos episodios llenos de acción, se mueven nuestros protagonistas, Thomas (el arquero descendiente de nobles franceses exiliados), Robbie (escocés capturado en la batalla de Neville's Cross), Sir Guillaume....y muchos otros que se mueven de forma errática a la búsqueda del preciado Grial. Y aquí, es donde todo se va al garete, para mi claro. Asistimos a la típica pugna entre nuestro héroe, los poderes vaticanos, los villanos buscavidas que siguen el olor del dinero y del poder y que convierten la historia en un batiburrillo, que sólo se salva por la potencia de las escenas de acción y por lo bien que están contados los episodios históricos.
Mira que siempre he huido del rollo este del Grial, pero en esta serie me tienen atrapado el relato de las batallas y el periodo histórico, así que me seguiré tragando las historias de manuscritos, leyendas, copas, milagros y demás mandangas....a ver por donde sale en el siguiente.
Porque este señor narra la guerra y las batallas como nadie.