La cultura pública chilena de las últimas décadas es aquella donde la imagen como espectáculo mediatiza con sus códigos ideológicos el deseo del sujeto, introduciendo una nueva alienación: la del espectador. En este contexto es que el autor considera necesario volver a las obras por donde ha transitado lo mejor de la literatura y del arte contemporáneos de nuestro país. Una de esas obras es la de Violeta Parra.