La sustancia del género gauchesco es la relación entre voces oídas y palabras escritas. “El escritor del género usó las posiciones y tonos de la voz del gaucho para escribirlo, y en ese mismo momento le dio la voz al gaucho”, escribe Josefina Ludmer en su prólogo.
Este libro, publicado originalmente en 1988 y reeditado en 2000, analiza las dos caras del uso: el uso literario de la voz y el uso económico o militar de los cuerpos; y las dos caras del don: la cara del escritor que da la voz y la cara del patrón. La lógica dual del género gauchesco es examinada aquí como lógica de la alianza entre oralidad y escritura, y entre dos culturas latinoamericanas, la cultura popular y la cultura letrada. Esa alianza no solo es literaria, es también política, social, racial y sexual. El resultado es un libro de crítica pero también algo más: un ensayo, un tratado, un libro autobiográfico y un libro político.
No voy a mentir: no termino de entenderlo. Lo que entiendo, me parece genial y me es muy útil, pero realmente me gustaría que estuviera escrito de una manera un poco más accesible para terminar de comprender el resto. Quizás en una relectura tenga todo más claro.
qué manera de complicarla innecesariamente esta mujer, la mitad de las cosas podía simplificarlas muchísimo si dejaba de hacerse la bonita con tantas metáforas
Ludmer escribió un libro hermoso e intenso que hace patria hablando de literatura: es literalmente un "tratado sobre la patria". Pero no es una visión sesgada desde un nacionalismo superficial, sino una apuesta crítica por una de las cosas que, como decía Piglia, se inventaron en la zona del Río de La Plata: el género gauchesco. Ludmer celebra el género y lo discute profundamente: discute sus puntos ciegos, sus exclusiones, sus discursos polémicos. Quizá su apuesta mayor sea la de considerar a nuestros clásicos como textos que pueden y deben ser discutidos sin que eso les quite valor. Su carácter polémico, la "doble faz" del género los engrandece. La posibilidad de discutirlos les da vida y actualidad. Más allá de la potencia que tiene el libro para comprender las obras más célebres del siglo XIX argentino y sus conexiones con el proceso social y cultural, Ludmer no solo propone leer al género gauchesco en línea con las discusiones políticas por el modelo de país y la organización nacional, sino también en diálogo con el siglo XX (Borges, Güiraldes, el tango y la Milonga). Y como toda visión de largo alcance no solo se queda en lo que efectivamente sucedió sino que apuesta al futuro: a lo que la literatura podría hacer de ahora en más con el género. Quizá este libro sea un precursor de Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara. Quizá las antenas que Ludmer nos hace proyectar hacia el pasado nos regalen más literatura argentina, latinoamericana, nuestra. Pero sí, estoy seguro, este librito nos hace, desde la literatura, desde la crítica literaria, más patriotas, más argentinos: porque, como dice Ludmer, el género gauchesco tiene la forma de, "en el corazón, una cinta celeste y blanca, con tres vueltas".
(Recomiendo ver el seminario sobre gauchos de Ludmer que está en Youtube y también leerlo junto a o luego de "Algunos problemas de teoría literaria", sobre todo los capítulos dedicados a "Ante la ley" de Derrida).