Doña Concha, dueña de un taller textil madrileño, es mujer probada por la vida, muy entera y sensible, que no se resigna a envejecer. Muy rápida en su marcha, pese al bagaje que transportan consigo las pobres mujeres —y un periquito entre ellas— que animan el taller de costura, donde la dueña y sus costureras hablan de sus dispares situaciones y problemas, desde el aborto a la homosexualidad o la soledad y el rechazo.
Es básicamente un episodio de Aquí No Hay Quien viva pero centrado solo en las mujeres y ambientado en 1960.
También es algo increíble si te paras a analizarlo desde una perspectiva de realismo social marxista. O de feminismo marxista, sobre todo tras la decepcioncísima que fue en ese aspecto (y en todos) el Tea Rooms de la Carnés.