Primer libro que leí de Kika Superbruja.
Sí, ya sé que es el décimo de la saga. Y sí, ya sé que debería haber empezado la historia de esta bruja por el principio. Pero, ¿qué queréis que os diga? Yo sabía lo que me gustaba desde pequeña: los vampiros. (Aunque "La ciudad sumergida" también me habría valido: vampiros o sirenas).
En algún momento de mi vida compraré y leeré la saga completa.
Estos libros infantiles son una fantasía (y no solo por la temática de brujas y otros seres): son divertidos, inician a los niños en un mundo de fantasía en el que pueden descubrir criaturas de las leyendas del todo el mundo, y les aportan valores como la amistad, la valentía, la amabilidad... además de la importancia del conocimiento.
Pero vamos a hablar de esta entrega de Kika Superbruja.
En esta décima entrega, Kika se transporta al castillo de Drácula con la intención de destruirlo. ¿Podrá nuestra brujita acabar con el vampiro más famoso de todos los tiempos? (Y sí, tengo en cuenta a los Cullen, a los Salvatore y a todos los demás. Pero Drácula será siempre el primero y el más conocido, y quién piense lo contrario, que venga y me lo diga, que vamos a tener unas palabras).
Bueno, ya me relajo. Es que... no me toquéis a Vlad, que me pongo nerviosita.
Resumiendo: Kika Superbruja es una saga preciosa, con temáticas para todos los gustos (puesto que cada libro tiene una temática concreta), por lo que seguro que hay un libro perfecto para cada niño/a. Por ello, creo que todos deberían leer, al menos, uno de los libros de la saga. En mi caso, sólo he leído 3, 2 de los cuales tienen un lugar muy especial en mi corazón.