Yo debo dar las gracias al destino
por estos Abrojos del sendero,
que vierten en mi pecho un son divino
y dan a mi noche oscura un lucero.
Rubén, primogénito de la musa
que dio luz a muchos trovadores,
nos dio la creación más profusa
de sombras, cisnes, espinas, flores.
Pasiones de un enfermo corazón,
delirios de un alma enamorada,
el llanto, la risa en su estado puro,
son todos parte del más preciado don
que el poeta plasmó con liras doradas
llevando luz al hogar más oscuro.