Joan-Carles Mèlich prosigue en esta obra la reflexión filosófica sobre la condición humana que ha desarrollado previamente en Filosofía de la finitud y Ética de la compasión, centrándose ahora en la moral. A diferencia de la ética, que es la respuesta que damos a la interpelación del otro en una situación imprevisible, la moral es una metafísica que rige nuestra vida cotidiana, nos dice quiénes somos, si lo que hacemos es normal, si lo que pensamos es perverso o si nuestra vida tiene valor. Se trata de un conjunto de categorías, marcos, normas y procedimientos basado en principios absolutos e indudables.
La lógica moral organiza nuestro modo de ser en el mundo y protege a los que quedan bajo su «ámbito de inmunidad», pero, al mismo tiempo, ignora y desprecia a los que no son considerados personas, a los que no poseen dignidad. A estos se los puede eliminar sin tener sentimiento de culpa. Por eso, en toda moral opera una lógica de la crueldad.
«Lo interesante de la propuesta de Mèlich es el haber ahondado en el carácter eminentemente indigente de la condición humana; no somos perfectos sino seres llenos de ausencias que solo colmamos con la presencia de los otros.» Cultura/s, La Vanguardia
“No hay moral sin lógica, no hay lógica sin crueldad”
El presente libro es una reflexión filosófica sobre la condición humana, la cual se ha desarrollado previamente en dos de los precedentes Filosofía de la finitud y Ética de la compasión, pero esta tiene como foco de atención la moral. A diferencia de la ética, que es la respuesta que damos a la interpelación del otro en una situación imprevisible, la moral es una metafísica que rige nuestra vida cotidiana, nos dice quiénes somos, si lo que hacemos es normal, si lo que pensamos es perverso o si nuestra vida tiene valor. Se trata de un conjunto de categorías, marcos, normas y procedimientos basado en principios absolutos e indudables.
El autor nos introduce en el contenido de la obra afirmando que: “No hay moral sin lógica, no hay lógica sin crueldad. Muchas veces, de forma imperceptible, escondida tras un velo de naturalidad y de normalidad, y sin apenas dramatismos, la crueldad aparece en nuestro lenguaje, irrumpe y permanece sutilmente en la forma de organizar el mundo. domina y, con ella, una lógica de lo que somos, una forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos, de integrar y de excluir, de respetar y de exterminar. En toda moral opera una lógica de la crueldad.
Es un excelente texto, un escritor que este 2020 me dejo describir, y con el cual he podido cruzar algunas palabras en las redes sociales.
En nuestro blog cafeletrario.blogspot.com hago una breve reseña por si te interesas date una vuelta.
Joan-Carles Mélich es la prueba de que todavía quedan filósofos en España que siguen acometiendo su labor crucial (de enseñar, indicar, señalar, reflexionar...) más allá de moldes cartesianos y estereotipados y teniendo como principal objetivo la subjetividad y su horizonte de sentido. En este sentido, Mélich es digno heredero de la tradición filosófica del límite, de la sabiduría y del pastoreo del pensar.
Esta es la primera obra que leo de este autor y ha sido toda una sorpresa. Pese a que se le pueden encontrar algunas carencias (falta de originalidad, un estilo poco agraciado, redundancia en el tramo final), es muy necesario que haya una voz actual que incida (y nos haga recordar) lecciones magistrales de la filosofía de los dos últimos siglos que cada vez están más sepultadas en una fosa de positivismos mecánicos, fórmulas arquetipicas, cientifismos mesiánicos y simplificaciones.
De hecho, un autor que, desde el comienzo, tiene clara (¡y tanto!) la diferencia entre moral y ética, y entiende que es el aspecto crucial e insoslayable de la condición humana, ya debe gozar de todas nuestras simpatías. En una época en la que se sepulta toda apelación a la ética, donde cientifismos supuestamente psicoevolucionistas apelan a una moral biologizante ad hoc, y donde parece que solo la deontología y el utilitarismo nos ofrecen un marco para la vida (tan gratas para el capitalismo, la tecnocracia y los espíritus superficiales), un autor como Mélich se agradece.
Sí, es cierto que no es original. En ningún momento él lo niega. Es más bien, a la manera de Ibn Rusd (Averroes) o Santo Tomás, una suerte de comentador, un glosador. ¿De quién? De Hegel, Nietzsche, Schopenhauer, Freud, Heidegger, Ponty, Deleuze, Derrida... Aquellos que supieron hacer trascender la sophia occidental y que, ante la claudicación actual, se encuentran cada vez más apartados: o bien obviados e incomprendidos por mentes cuadricualadas o bien abusados y distorsionados por expertos en cháchara.