¿Puede una ciudad sufrir una inflación de cultura? ¿Tanto como para espantar a los turistas? ¿Qué es un terroartista? En este microlibro obtendréis cumplida respuesta. Se trata de una novela corta, breve y concisa como la nota del casero, pero que debería alegraros bastante más el día. Si los señores se quedan con hambre me atrevo a recomendar "Rumba Catacumba", que lleva proteina en abundancia. Todo bien regado con un merlot o una cerveza suave y fresquita.
El autor nació muy cerca de Tokio, cosmológicamente hablando, y lleva años construyendo artefactos literarios que a veces explotan y hacen reír. Usar antifaz le permite escribir cosas que avergonzarían a su abuela, aunque es complicado cuando coge un avión.
El autor de esta obrilla suele, o eso parece, escribir humor. Me lo pusieron por las nubes, me dijeron que esta novela me iba a encantar y, realmente, me reí a gusto.
Es una historia esperpéntica (en el más puro uso de la palabra), sobre la cultura y cómo ésta puede cambiar la vida de una ciudad. En la sinopsis del autor habla de una inflación cultural y eso es, precisamente, lo que nos encontramos. Una ciudad en la que la gente se vuelve cultísima e, incluso, cultérrima. Las ciudades donde eso puede suceder, en España, son Granada o Barcelona y el autor escogió Barcelona. Cualquiera que haya vivido en ambas sabe a qué me refiero. En resumen, es la historia de una alcaldía que ya la quisiera mi pueblo y de la distopía de ser todos la mar de cultos.
Los personajes están al servicio de la trama, totalmente. No hacen nada que no deban hacer para que la historia siga adelante. El personaje con más matices y con más vida y color es el alcalde, que a modo de Wilt consistorial, se ve metido en una suerte de líos de los que no me ha quedado claro de si tiene totalmente la culpa o no.
Me ha recordado mucho a Wilt, Mortadelo y Filemón y Amerika. No sé si nuestro autor los tiene como referentes, pero el carácter del alcalde es muy wíltico, las concejalías son muy kafkianas y el resto es una historia del Profesor Bacterio. Siento ser tan viejuno con los ejemplos.
El libro lo obtuve gratuitamente de Amazon, es un libro de 50 paginitas, se lee en dos sentadas en el trono y si sólo piensas en echar un rato agradable, seguro que lo pasas. Alguien habrá que me llame hereje por compararlo con Wilt o con América de Kafka, pero es que los personajes me lo han recordado.
Recomendado a todos los que tengan pensado hacer dos sentadas con una novela cortita.
Tiene un lenguaje peculiar, y una forma un tanto caótica de narrar las acciones, pero no cabe duda de que es divertida. Y tiene un poquillo de poso detrás de tanta broma, lo que siempre es de agradecer. Se lee en un suspiro, lo que también...
Lectura breve, pero muy entretenida, que me tuvo todo el rato con una sonrisa en los labios (y no me reí a carcajadas porque la leí en un vagón de tren lleno de gente). En ocasiones me parecía estar leyendo a Eduardo Mendoza.