El café es licor sobrio y poderosamente cerebral que, muy al contrario de los espirituosos, agudiza el discernimiento y la lucidez. Suprime la vaga y tosca poesía de los vapores emitidos por la imaginación y, a partir de una realidad neta, hace brotar el destello de la verdad.
Como medicina, la cafeína provee consuelo al maniático y al racionalista: refuerza la idea de mantener el cerebro en movimiento. Provee un estímulo mental. Extiende las horas de vigilia. Combate la procrastinación porque es la bebida de la eficiencia y el productivismo.