Estas páginas abordan, con perspectiva histórica, el período que va desde el inicio del ministerio de Jesús, año 28, hasta el Concilio de Jerusalén, año 48, que casi coincide con la fecha de la redacción del escrito más antiguo del Nuevo Testamento. Estudia, entonces, el período en que se establecieron las convicciones centrales acerca de Jesucristo.
La perspectiva histórica evita la argumentación deductiva y se basa en el examen atento de las fuentes antiguas. Su fruto es mostrar la solidez histórica de la opción de los creyentes, pues la fe no es un asentamiento ciego, ni tampoco el resultado necesario de la argumentación racional.
Esta obra enfrenta algunas dificultades que años atrás preocupaban sólo al ambiente académico, pero que hoy los medios de comunicación se han encargado de propagar, no siempre de la mejor manera.
Este libro quiere prestar un servicio a los cada vez más numerosos lectores -creyentes y no creyentes- que desean conocer más de cerca la apasionante persona de Jesús y los orígenes del cristianismo.
El libro es una buena fuente para entender y descubrir al Jesús histórico al margen de los textos evangélicos y también con estos. Tiene una buena argumentación sobre la racionalidad de creer en Jesucristo. Muy recomendado para entender más el cristianismo y también para aquellos que necesitan argumentos distintos a los textos evangélicos para creer, ya que busca fuentes extrabiblicas
El libro es una buena introducción al estudio del Jesús histórico y el estado en que se encuentra. El autor argumenta basandose principalmente en los trabajos de Martin Hengel y James D.G. Dunn en que la versión tradicional de Jesús no es tan descabellada como creía el liberalismo alemán a fines del siglo XIX. El autor incorpora un interesante análisis de las cartas paulinas para tener una óptica de cómo era la tradición cristiana pre-paulina y acercarse de esa forma al Jesús historico. Luego hace lo mismo con los evangelios tratando de usar principalmente el evangelio de marcos y Q. Quizás hubiera sido bueno que el autor se adentrara más en el judaísmo de Jesús y su entorno, como por ejemplo reconocer que el título hijo de Dios es principalmente un título mesiánico y no una afirmación ontológica de la naturaleza de Cristo. Habiendo dicho esto, el libro logra defender la postura de que la cristología alta no es el producto de la helenización del cristianismo sino un elemento presente desde los inicios (pre-paulinos) del cristianismo.