He estado tan atareada que se me ha olvidado registrar qué leo. Me acerco de nuevo a este libro por motivos de orden práctico, pero más allá de eso creo que ofrece desarrollos muy interesantes sobre la labor actual de los estudios de la literatura y pone el dedo en la llaga: las personas que nos dedicamos al estudio literario muchas veces no sabemos explicar analíticamente qué hace la literatura, cómo estudiarla o por qué transmitirla. Ojalá se tradujeran más obras de este tipo y, por supuesto, ojalá se crearan y distribuyeran en nuestros contextos.
Un libro malo. Se propone mostrar que la literatura no está en crisis -como se afirma con frecuencia dice Schaeffer-, sino que son los estudios literarios los que están en crisis. Afirma también que esto se explica por la debilidad que caracteriza la articulación actual entre los estudios literarios y las humanidades. Esa es la ecología que menciona en el título del libro. Pienso que es acertada la primera apreciación de Schaeffer: la literatura no está en crisis. Pienso que es falso todo lo demás. Los estudios literarios no parecen estar en crisis. Por supuesto, depende de la definición que se adopte. Si la crisis se entiende como deterioro en la calidad de los estudios literarios me parece que está equivocado. Pienso que el acceso a libros, cursos y estudios de muy buena calidad sobre literatura se ha facilitado en la actualidad. No sólo por los materiales virtuales, sino por las bibliotecas y librerías accesibles para cualquier persona en muchos lugares del mundo. También opino que las humanidades no necesitan defensa extrínseca. Si los estudios de las humanidades logran darle forma al ser humano es porque lo configuran desde su interior y no desde alguna imposición externa. Más aun, las lecturas literarias admiten tantos registros como lectores. A la vez, la reconfiguración permanente de la experiencia que promueven las humanidades no estandariza. Todo lo contrario. Si bien la lectura de Dostoievski parece advertirnos que el mal no admite grados -sino que es totalitario cuando se lo consiente-, no todos los lectores de Crimen y Castigo inferimos necesariamente lo mismo. Pienso que se puede leer mejor o peor, pero el criterio de calidad no puede ser unívoco. Schaeffer propone combatir el segregacionismo del canon en sus variedades más frecuentes con otro canon: el consenso. El consenso de los académicos en humanidades. Pienso que ese nuevo consenso no segregacionista es una tautología del canon segregacionista. Creo que es más interesante pensar los estudios literarios y las humanidades con la misma estrategia que propone Carlos Gamerro para la tradición: como construcción y no como herencia. Del presente al pasado y no del pasado al presente. En cualquier caso, este libro de Schaeffer es interesante por los temas que plantea.
Es pequeño, pero bastante denso. Más de una vez tuve que detener la lectura para quedarme pensando en las ideas. No sé si terminé de entender para qué estudiamos literatura, pero al menos siento que las Humanidades tienen un espacio más importante dentro del conocimiento.