Ivarr nace con una mancha que cubre una parte de su cuerpo, en una cultura en la que los recién nacidos con alguna tara significativa pueden ser abandonados por sus padres en la nieve, aunque su hermano gemelo nace sin ella. En un viaje por mar, el barco es sorprendido por una tormenta. Él y sus compañeros acaban en una el norte de Jacobsland, en el que reina Alfonso III el Magno. Allí pasaran un invierno escondidos… pero son descubiertos por Mumma, una joven curandera. En los años siguientes Ivarr viajará por medio mundo pero seguirá pensando en una cruz y en un puño de azabache desde que salió del reino astur.
Una delicia, sin grandes pretensiones. Solo recomendaría a la autora que suprima el último capítulo y le prenda fuego. No viene a cuento para nada y te quedas con la sensación de haber sido sacado de los panfletos turísticos al uso.
Es una novela bien escrita, pero llevada de manera un tanto lenta. Se percibe investigación, pero a veces se excede en datos que, si bien pueden resultar interesantes, alargan la obra, en tanto que no aportan más a la historia.