Por el momento es el mejor libro que leí en el año, de este año.
La etnografía que lleva a cabo Mariana es diversa y detallada, ya que empieza tratando del tema de modo más particular, por medio de familiares, amigos, parejas y compañeros de desaparecidos en la última dictadura. Es en ese momento inicial del libro donde plantea la pregunta bisagra y lógica de "si un familiar de un desaparecido ha ido a iglesias, comisarías, juzgados, hospitales y manicomios y nunca obtuvo una respuesta ¿seria descabellado consultar a curanderas, chamanes o médiums dónde está esa persona?". El trato respetuoso de la autora al tratar de esas presencias familiares, dónde estos los visitaban por medio de sueños, dando alguna señal entre la frontera de lo terrenal y lo "fantasmal" , detallando también la vida de estos familiares con esa espera y con ese duelo incompleto por aquellos aun no localizan esos cuerpos.
Mariana Tello Weiss detalla los rituales que llevan a cabo las personas con esas experiencias de apariciones, dónde se curan el espanto, cómo le dedican un tiempo a la co-existencia entre los vivos y los muertos, cómo articulan rutinas para convivir con estos.
Ya en la segunda parte del libro, las experiencias se amplifican hacia lo situacional, a los lugares donde rondó el horror y hoy ronda el espanto (o la extrañeza porque también hay fantasmas buenos), deja de lado el tema del duelo de una familia o seres queridos para tratar con lo rutinario, cómo lo son en los hoy espacios de memoria y otros Centros Clandestinos de Detención que aún no son del todo reconocidos por el Estado, como se muestra en las localidades donde hubo exterminio y tortura. Lugares que muchas veces, son protegidos por los mismos fantasmas, para que no los borren, porque mientras los vivos están en búsqueda de su cuerpo, los fantasmas también buscan justicia y por medio del espanto luchan contra el olvido.
Tengo que decir que muchas veces al leer las declaraciones de algunos testigos de esa matanza, con lujo de detalles, me sentí horrorizado, negando con la cabeza, otra veces me dio cagazo, por los detalles de la mujer que ronda por la ESMA o el bebé que no tiene extremidades, incluso con aquellos conscriptos que fueron y son asediados por los fantasmas a tal punto de llevar a cabo el suicidio.
Me atrevo a decir que es una obra descomunal y que tenia mis miedos en torno a la profanación de un tema tan delicado de nuestra historia. Como estudiante de sociologia, me atrevo a decir que es hasta audaz, ya que las ciencias sociales no puede demostrar si existen los fantasmas, pero si que puede demostrar como se vive con estas presencias, qué rituales se llevan a cabo, cómo se soporta y cómo se busca recompensar con nuestros muertos, teniendo en cuenta la lucha activa por la recuperación de los cuerpos y de los niños apropiados.
Creo que me la voy a pasar recordando tal obra.