Mónica, la protagonista de esta novela, te habla de frente y no te pide permiso para mostrarte un mundo sin filtros, el de las personas a las que la sociedad va empujando a las orillas de la miseria y vulnerabilidad.
Su forma de hablar, de ver el mundo y su experiencia de vida, están ahí, crudas y sin maquillaje. Mónica un personaje de contradicciones, que siente y elige dentro de lo poco que el mundo le deja elegir, y que aún en el caos, nos muestra ratitos de ternura y de sororidad. No es una heroína trágica, pero tampoco una víctima eterna.
Bleier no busca que su escritura sea pulcra o estilizada, sino que se sienta real, sin adornos ni filtros. Para eso, usa un lenguaje que suena a calle, a barrio, a cantadito chilango. Es una forma de hablar que puede parecer excesiva por momentos, pero al final hace sentido: es la voz de Mónica, y es su manera de habitar el mundo, de sobrellevarlo a golpes de ironía y humor. El lenguaje se convierte en un acto de resistencia.
Desde el título hay una provocación, me parece que no solo quiere contar una historia, sino lanzar una declaración política que desafía las normas establecidas y la posesión e invasión que se hace del cuerpo delas mujeres.
Y es que el término “cuerpa” no se usaba en los años en los que parece estar ambientada la novela… pero, ¿es intencional? Me parece que la palabra une pasado con presente, mostrando como estas violencias y discriminación no han cambiado, un guiño a los debates actuales sobre identidad y lenguaje.
¿Es un libro para todos? No. Hay quienes lo van a sentir forzado o quienes se van a incomodar con su dureza. Y está bien.
Porque también hay quienes van a encontrar en Mónica una voz honesta. Una historia llena de cicatrices qye exige que más allá del morbo, miremos con empatía y compasión.
*Esta cuerpa mía* no está hecha para gustar, está hecha para abrir conversaciones y a mi, es lo que más me gusta de los libros.