Me parece un libro perfecto para el que esté queriendo acercarse a la fe cristiana pero le intimide un poco toda la parafernalia. Incluso lo recomiendo a los que se reconocen ya como cristianos, porque reta muchas ideas preconcebidas que podemos tener e invita a mirar más allá, desde la honestidad y la sencillez de corazón que se hace preguntas. Me ha gustado también que tenga una estructura diferenciada, como "introducción, nudo y desenlace" pero dicho con otras palabras y clasificando por temática. Eso también facilita que podamos volver fácilmente a las partes que nos interesa volver a leer. Hay secciones que abordan la fe desde la filosofía, otras desde la ciencia y otras desde la experiencia humana pura y dura.
Este libro comienza invitando a abrazar las preguntas y termina siguiendo con esa invitación, no respondiendo a todas y cada una. Es la continuación del proceso de sostenerlas y abrazarlas, esta vez con menos miedo y con más cariño.
Jesús a veces (muchas) respondía a las preguntas que le hacían no con respuestas, sino con más preguntas. No es casualidad. Precisamente, muchas veces las respuestas se encuentran en el camino de las dudas. Y si toda pregunta tuviera una respuesta inmediata, perdería toda la gracia, ¿no? ¿Dónde quedaría el espacio para descubrir por nosotros mismos? ¿Dónde quedaría esa satisfacción de dar con la respuesta (tipo "¡eureka!")?
Dios no es un dios predecible, pero de alguna manera es innegablemente intuible. Y lo precioso es que nos da ese espacio para dejarse encontrar, sin intervenir y condicionar ese hallazgo. Para que entonces confirmemos que nadie nos ha arrastrado, sino que simplemente nuestra vista se ha afinado (porque nosotros hemos persistido en la búsqueda).
Con ganas de que mucha gente lo lea y sigamos fomentando el pensar y no temer sostener preguntas de forma prolongada ✨ El FOMO ha impregnado incluso la búsqueda de respuestas, pero como toda comida de calidad, a fuego lento sabe mejor.