Lo que sostiene la trama de esta novela es la obsesión frente a las ausencias. Un hombre recibe una extraña herencia de una mujer a la que alguna vez amó. Se trata de una investigación inconclusa sobre cómo un grupo de escritores, lingüistas y psicólogos colaboraron con la dictadura militar argentina del 76 para elaborar un sistema de escuchas capaz de detectar palabras disidentes en conversaciones telefónicas. En su intento por ordenar y continuar ese trabajo, el narrador se pierde en laberintos del pasado que conectan a su vez con otro fantasma: el de Haruka, una hacker japonesa que en el año 2036 pasa a la clandestinidad luego de haber creado, junto con un equipo de programadores, una red social inmersiva que permite incluso interactuar con los muertos.
En Materiales para una pesadilla el mundo real se funde con el virtual porque ambos son el producto de una construcción narrativa, hecha tanto de lenguaje ordinario como del de la programación. A partir de personajes que deambulan en busca de espectros políticos y familiares, cultos tecnopaganos y una realidad fragmentada compuesta de documentos perdidos y testimonios grabados en cintas de audio, Juan Mattio retoma la tradición literaria argentina, que aborda al lenguaje como un artefacto complejo de representación y creación de mundos, para conectarla con el esoterismo tecnológico propio de las mejores novelas cyberpunks.
Juan Mattio nació en 1983 al oeste de la Provincia de Buenos Aires. Fue co-editor de la revista literaria “Juguetes Rabiosos”. Después tuvo un breve pero aleccionador paso por el periodismo policial y judicial. En el 2014 empezó a dar clases en la Facultad de Periodismo de la UNLP. Su novela “Tres veces luz” obtuvo una mención en el premio Casa de las Américas (Cuba) en 2015. Escribió a cuatro manos con Kike Ferrari “Punto ciego”, novela negra que fue editada por Vestales ese mismo año. Es hincha de Racing, le gusta la música de Tom Waits y la ética de Kafka. Vive, ama y escribe en Buenos Aires.
si bien hay algunas cosas que no me terminaron de convencer (algunos usos del lenguaje un poco demasiado intelectuales, que entiendo de donde vienen pero que me parecieron que rozan ya lo solemne), no hay nada parecido a esto en la literatura argentina. se nota la influencia de La ciudad ausente (pero acá sí hay historia, y está buenísima): hay una máquina que nunca se termina de describir bien, hay un grupo de creadores, está el trasfondo de la última dictadura cívico-militar en argentina. mezcla narración en varias líneas temporales, transcripciones de conversaciones grabadas, anotaciones salteadas que no parecen tener ninguna relación con la trama pero que sí, claro que la tienen, reflexiones sobre teoría, filosofía, memoria y lenguaje; todo eso hace una novela muy rara porque abre un montón de puertas y cierra pocas, porque el argumento va y viene y porque construye un mundo que está compuesto por pedazos de ficción, pedazos de teoría, entes programados para imitar y superar a su original, personas que siempre andan buscando algo y no siempre lo encuentran.
Me traje este libro de la FIL de BsAs, una recomendación de un amigo, bastante conocedor de literatura en general, pero en particular de todo lo que sea contemporáneo, latinoamericano y extraño. Un libro que rompe con las tendencias, que sale del molde que uno esperaría de una publicación de un sello de Novela Negra, como lo es Negro Absoluto. Pero empecemos por, ¿de qué diablos va este libro? Ya que esta no es una pregunta fácil de responder. Puedo hacer la respuesta aburrida y que no llega ni a rascar la superficie, que es decir que se trata de una novela semi epistolar, que sigue la investigación de un hombre, Keiner, sobre lo que le paso a alguien a quien amo, Katy, acción que lleva a cabo mediante lectura de incontables entradas relacionadas a libros, escuchas de grabaciones, entrevistas a personas que tuvieron algo ligeramente relacionado a una investigación científica y lingüística durante la dictadura, y que en paralelo, también sigue la historia de otros individuos y su búsqueda por interactuar con los avatares digitales de unos seres queridos que fallecieron hace tiempo. Es una descripción rara, si, pero no llega a explicar realmente de que va la novela.
“La tarde en la que empezó a contarme la historia de Hermes, mientras yo fumaba en el balcón y lo único que me llegaba de su presencia era el ruido del hielo golpeando el vidrio de los vasos, pensé que Katy no contaba para comprender. Su inteligencia se posaba sobre las máquinas como una mariposa de noche sobre la luz artificial de una lámpara. Giraba, en pequeños y caóticos vuelos, que no parecían llevarla a ningún lado. No le importaba. Ella componía un relato obsesivo, metódico, desprendido de cualquier utilidad. Lo hacía porque sólo en el lenguaje, encontraba una breve paz.”
El trabajo de investigación que tiene que haber llevado este libro es monstruoso, hay incontables referencias a libros bastante oscuros, a sucesos poco conocidos, pero reales, que de por si debe de haber llevado mucho tiempo no solo el investigarlo e introducirse en esos temas, sino el encontrar una forma de atarlo a la historia que se quería contar, y el de estructurarlo de forma que cada sección está en el lugar correcto. La narrativa fluye entre recuerdos de Keiner sobre su tiempo con Katy, a extractos de entradas de algo que podríamos entenderlo como un blog personal, a grabaciones de entrevistas, a notas encontradas y todo esto se desplaza con el ritmo necesario para mantener la tensión, logra conectar entradas esotéricas sobre libros rarísimos con historias perturbantes o mundanas sacadas de las grabaciones, o con su propio monologo, y todo mantiene el tono o ayuda a modularlo en el sentido correcto, incluso cuando hablamos de que las grabaciones hacen referencia generalmente a hechos sucedidos durante la dictadura (o posteriores, pero donde esta esta presente como un fantasma de fondo), mientras que Keiner y Katy, su historia, se ubica en un futuro cercano 2038/2040 aproximadamente. Y todo esto sin contar con que, los capítulos se separan en dos tipos, los que caen bajo Materiales, que son las grabaciones y entradas que esta siguiendo Keiner, y La Isla de los Muertos, que sigue una serie de historias paralelas, de personajes rotos, de gente que perdió a alguien y eso los quebró y ahora siguen con sus vidas como pueden, o de Haruka, la creadora del Treffen (una especie de Metaverso, por así decirle), y de el Die Toteninsel, una especie de Treffen paralelo, donde se encuentran los avatares de las personas que murieron, la suma de su huella digital, condensada en una entidad, una inteligencia artificial, que emula a esos seres fallecidos.
“La memoria tiene que ser mas que información. Más que datos grabados y almacenados en enormes paneles electrónicos. Una memoria es también todo el olvido y todo el secreto y todo el silencio del que somos capaces”
Al libro lo permea una atmosfera melancólica, triste que de a momentos se torna perturbante, mas cuando ahondamos en la idea del lenguaje como un virus, como algo ajeno que nos define, que muta y evoluciona y que puede ser usado en nuestra contra. Hay toda una parte de la historia que toca la relación entre la tecnología usada durante la dictadura para la vigilancia, para la represión, lo que el libro llama Hermes, una especie de proto-Guardian, un sistema de escuchas telefónicas que era capaz de comprender incluso las insinuaciones, las mentiras, las alegorías, usando diversos métodos lingüísticos en los que el libro se explaya abiertamente, y que son una de las cosas que lo vuelven tan interesante de leer.
“Nos estábamos deshaciendo, Katy y yo, de a poco. Pero la velocidad de nuestra desintegración siempre tuvo fisuras, intersticios, pequeños y breves y luminosos momentos de ternura y compasión. No escribo, entonces, sobre su totalidad. ¿Quién podría? Escribo para rescatar esas pausas del incendio donde nos consumimos.”
Es por lejos, de los libros más interesantes que leí en el año, original no solo en la trama, sino en las ideas y la forma de presentarlas, una estructura que sale de lo normal, que usa todos los recursos posibles para transmitir sus ideas, un libro que te hace pensar sobre el lenguaje y sus límites, sobre la tecnología y las consecuencias éticas, sobre el autoritarismo y la represión, pero mas que nada, sobre la perdida de seres queridos, sobre el dolor, sobre la memoria, sobre el olvido, sobre las diferentes formas que tenemos de lidiar con esas pérdidas, como nos pueden romper, como nos pueden cambiar.
““Proust nos heredó la posibilidad de que en la quietud de un momento aparezca la evocación de una acción pasada. Es una herencia ambigua. Su técnica narrativa se basa en congelar el presente para que el recuerdo irrumpa. Pero el peligro está en que la condición del recuerdo es la detención de la vida.”
Es un libro pesado, que avanzas lento, o mejor dicho, que cada avance se hace sentir, requiere de tu atención constante, no te lleva de la mano, te obliga a llevar a cabo la misma tarea que el narrador, la de investigar, la de tratar de entender, de atar cabos, de encontrar las conexiones y eso hace que no sea una lectura para cualquiera, es un libro que va a fondo en temas relacionados a la tecnología y la filosofía, que te obligan a pensar mientras estas leyendo para entender, para tomar una postura propia, para aprender. Y ese tipo de lectura no es amable, es desgastadora, y a la vez, es la mas gratificante, porque te deja una experiencia real, algo que te marca y que no se olvida, y creo que eso es de las mejores cosas a las que puede aspirar un libro de ficción, a perdurar en nuestra mente, a formar parte de nosotros. Pero justamente por todo esto, es que lo recomiendo, y que creo que cualquier fanático de la buena ciencia ficción puede disfrutar, no es una novela escapista, es todo lo contrario y por eso es magnifica.
Este libro es un monumento. Es difícil, es lento, es denso, no tiene, ni le interesa seguir una historia lineal, aunque sí tiene clímax y sí se resuelve, pero dista mucho de parecer una novela tradicional, si es que esto es una novela, o es más bien un reporte de investigación ficcional, o una novela ensayo; y no se puede leer con rapidez, y muchas veces cuesta unir los fragmentos para darle sentido, a veces uno pierde el hilo conductor, me quedé dormido casi cada vez que me sentaba a leer (me lo leí en un mes, no es un libro que uno se “devoré”.) e incluso consideré dejar de leerlo, pero no lo hice.
No lo hice precisamente porque el libro tiene esa cualidad que tiene digamos El nombre de la Rosa o el Péndulo de Foucault. Es un laberinto, que se abre más y más hacia un abismo, con temas absolutamente fascinantes sobre el lenguaje, la inteligencia artificial y la realidad virtual, así como el yo y la individualidad de un ser vivo. Más que eso, el texto me hizo desconfigurar mi forma de leer, reconfigurar la estructura de mi cerebro, sentí que el libro era un virus, y me hizo ver todo de otra forma. Un programa se instaló en mí. Y pensé en texturas, en palabras clave, en cultos enloquecedores. Y además el texto despliega una maestría y erudición en muchísimos temas desde un punto de vista pseudo académico que impresionan por su profundidad. Bravo.
La historia es la de una obsesión. Una mujer, Katy, está, o estuvo, tras las huellas de una máquina. Un aparato utilizado durante la última dictadura militar argentina como una forma de detectar subversivos para capturarlos. Un sistema instalado en la red telefónica capaz de identificar ciertas palabras y deducir la naturaleza disidente de las conversaciones. Sin embargo, esta tecnología tiene ramificaciones que llegan hasta cincuenta años más tarde y es utilizada por una programadora japonesa como base para una nueva aplicación de realidad virtual. Un producto disruptivo, un servicio que ha incorporado tantos usuarios que ha logrado replicar el mundo real. La novela, entonces, tiene dos partes que se entremezclan. Tiene, lo que se llama, una estructura pendular. La historia 1 es la del narrador/protagonista, heredero y deudor del proyecto de la mujer que amó. Como en un rompecabezas, intenta reconstruir los hechos que su amiga estuvo investigando durante los últimos años de su vida. La historia 2 es el relato, en apariencia independiente, del diseño y la implementación de esta red social virtual que lo devora todo y sobre un sector en particular de la red, Die Toteninsel, donde el código de los usuarios fallecidos se acumula como en un eterno purgatorio. Mis comentarios se van a centrar en esta segunda historia.
Tradicionalmente la ciencia ficción se encargó de naves espaciales y seres de otros planetas. En forma paralela a esas publicaciones, se desarrolló en la Tierra una tecnología totalmente distinta, inimaginada, que posibilitó ese otro nuevo mundo inexplorado: internet. Esto dispuso nuevos materiales y por lo tanto, nuevas escrituras. Cada vez con más frecuencia aparecen relatos en los que los protagonistas ya no son científicos (como en Asimov) o proletarios (como en Philip K. Dick), sino programadores, tal vez un personaje intermedio que es a la vez poseedor de un conocimiento específico y mano de obra al servicio del capital. También los escenarios cambiaron; ya no se camina con cuidado y protegido por un traje espacial sobre la superficie de una geografía amenazadora (como en tantas space operas), sino que los cuerpos son dejados de lado en favor de sus representaciones virtuales. Los personajes son menos carne que procesos mentales ocupados en manipular estructuras igual de abstractas. En esta línea de novelas, se inscribe Materiales para una pesadilla, de Juan Mattio, que cuenta con hermosas imágenes como esta para hablar de algo que para la mayoría de las personas es rígido e indiferente: "Paseaba por un espacio que no era más que código que se desplegaba frente a ellos como un origami hecho no de papel, sino de matemáticas".
El origen de la pesquisa de Katy se ubica en la Biblioteca Nacional, donde trabaja en el novel Departamento de Cibercultura, que tiene el objetivo de investigar el impacto de la cibernética en la sociedad: estudiar códigos de programación como una forma más de la creatividad. En el primer capítulo se nos cuenta que los viejos investigadores de la institución se negaron a participar del proyecto, ya que, según ellos, “el código no era texto” y un programador nunca sería un escritor. La refutación de esa tesis es una idea central en el libro. Cuando se nos presenta a Haruka, la programadora japonesa que vive en un polo tecnológico en Berlín y es la otra protagonista del libro, no se la describe como una persona sin visión más allá del código que tipea, sino como alguien que tiene muy presente que su accionar modifica el mundo, que el diseño “es una rama de la filosofía”. Alguien consciente de sus capacidades y de su alcance. El diseño, piensa, “es aliado del cambio y de los débiles”. En algún punto de la historia, esta visión choca con la de los inversores. (Haruka reflexiona sobre cómo programar el cielo de esta nueva realidad virtual que está construyendo: “Quería que fuera un tono azulado imposible de encontrar en la naturaleza, un azul sintético, que no imitara el mundo real, sino que hiciera evidente la condición artificial de todo el entorno”. Y después: “Los inversores querían tranquilizar a los usuarios. Haruka, en cambio, querían incendiar sus percepciones”). Cuando los ángeles de capital secuestran la tecnología para sus fines espurios y desplazan a Haruka de su rol de Jefa Creativa, ella rescata el código y los datos de los usuarios fallecidos y los lleva a nuevos servidores en en los que crea una isla, un lugar oculto en la red donde los nuevos usuarios que logran encontrarlo desarrollan su propia cultura, con mitologías y religiones. Erik, uno de los visitantes a Die Toteninsel, reflexiona por qué el lugar es tan distinto a la realidad virtual comercial que había conocido hasta ese momento: “...se pregunta por qué habían programado ese polvo persistente sobre todas las cosas”. La explicación no se hace esperar: “Los entornos RV solían ser mundos simplificados que prescindían, sobre todo, de fenómenos climáticos y ambientales por la complejidad que suponían para el lenguaje de programación y lo poco que aportaba a la experiencia”. Ahí encontramos el leitmotiv de Haruka y de Mattio. El trabajo por la belleza. Las máquinas con espíritu. Lo hipnótico de la repetición. El valor de lo roto y vuelto a armar. El libro, este libro, como mecanismo.
Digámoslo pronto y pasemos a otra cosa: estamos ante un nuevo clásico. Un pan recién salido del horno del que, intuyo, se escribirá y se armará un árbol genealógico e insertará en una tradición literaria. No me toca a mí (ni a nadie) decir qué lugar ocupará Materiales para una pesadilla en el canon de la literatura argentina. Eso es asunto solo del libro y de cómo envejezca. Pero ya hay indicios fuertes de que tendrá una buena posición. ¿Por qué? Bueno, se publicó por primera vez hace 4 años en una editorial dirigida por Ricardo Romero, uno de los lectores con mejor criterio que hay por estas latitudes, y cuatro años después ve su primera edición en Caja Negra, lo cual hace que su palabra se expanda rápidamente.
Materiales para una pesadilla de Juan Mattio es uno de los mejores libros escritos en este primer cuarto de siglo y un libro hijo de este tiempo múltiple, fragmentado, complejo, triste, cruel y extrañamente aburrido y repetitivo. Uno de los mejores logros que tiene, de hecho, es en no ocultar la multiplicidad de fuentes, un palimpsesto que se enorgullece de su naturaleza, porque se es lo que se es.
El libro (¿novela?) trata sobre dos tramas licuadas y tristes. La primera, la de los materiales, ubica a un narrador en un futuro próximo (año 2040 más o menos) recordando diálogos con una mujer que amó y que murió ciega y enferma. En esta memoria hay un legado pedido por ella: la redacción de un libro (¿de investigación o novela?) sobre un dispositivo que se usó durante la dictadura militar de 1976 - 1983 para pinchar conversaciones de teléfonos a partir de palabras claves que digan los sospechosos. En una trama paranoica, quienes se encargaron del diseño fueron intelectuales, lingüistas, investigadores del CONICET con una doble vida. Por lo tanto, estas personas fueron más allá de las palabras más conocidas por la subversión y llegaron a un gen primario del habla de las personas, una conexión similar al ADN a partir de las palabras que hacen que una persona sea única e irrepetible. En su investigación, el narrador da con unas cintas grabadas TDK de entrevistas sin mayor especificación de quiénes son los que hablan. En las cintas aparece la figura fantasmal de Miguel Jemand, casi un habitante de la Zona, un stalker inasible, sin fotos ni palabras propias, pero que aglutina todo. En la figura de Jemand se construye un personaje que me recordó a Ruiz-Tagle, el aviador artista y genocida de Estrella distante de Roberto Bolaño.
En la otra línea argumental, La isla de los muertos, aparecen otras figuras fantasmáticas relacionadas con una red social superadora de todas las que hay actualmente, una red de VR similar a Real Life, pero que enganchó a la población mundial. En esta línea brilla la figura triste de Haruka, una hacker trotskista japonesa que trabajó en el diseño de la red para el monstruo capitalista que la lanzó. Haruka se encuentra desaparecida en la actualidad y en esta línea se van develando momentos que conectan con la primera trama.
¿Es esto todo? No, claro que falta mucho. Y allí reside la complejidad y el desafío de leer Materiales para una pesadilla. Cada arista y cita de los archivos que se presentan despliegan inquietudes sobre el lenguaje, la existencia y el atenazamiento de la memoria y la culpa que todos tenemos. Porque el futuro permanece constantemente cancelado en cada decisión de repetiro patrones y modas del pasado en vez de buscar un salto hacia el futuro. En ese pasado, como entidad amenazadora e imán, aparece Die Toteninsel, la última creación de Haruka en el Treffen, la red social VR. Lugar prohibido y peligroso en el que se puede dialogar con nuestros muertos, o, mejor dicho, con bots que reproducen a nuestros muertos a partir del detritus que dejaron en vida en su uso discursivo de dispositivos y redes sociales.
Porque la peor pesadilla es la conciencia de habitar en un loop que se va desintegrando como los de William Basinski sin poder hacer nada por detenerlo.
el tipo de libro que tendría un foro en el que se discutan sus ideas y recorridos, se armen conspiraciones ingenuas, mapas apócrifos, si todavía existiera algo así en la web; un espacio en el que corran sus personajes como glitches destinados a perturbar nuestra navegación en ese no-lugar adentro nuestro que es internet. sé que va a infectar mis pensamientos por mucho tiempo, y que al igual que el narrador, el viaje que comienza ahora que termine los materiales de la novela, será una búsqueda por los recovecos de la memoria.
A pesar de estar editado en una colección de novela negra (Negro Absoluto) este libro dificilmente califica como tal, funciona más como una colección de ensayos y reflexiones sobre el lenguaje montado sobre una historia mezcla de relato cyberpunk y literatura testimonial sobre la dictadura argentina. Dicho eso, aunque no es un thriller clásico el libro no deja de ser muy interesante de leer.
Rescato un par de fragmentos que me gustaron mucho:
"Pensaba en lo obvio: nadie tiene un destino. Las olas que golpean contra las rocas participan del libre albedrío tanto como nosotros. Arrastradas por la misma fuerza inerte y estúpida. Una fuerza que ellas tal vez no perciben y que con seguridad no comprenden."
Y este otro:
"Cuando tenía trece o catorce años, tomaba ese mismo tren y el mundo parecía abierto en cientos de posibilidades. Podía bajar en cualquier estación y deambular por un barrio desconocido, y esa era mi forma de percibir la vida adulta. Ahora sé que nadie elige nada, que todos estamos atrapados en rutinas que no tienen salida. Nadie, acá, en este tren, puede desviarse sin abrir una crisis. La vida no tolera lo imprevisto."
Es como si la Ciudad Ausente de Piglia de repente tuviera un hermano. Ciencia ficción pero lingüística pero programación pero historia argentina. Pero o Y, más bien. Siento que quizás es una novela algo de *nicho*, lo bueno es que es mí nicho así que me resultó fascinante.
un poco ricardo piglia meets david foster wallace. me ha gustado pero pensaba que me iba a gustar más, me parece que tiene algo de ciberpunk impostado que no termina de funcionar. por lo demás, muy bien.
si alguien la empieza y no le gusta, recomiendo darle de margen hasta la página 50 o así.
terminé este libro después de meses, con facultad y vida de por medio. es un libro que me costó al principio, después me fascinó y no quería soltar, pero siempre se hizo pesado, dificil de leer. es un libro oscuro. a veces lo sentí muy propio, como si mis miedos y mis pensamientos estuvieran trasladados a lo fisico. es un libro completamente inteligente: la realidad es llevada a la ficción de una manera tan delicada que todo el tiempo estas preguntandote si esto será un hecho real o no. es un libro sobre las ausencias, la psicología, la tecnología, y fundamentalmente sobre el funcionamiento del lenguaje: ¿qué hay detrás de las palabras? ¿qué hay cuando se pierde la capacidad de decir? ¿el lenguaje nos constituye o nosotros lo construimos? a traves de las cintas, los fragmentos, las historias de los distintos personajes, se armó un libro exquisito, que te envuelve, te desarma, te asusta. no creo que sea para cualquiera, pero si creo que el que pueda adentrarse se va a sorprender y, sobre todo, aprender mucho.
Es... a ver, tiene sus defectos, en mi opinión se prolonga demasiado en algún tramo.
Sería estúpido, por otro lado, centrarse en eso, cuando tiene aciertos tan grandes. Tanto estéticos (el mundo que propone, de RRSS controladas por una especie de capitalismo de estado alemán liderado por una japonesa que no encuentra su lugar) como discursivos (un chorro de reflexiones sobre el lenguaje, entre otras muchas cosas).
Sin dejar de ser una novela cyberpunk, toca tantos temas y con tanta densidad (en el mejor de los sentidos) que me parece de locos que esta novela no dé mucho más que hablar.
La pesadilla es un sueño, en principio. La pesadilla es un mal sueño del que se escapa al despertar. La pesadilla queda atrás al abrir los ojos. Pero qué pasa cuando la pesadilla está por delante.
En "Materiales para una Pesadilla", un hombre busca la forma de escribir un libro, de exponer materiales de diversas fuentes para mostrar la pesadilla sin necesidad de contarla. Una pesadilla en que la tecnología y el lenguaje se vuelven enfermedad, en la que el virus que se propaga es la palabra y la inteligencia artificial se convierte en amenaza.
Con una prosa fría y recorriendo el desarrollo de sistemas de inteligencia del siglo XX en camino al siglo XXI, el autor consigue adentrarnos en esta pesadilla que se desarrolla en un futuro cercano, tan cercano que casi la podemos ver llegar.
Buena ciencia ficción, no es lo que más me gusta a mi en ciencia ficción. Por momentos densa la lectura, sin embargo interesante. El desarrollo es cansino, pero llega a puerto. Como siempre les digo, es mi opinión y no por eso no puedo dejar de avisarles que igualmente, es un material que vale la pena leer si quieren conocer una escritura distinta, una forma diferente de contar una historia, una novela que, a mi me dejó pidiendo más, pero no un mal sabor en la boca. Fue como tomarme un té en una estación de servicio, algo que me agrada, pero que me permite llegar a la próxima lectura. No me termina de llenar, aunque no está mal para pasar un rato más sin hambre de libros y ciencia ficción.
Ciencia ficción a la orden del lenguaje. Un gran libro sobre la obsesión en diferentes matices en un mundo hipertecnologizado con uno de sus pilares puesto en la última dictadura argentina, todo con costos altísimos.
Si pudiera, le daría exactamente 3 estrellas y media, pero voy a ser bondadoso por lo que me hizo sentir este libro en su primera mitad. Cuando arranqué a leerlo sentí que en mis manos tenía una obra maestra. Me hizo acordar a Neuromante de William Gibson, si bien es un poco cliché la referencia, en las primeras cincuenta páginas uno se entrega al caos y se somete a avanzar en la lectura, aún no entendiendo del todo bien que está pasando, con fé en que ese caos en algún momento va a ordenarse. Creo que el punto flojo de esta novela, para mi gusto, es que el caos no termina de ordenarse del todo en ningún momento y pasada más de la mitad del libro, el autor sigue acumulando referencias y el lector, entre culpable por no saber de qué se tratan y hasta un poco perdido por el constante bombardeo de citas, nombres y fechas, sigue avanzando en el texto pero ya con cansancio, tratando de apartar un poco la hojarasca de información y disfrutando cada vez que el texto agarra autopista y avanza en la trama (la trama es muy buena, por cierto y es lo que hace que le haya dado 4 estrellas). Para concluir, retomo lo realmente bueno del libro: el hecho de plantear que hubo una máquina configurada para detectar "palabras comunistas" en las llamadas telefónicas durante la época de la dictadura, me sigue pareciendo brillante. Los invito a leer el libro para ver cómo eso desemboca en una buena novela cyberpunk argentina.
El modo en que está estructurada la novela me llevó a que me haya costado adentrarme en la historia. Ambas historias son interesantes, aunque en los capítulos de materiales avanza lento y a veces pareciera que da vueltas. Sin embargo, es entendible por lo que implica la búsqueda del personaje. Entiendo que hay cierto nivel de cultura en el narrador o en la pareja de él que hace que lo lleve a reflexionar sobre el lenguaje, entre otros temas, pero muchas veces la alusión reiterada a determinados autores o términos teóricos era una pretenciosidad que me sacaba. Por otro lado, la historia y la tecnología que se desarrolla en La isla de los muertos me gustó. Me compró la rigurosidad con la que se trata la realidad virtual y la programación (temas de los que desconozco absolutamente) y me hace pensar que no estamos tan lejos de que esto suceda. Probablemente si la leyera de nuevo, la disfrutaría (y entendería) más. Aún así, reconozco el valor que tiene la novela y que es un gran representante de la ciencia ficción argentina.
Revivió la ciencia ficción, como no podía ser de otra forma, de la mano de un argentino.
Este libro es una locura, compuesto por miles de detalles, todos pensados. Un recorrido por procesos de duelo y también por mundos probables y cercanos, recordando luchas sociales aun vigentes.
Es una lectura compleja, no se lee rápido (y es la gracia también), hay que entender conceptos tecnicos durante las primeras paginas para poder entender un poco de este mundo (que tan lejos del propio no parece estar). Es la primera vez que leo ciencia ficcion contemporanea con el mismo vertigo con el que lei el género en mis primeras lecturas.
Diferentes voces narrativas intercaladas entre parrafos en donde terminas reconociendo el estado emocional y temporal de los personajes, pocos libros tan bien escritos. Qué escritor del carajo es Mattio, una narrativa brillante.
Un rompecabezas que no suelta al lector hasta el final, en donde incluso quedan sobrevolando más preguntas que respuestas. Un relato distópico, con una estructura muy bien lograda, que nos adentra (tal como anuncia el título) en una pesadilla que (de manera siniestra) podría ser más real que lo que aparenta. Cómo recuperar aquello que hemos perdido? De qué manera el lenguaje nos encadena a un pasado que nos persigue como sombra para decir más de lo que nosotros creemos? Para resaltar: el trabajo con la perspectiva filosófica, el anclaje histórico en esa época oscura que fue la dictadura cívico militar argentina.
Este libro es un gran desafío: es increíble pero incómodo de leer, te perdés por momentos, no sabes si es una novela de ciencia ficción o un ensayo. No entendés si todas esas teorías son reales o producto de la imaginación del autor. Pero qué placer leer un libro que te obligue a soportar, en el mejor de los sentidos. Un reseteo a la instantaneidad. Mención especial al increíble laburo de investigación que hace el autor. Los recovecos del lenguaje siempre me apasionaron, y es increíble cómo extiende la visión de la inteligencia artificial. Un libro que se va a leer por décadas.
Me gustó mucho. El texto navega constantemente entre citas, grabaciones de casetes y entradas de diario, lo que al principio resulta un desafío. Sin embargo, al finalizar la primera sección, el ojo se habitúa a esta mezcla de recursos, y la novela comienza a ofrecer una experiencia de subtexto constante e inevitable que se agradece. El cierre de la obra es particularmente absorbente: la promesa de respuestas se cumple de manera ambigua. Esto no es una debilidad, sino un acierto. La prosa tiene momento muy bellos.
Uau. Atrapadíssim en aquest trencaclosques laberíntic carregat de referències. M’ha absorbit i m’ha encantat. Potser l’he llegit més ràpid del que seria recomanable però no podia parar.
És un llibre tossut, que demana els cinc sentits i, com no, que tinguis bona memòria, pero et va abocant reflexions i preguntes prou interessants sobre el llenguatge, la memòria, o la dualitat entre individu i projecció.
El final és una mica densot, potser massa pel meu gust, però he gaudit tant del camí que res em pot teure d’aquí.
Una novela de la concha de la lora! Hasta la parte del agradecimiento está buena. Generosa en relato, en datos, en música, en libros, en autores, en realidad, en ciencia ficción,en personajes, en narrativas. Tuve la misma sensación con nuestra parte de noche y con los detectives salvajes, un cliché ya lose, pero que novelones, me quise morir cuando termine el libro. Soy muy dramática pero todo es cierto. La oscuridad y lo tierno tienen un lugar donde leerse.
No pude parar de leerlo. Esperaba a terminar de hacer cualquier cosa que estuviera haciendo para seguir. Dialoga con “Nuestra parte de noche” de Enríquez en el uso de un género (allá terror, acá cyberpunk) para hablar de la dictadura; aunque va más allá de eso, y el sentido de “desaparecer” cobra otra dimensión, más cercana en el tiempo pero también macabra.
Como ya han indicado muchos el libro es denso, al principio incluso un poco confuso por la mezcla de narradores, tiempos y formas de avanzar en la historia y los materiales pero según ha ido evolucionando y he ido comprendiendo todo e hilando las partes me ha parecido una grandísima obra que te hace pensar por una parte y por la otra te entretiene
Esta novela de Juan Mattio es una gema. Una historia ciberpunk con un programa de historia cultural oculto en el corazón del relato. ¿Podría un programa de microanálisis de palabras identificar la actividad de los sujetos y sus comportamientos? Magia pura.