Do NOT merge. All editions should have F. Scott Fitzgerald as primary author. Editions with Francis Scott Fitzgerald on the cover should have that name as secondary author.
En un mundo de lujos, fiestas y desenfreno es en el que se desarrolla la novela de El Gran Gatsby, en la isla de Long Island, Nueva York.
Nick Carraway, narrador testigo en la novela, se traslada desde el Oeste de Estados Unidos al West Egg en Nueva York. Resulta que el alojamiento donde se consigue instalar linda con la lujosa mansión de un misterioso Sr. Gatsby.
La mansión acoge toda clase de eventos festivos de las altas esferas de Nueva York todos los fines de semana, convirtiendo la casa de Gatsby y sus amplios jardines en el acontecimiento más popular entre la gente sofisticada y con mayor poderío económico de la ciudad.
Nick, coincidirá con antiguos compañeros de carrera a la vez que la curiosidad le arrastrará a conocer al hombre que hay detrás de las grandes fiestas celebradas en el portal de al lado.
El matrimonio de los Buchanan; Tom y Daisy, y la golfista Jordan Baker, jugarán un papel importante en la novela, tanto por la relaciones que se irán tejiendo entre ellos como por aquellas que llevan años “enterradas” y saldrán de nuevo a flote a raíz de ciertos encuentros no tan fortuitos.
Una novela que nos muestra una sociedad altiva, arrogante, caprichosa y materialista, que refleja de una forma magnífica el poder del dinero y su influencia en la personas, doblegándolas a su voluntad y despreciando ese otro mundo paralelo que vive ajeno a ese universo de grandiosidad.
Destacar la preciosa edición de Nørdicalibros dedicada al centenario de la novela, con unas ilustraciones a modo de bocetos que sumergen más si cabe en la obra.
“Cuando yo era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo que he tenido en cuenta desde entonces. «Cada vez que sientas deseos de criticar a alguien —me dijo—, recuerda que no todas las personas de este mundo han tenido los mismos privilegios que tú».”
En las segundas lecturas ocurre algo casi paradójico: no volvemos al mismo libro, sino a uno nuevo, habitado por preguntas distintas. Esto me sucedió con El gran Gatsby, la cual leí está semana y percibí como un espejo incómodo de su tiempo… y del nuestro.
En esta nueva travesía percibí a Gatsby como una metáfora en dos direcciones. Por un lado, encarna el optimismo febril de los llamados “locos años veinte”: una época que se construyó a sí misma como espectáculo de abundancia, exceso y promesa ilimitada, pero que llevaba en su interior las semillas de su propia ruina. Gatsby no solo habita ese mundo: es su expresión más refinada y, al mismo tiempo, su grieta más visible.
Por otro lado, puede leerse como una reescritura moderna del mito del rey Midas: en su obsesión por poseerlo todo, termina vaciando de sentido aquello que adquiere. Su tragedia no radica en la imposibilidad de alcanzar sus sueños, sino en lograrlos bajo una lógica donde el valor ha sido sustituido por el precio. Así, Gatsby no es simplemente un personaje, sino una advertencia: cuando todo puede comprarse, incluso los sueños terminan perdiendo su sustancia. Y al final solo pudo señalarse de él eso: su sueño.
La lectura se me ha complicado en algunas partes debido a los juegos de palabras y a las sutiles ironías que Fitzgerald emplea a lo largo de la obra. Aun así la novela me ha gustado, en especial porque trata temas relevantes que siguen siendo muy actuales, como la obsesión por los sueños imposibles, el vacío detrás del lujo y la inevitable tragedia del amor no correspondido.