Esta historia, ambientada en varios lugares chilenos de la época de la dictadura, tiene un tono misterioso y críptico que se lo da la misma narración. Una niña es la que nos va conduciendo por los vericuetos que conforman los fragmentos de su familia, integrada por el padre, la madre y dos hermanas.
Esta niña va creando una ruta crítica que comienza con su nacimiento y recorre un camino que al principio es misterioso, lleno de personajes enigmáticos y una estela sobrenatural. Sin embargo, conforme los años pasan y el velo se corre, descubre que su familia no es como la de las demás niñas que conoce; aun así, sin cuestionarse, aprende a vivir con un nudo en la garganta y con el desprendimiento necesario para poder dejar ir las cosas y a las personas que le importan.
El libro deja un planteamiento muy intenso: ¿hasta dónde los ideales de una persona pueden mantenerse cuando significa poner a tus hijos en una zozobra constante?
¿Cómo conciliar ese afán de cambiar el mundo y, al mismo tiempo, ser capaz de criar hijos felices? ¿Se pueden conciliar las dos partes o se debería elegir alguna?
Es un libro que me ha hecho reflexionar bastante sobre la paternidad y la maternidad responsable, y sobre lo desprotegidas que están las infancias ante las decisiones de los adultos.
Me ha gustado, aunque hubiera preferido un final donde pudiera tener más datos sobre ciertos personajes que, en algún momento, simplemente se desvanecen.