Jonathan Royce tiene un propósito en la vida: conseguir un ojo nuevo y largarse de la ciudad antes de que sus múltiples perseguidores lo atrapen y acabe en prisión (otra vez). Pero el androide no pondera que su huida hacia adelante podría empujarle de cabeza hacia algo mucho peor que una celda.
El espacio sideral está lleno de criaturas peligrosas: dientes escapistas en busca de sabiduría, invocadores de eldritch sin licencia, minitauros vengativos con vocación de chefs, vagimédiums de tarifas altas y dudoso resultado… Y, por supuesto, las temibles tortugas ninfómanas gigantes que fecundan narices desprotegidas.
¿Logrará Royce sobrevivir al periplo entre dimensiones y hacerse con un ojo decente? ¿Descubriremos por qué resulta tan arrebatadoramente sexy este montón de chatarra tramposo y vividor? Y lo más importante: ¿superará su incapacidad crónica para actuar con un mínimo de moral?
Prólogo de Sergi Álvarez
Nota: aborde esta lectura con la nariz protegida y la tapa del baño bajada.
Programadora de profesión y escritora y escaladora de corazón. Se formó en la Escola d’escriptura de l’Ateneu Barcelonès. Su perrito Lolo, también conocido como Lord Satán de los mil demonios, es su principal compañero de fatigas.
Tiene varios cuentos publicados en las revistas Círculo de Lovecraft y Penumbria y formó parte de Terroríficas II con «Al crujir los árboles». «Periplo de un pobre soñador que quería ir al Carnegie Hall» (Valores familiares, Orciny Press), fue su primera incursión en el bizarro, género del que ya no salió. Su publicación más reciente, «Las espinacas no son la solución», forma parte de la antología Arcana Sectarium editada por Apache.
Jonathan Royce es un androide con la programación de moral dispersa que con un ojo que no es de su talla huye de sus perseguidores y las tortugas.
Bizarro, divertido y cuqui. Lo de cuqui se entiende al final, mientras el viaje del androide está lleno de horrores, disparates y situaciones que ponen a prueba la cordura del lector.
¿Me acabo de leer esta fumada tan divertida? ¡Pues sí, acabo de hacerlo! ¿Os la recomiendo? ¡Sin dudarlo!
Pero, ¿de qué estamos hablando? Pues hablamos, cómo no, del libro cuya portada tenéis más arriba, ese que ha escrito Beatriz Gallo, a quien conocí gracias a la comunidad del bizarro que aglutina Orciny Press, y a la que estuve apuntado una buena temporada. ¡Y menudo libro nos ofrece Bea! Divertido, atrapante, asqueroso, y por momentos, asquerosamente divertido. No es un libro al uso, no ya por el título, si no por el formato, uno que no se estila mucho últimamente en el fantástico y que yo no he visto antes en el bizarro, género al que pertenece este Jonathan Royce y que, en este caso, como buen integrante del género, nos va a dejar casi todo el rato con el culo torcido y el cerebro resquebrajado. Se nota que me lo he pasado bomba. ¿Un diente que quiere ser arrancado de la boca para irse a vivir su vida? ¿Un robot de dudosa moral aficionado a las apuestas? ¿Tortugas ninfómanas follanarices? ¿Una metralleta con croquetas como munición? Todo eso y mucho más vamos a encontrar en estos relatos que se estructuran a modo de fix-up cronológico. Puedes leerlos independientes, pero forman un conjunto que se estructura como si fueran capítulos, con unos títulos que remiten a la fantasía infantil clásica y a la picaresca española. Si encima mezclamos en la coctelera el Mendoza de Sin noticias de Gurb, Douglas Adams, el humor de brocha gorda de los Farrelly y a Sergi Álverez (sobre todo a Sergi Álvarez, que es quien hace el prólogo), pues ya lo tenemos.
Es un libro al que acercarse sin prejuicios y con la mente abierta, pero si lo haces te vas a reír muchísimo. Yo sólo le he encontrado, ¡ay! una pega, pero es una pega para mí bastante grande, aunque no insalvable, prueba de ello es que os recomiendo el libro. Las digresiones, es decir, las notas al pie. Al principio cansan, y creo que es un humor que hubiera podido integrar en el texto. Es, quizá, lo que evita que se aleje de su maestro y amigo Sergi Álvarez, pero bueno, yo lo he disfrutado igual y cuando vuelva Bea al formato largo ahí estaré para leerme lo que tenga a bien ofrecerme, porque:
Tenía la ligera intuición de que la lectura de este libro iba a ser rara. Era mi primer acercamiento al género bizarro.¡Me encantó! Los personajes surrealistas, imposibles, desconcertantes, pero tan tiernos que se quedan contigo mucho después de los relatos. Las historias no responden a la lógica convencional, aunque sospecho que, por las risas que me acompañaron en la lectura, el sentido hay que buscarlo en otra geografía. Totalmente recomendable.
Un recull dels relats de bizarro què són molt divertits i que m’han fet riure molt. En aquest llibre, pots trobar tortugues nimfòmanes, un robot estrafolari, un cuc amb mil culs i moltes situacions deliciosament estranys. Els relats tenen relació entre si i el llibre té un final esplèndid on pots trobar una reflexió bonica sobre l’amistat i l’amor.
Moltes gràcies a l’autora per donar-me moltes rialles i fa volar el meu ment a través el multivers i més enllà!
Creo que no he entendido ni lo que creo que he entendido. Eso sí, dibuja escenas tan extrañas que te harán dudar de si has leído bien. Divertido si te dejas llevar sin hacer demasiadas preguntas.
Lo compramos, literalmente, por el título y la portada. No me ha defraudao.
Si le doy 4 en vez de 5 estrellas, es porque ojalá hubiera sío más largo, se me ha quedao en la muela.
Al principio, na, las dos primeras páginas, me costó un poco meterme en situación, pero es que las situaciones no tienen ni pie ni cabeza 😂 Luego te metes de lleno en las historias y les coges hasta cariño a los personajes.
Son divertidos, tienen sus dramones, sus historias, al final te crees que existen y to. Ya te digo, me quedo con ganas de más aventuras.
Por si el título y la portada no lo sirven en bandeja, estamos ante un libro extraño de narices, en el buen sentido.
Jonathan, un androide que viaja por el espacio en busca de un ojo humano (no preguntes), sufre el ataque de las tortugas que figuran en el título, que planean penetrarle por cualquier orificio con sus tentáculos y desovar dentro de su cuerpo. Así tal cual. Es mejor que sigas sin hacer preguntas.
No os dejéis engañar. El Jonny es un canalla de mucho cuidado. Va por ahí, por distintos mundos provocando el caos, cual criatura infernal suelta por el hiperespacio. En cada capítulo causa estragos allá donde va. La verdad, hay que ser un genio del mal para putear así a tantos personajes.
Me ha parecido una novela superdivertida, que no aburre en ningún momento, alocada y que derrocha imaginación por los cuatro costados. Una completa locura de principio a fin perfecta para desconectar.
Si eres como yo, le acabarás cogiendo cariño a las tortuguitas.