Me lo he leído en menos de 24 con una intensidad que hacía mucho que no sentía, pero que necesitaba. Es un libro tan bien hecho que hasta a veces me paraba a pensarlo mientras leía, la voz de la protagonista es tan natural que, incluso pensándolo, es fácil olvidar que es un personaje y no alguien real, los amigos tienen su aportación tan perfecta que son entrañables y se trata tan bien el tema de los cambios relacionados con la universidad, los estudios y el futuro de quien tiene la vida por delante que sé que me habría venido genial leerlo cuando estaba en el instituto (y muchos años después de la EVAU, cuando esta parece un triste chiste con la distancia, me lo sigue pareciéndolo).
Y, a ver, en parte yo necesitaba este libro porque una parte de mí con la edad adulta (y el descenso de calidad del mundo literario) había olvidado lo mucho que le gusta una buena novela juvenil, un buen romance, pero esa parte de mí no ha muerto, solo estaba mal alimentada porque lo que encontraba por ahí no era lo suficientemente bueno, pero ahí ha llegado Michelle Durán a obsesionarme como hacía mucho que no hacía. No suelo dar 5 estrellas a libros "sencillos", al final yo no puntúo solo por las sensaciones, pero es que no solo supera en calidad al 90% de su género, sino que sabe un poco a refugio literario y a risas, como esas noches de la infancia en la que veías El club de la herradura en Disney Chanel cuando los adultos ya dormían. No solo la sensación en bella, sino que lo bien hilado que está todo también lo convierte en un libro merecedor de todos los halagos y obsesiones, que es más o menos lo que yo he sentido con este libro.
(En parte por culpa de Hunter, especialmente por culpa de Hunter).
He reído a carcajadas, releyendo la situación varias veces (te miro a ti mando a distancia, gran amigo mío) porque con este elenco de personajes es difícil no hacerlo. Los mejores amigos y sus intereses amorosos me han caído bien como hacía mucho que unos personajes secundarios no lo hacían. Además, es muy de agradecer que cada uno tenga su momento, su conversación sobre las expectativas que hay sobre ellos, el no encajar aunque sí que encajes y solo sea una sensación fruto de nuestras inseguridad, el tener miedo y, aun enfrentándolo, que duela y persista en nuestros corazones. Cada trama secundaria se relaciona con la principal como un perfecto jersey tejido por la señora Prior (otra cosa que me ha gustado mucho) y que aporta una maestría a la obra que no muchas plumas consiguen hacer con tanta delicadeza y remate certero. Si no fuera porque Hunter me ha conquistado por quién es, por sus diálogos y sus particularidades, el resto de la novela se sostiene por sí misma y estaría muy bien como una obra sobre el cambio y el amor no romántico, PERO ESTO SOLO MEJORA PORQUE HUNTER EXISTE (y en mi adolescencia me habría hecho olvidar que esto está basado en Estados Unidos para aspirar a enamorar(me) de un estadounidense).
Ivory (me gusta cómo suena su nombre completo, mis disculpas) me ha parecido un personaje muy completo, que no es solo sus inseguridades, y que tiene que ser genial para las muchachas que puedan verse en ella (a mí es que ya me pilla con demasiadas canas, pero mi yo del pasado dice que same a muchas cosas). Me gusta que también aprenda a relajarse sin dejar de ser ella misma, que mejore su autoestima y su forma de querer(se) gracias al aprendizaje de la novela y no al poder del amor y la amistad, estos son importantes, pero más es aprender por uno mismo y aquí hay mucho de eso. También me gusta que sea bajita pero esté en el equipo de baloncesto, que no use expresiones solo españolas al narrar y que parezca más de Cuenca que de Boston, que la relación con sus padres sea sana y no estén ausentes, sino que sean los padres normales de una chavala adolescente.
(Hasta yo he temblado solo con imaginar ciertas pieza de arriba de su baile de graduación, guapísima).
Así que, en resumidas cuentas, mi alma lo necesitaba y leeré más de una autora que ha demostrado ser tan talentosa escribiendo.