Los clásicos guardan dentro de sus mitos un maravilloso mecanismo literario: la idea de que todo no es real, de que no es más que una realidad imaginada y escrita por un maravilloso numen femenino a la que los griegos bautizaron con el nombre de Moira: Moira es la que imagina todo; ella es la que decide por dónde comienza el camino de nuestra vida y hasta dónde llega. En este poemario, las figuras mitológicas procedentes del mundo homérico fueron analizadas para relacionar sus cualidades más básicas con los rasgos típicos de un entorno real y contemporáneo. Dichas figuras se convierten en una fachada asociada al travestismo de la identidad y sus respectivos desplazamientos por medio de códigos y roles propios de un ambiente que vive y respira sus propios mitos. Si en algo destacan estos poemas es en el modo irónico-humorístico como es presentado ese ambiente. Si la pose del hablante implica una manera de sostener un cigarrillo, es porque el universo de Moira tiene esa misma languidez. (Eliseo Carranza Guerra)
1. El espacio liminal en que las subjetividades, dígase cuerpos, no-cishétero: la fiesta: entre la noche y el día: entre la locura y la razón: entre la fantasía y la vigilia: entre lo femenino y lo masculino. Dentro de este espacio, la libertad ocurre: "escribe, Moira", sentencia el íncipit, que quede constancia de nuestra existencia. 2. Una forma de "reivindicarse" puede ser la re-interpretación de los clásicos: sufrimos igual. Es otra liminalidad: entre lo mundano (las canciones de Juan Gabriel) y lo divino (el Arte, la mitología griega, Los Poetas Mexicanos). No sé cómo explicarlo mejor. 3. Hay una afectación siempre escondida que cuando se canta (o se escribe, Moira) se devela: la Otredad, la rareza de la fauna elegebeté: siempre seremos Las Otras. Siempre cantaremos desde otra orilla aunque cantemos lo mismo que el poeta griego y el mexicano. 4. Es hermoso, simplemente. En varios poemas sentí mi propia herida abrirse, palpitar, cerrarse.