Comparto mis sensaciones y mi opinión sobre “IRA” de María Vagut, a quien quiero agradecer más allá del infinito el envío de su novela y su confianza.
Confieso: acabé esta maravilla de novela hace un par de semanas. Cuando acabé la novela recuerdo comentar a María una sensación de desasosiego por varios motivos. El primero: todo lo que la novela me hizo sentir y vivir, que es muchísimo, porque es espectacular. El segundo: el no poder compartir ni una décima parte de ese sentir, porque no podría evitar el spoiler y, finalmente, mi preocupación por dejar pasar tantos días desde el final de la lectura. Temía que el paso del tiempo me hiciera reformular la intensidad, mis reflexiones, los matices. Pues bien, os puedo garantizar que no es así. No necesito hacerlo, porque con mirar de reojo el libro, tocarlo, pasar a su lado, toda la historia vuelve a mí. Porque esta historia vino para quedarse en mí. Y, si me permitís la licencia, para quedarse en todo aquel que la lea.
Es la continuación de Lágrimas que llenan el océano de agua salada, y no solo es eso: al acabar esta segunda parte se reordenan las piezas de ese puzle adictivo y la historia explicada en la primera parte se reescribe; se le añaden matices, algunos sutiles pero afilados e hirientes y si todo antes tenía sentido, ahora ese sentido presenta más aristas, es más complejo y profundo.
La inspectora Regina sigue buscando a su hermana Alicia e intenta encontrar a Bernardo, un presunto asesino que podría ser quien la tiene retenida, lo que daría explicación a su desaparición. Simultáneamente, aparece un nuevo cadáver con una marca peculiar (un triángulo) en el tórax. Además, su vida personal parece complicarse cada vez más con una nueva noticia.
¿Encontrará Regina a Alicia? ¿Seguirá esta última con vida? ¿Quién será el responsable de los nuevos asesinatos? ¿Podrá Regina alcanzar la paz y la estabilidad?
Jugando con la alternancia entre el presente y el pasado, María consigue que vivas la historia acompañando a los personajes, que te visualices junto a ellos y que necesites abrazarlos, pero también gritarles (si pudieras). La opresión te asfixia. Llega un momento en que tan solo puedes cerrar los ojos y decir “no, no, no…”, y en ese instante (que creo que dependerá de la intuición del lector) esas serán las únicas palabras que resonarán en tu cabeza. Y necesitarás llorar, y necesitarás compartir, y posiblemente, también necesites el silencio. Yo lo necesité, porque me quedé sin voz de tanto gritar en mi interior.
“Tira de mí hasta abajo, ahogándome. No existe el río…, solo son mis lágrimas que me ahogan y se atascan en mi garganta dificultando mi respiración”.
Uno de los momentos clave para mí, que siempre me hace muy feliz, es aquel en el que aparece en una frase el título de la novela:
“Aquel día se murió lo que había en mí y solo queda ira”.
Quiero seguir escribiendo, pero no puedo, porque lo que @mariavagut explica en esta historia va mucho más allá de lo que está escrito. Porque, en la vida, muchas personas se encuentran con experiencias muy difíciles que les marcan para siempre, que rediseñan su persona y, a veces, precisamente no para bien. Porque el pasado casi siempre vuelve; porque los monstruos no desaparecen, se esconden en sus sombras y, cuando vuelven, pueden paralizar tu cuerpo y bloquearlo de tal manera que no puedes salir corriendo aunque lo necesites. Aunque sepas que ser valiente no significa no tener miedo. Aunque sepas que necesitas gritarlo en la calle, porque lo que no se grita es invisible.
Parte del anterior párrafo son frases del libro modificadas y adaptadas para que os hagáis una idea de la intensidad de esta novela negra, que nos hace reflexionar sobre lo duro que es cuando uno no dispone de ese espacio seguro, ese refugio que te protege de los monstruos, sino que les abre las barreras. También sobre la envidia y los celos, que no tienen disculpa aunque puedan ser fruto de la inseguridad y la baja autoestima. Del dolor, del rencor, del resentimiento, de la ira.
Gracias María por ser como eres. Admiro tu belleza y tu fuerza. Gracias por esta experiencia lectora inolvidable; gracias también a la vida, que a veces aprieta pero no ahoga, y que ayuda a aprender a reconocer a los monstruos, propios y ajenos.
Solo os digo que lo tenéis que leer. En este caso es un sí o sí. Lo sé. Sé que no he explicado casi nada de la trama, pero es que cualquier detalle destrozaría la belleza de su lectura.