Un libro rarísimo. Otra vez.
La cuarta de forros me hizo creer que esto tiraría hacia lo fantástico -al fin y al cabo, hay una mención de fantasmas, de hoteles espejismos, y de diablos- pero es realmente una colección de 3 cuentos de largo aliento fijamente embonados en la cotidianeidad, donde de pronto suceden cosas extrañas: viajes astrales, visiones, debrayes seniles, y una que otra enfermedad de la nostalgia.
"Tinieblas... Nunca estas palabras, pensadas en mayúsculas, me parecieron tan vanas, incompletas e inútiles. Me encontraba frente a algo que no había visto en toda mi vida. Un diablo mexicano (y ambulante) de cuya media sonrisa surgían impertérritos aros de humo."
Aunque claro, ese paso que atraviesa el umbral hacia lo especulativo nunca se da del todo.
Mi favorito fue el primero, 'La fiebre azul': el más cargado de misterio y encanto, en un escenario más "exótico" (un hotel en África), y un personaje igual de falible y defectuoso que los demás, pero con el que me resultó muy sencillo empatizar.
Lo que sí, Cubas me dio una master class en prosa. Leerla fue fluir como agua en cortina de lluvia, como deslizar arena entre los puños. En particular me gustaron estos párrafos-luminarias de gran materialidad, donde Cubas ahonda a detalle en los objetos de una habitación, creando una atmósfera detallada:
"La mosquitera—cosa rara— no presentaba el menor remiendo ni la más leve rasgadura. Era una segunda piel que me seguía a cualquier rincón del dormitorio. De la mesa a la cama y de la cama al sillón. Los insectos del manglar no podían con ella. Eso era importante. Como también el delicioso olor a especias e incienso que impregnaba sábanas y toallas, y las ramas de palmera que agitadas por el viento oscurecían o alumbraban el cuarto a través de la persiana."
Ya sea un hombre aquejado por una misteriosa enfermedad mística y del insomnio, una escritora que académicamente intenta comprender la vasta naturaleza de los "parientes" del diablo, o una anciana que repasa sus amistades, vínculos, arrepentimientos y esperanzas en el último declive de su lucidez, estos cuentos son testamento de una voz imperdible.
Y, aunque me aburrí en ciertas secciones, aprecié las cadencias que devuelven al lector la capacidad de vislumbrar un enigma.
"—¡Ja!
Y reemprende el paso. Despacio. Muy despacio. No tiene prisa. Sabe que ya nadie se atreverá a interrumpir su sueño. El verano no ha hecho más que empezar. Y la noche, esta vez, no acabará nunca."