Mahmoud Darwish (Arabic: مَحمُود دَرْوِيْش,) was a Palestinian poet and author who was regarded as Palestine's national poet. In 1988, Darwish wrote the Palestinian Declaration of Independence, which was the formal declaration for the creation of a State of Palestine. Darwish won numerous awards for his works. In his poetic works, Darwish explored Palestine as a metaphor for the loss of Eden, birth and resurrection, and the anguish of dispossession and exile. He has been described as incarnating and reflecting "the tradition of the political poet in Islam, the man of action whose action is poetry." He also served as an editor for several literary magazines in Israel and the Palestinian territories. Darwish wrote in Arabic, and also spoke English, French, and Hebrew.
Contrapunto , el poema que da título a esta antología, es una elegía al orientalista Edward Said, que sintetiza todas las contradicciones que hostigan a lo palestino y que están presentes en el resto de los poemas: la obsesión por la identidad y la libertad, la historia y la justicia, el futuro. Destacaría, además de la fabulosa traducción, el fuerte sentido de la territorialidad del resto de los versos: se huelen los huertos de naranjos y el perfume del jazmín, se perciben los crepúsculos, el viento y los pájaros; en los poemas del olvido, las piedras y humo de la guerra; en los poemas del exilio, de Londres, Nueva York y Madrid, los puentes, paradas y calles que examinan los recuerdos...
Para leer escuchando de fondo la música de Um Kulzum, acompañándose de un buen café en taza siempre blanca —El olor a café molido es geografía—, como le gustaba decir a Mahmud Darwish.
n esta antología del poeta Mahmud Darwish, compilada y traducida por la arabista Luz Gómez, se reúnen algunos de sus poemas más representativos y dos aún inéditos en España. Para adentrarnos en la poesía del autor palestino se hace esencial entender la época que vivió, entender de dónde viene, a dónde fue, cuál fue su sino, su devenir. Y es con sus poemas que podemos aprender todo ello, pues sus poemas atañen no solo a su realidad circundante, sino a la realidad del pueblo palestino y todo lo que ha llevado consigo.
La poesía de Mahmud Darwish se pregunta y nos pregunta. Es, ante todo, una poesía del alma por y para el alma. En ella nos adentramos a una manera de sentir las cosas muy fuerte y potente, profundísima, sobre la vida. Darwish escribiría sus poemas al abrigo de una sensibilidad que rebosaba sentimiento y amor, tanto por sus congéneres como por él mismo y la propia naturaleza y su propio país. Aunque se vio obligo al exilio y fuera apresado por escribir poesía, eso a él no le pararía y tendría una vida llena de poesía allá donde fuera. Ya fuera París, Madrid o Córdoba como bien vemos en el libro y los poemas que les dedica. Sin duda el poeta recoge con parsimonia todo un abanico de emociones intensas y duraderas, cosa rara en una poesía que se nutre de las sensaciones. Las sensaciones suelen venir efímeramente, pero en la poesía de Darwish, las sensaciones se quedan como el aroma de un perfume rociado por la piel. Dejan una huella.
Me ha encantado volver a leerlo, volver a saborear la poesía tan bella y de gran calado emocional que aquí se muestra. Sin duda Luz Gómez ha sabido traernos su poesía más fundamental y si, acaso, la más profunda para hacernos ver que Mahmud Darwish era todo un poeta de la palabra agenciada por la luz, la luminosidad. Porque aquí hallamos mucha luz, mucha ternura y mucha bondad. Se destila todo un matiz de posibilidades dentro de estas tres cosas, como si lo bueno fuera el germen de donde Darwish busca y busca hasta encontrar los ecos de una voz que grita maravillas del mundo, maravillas de la realidad, maravillas de la propia virtud que tiene el ser humano para él y sus congéneres. Hay una parte tan humanitaria en estos poemas, tan tenue y nada brusca, que queremos irnos con ellos a todos lados. Queremos llevarnos el libro al sol y a la penumbra para que resplandezca por sí mismo. Es, este, un libro que aboga por la libertad intrínseca de la poesía hacia la vida. Sin libertad interior, es imposible que haya poesía. Como el gorrión del que nos habla Darwish, esta poesía vuelta alto, muy alto, y nosotros queremos volar con ella. Queremos hacer el amor y queremos que Darwish nos enternezca con sus palabras. Estas palabras de pájaro, de ave que con sus alas nos roza; pues sus plumas no son más que tinta derramada, luz derramada por y hacia la vida.
La poesía de Mahmud Darwish es una poesía que describe y por la que nos vemos obligados a describir la realidad. En ella se hace y nace posibilidad. En ella lo posible está por todas partes. Teje la luz del Mediterráneo un aroma a jazmín, a cítricos, a almendras dulces que nos embauca hacia todo un poderoso mundo de sentimientos y emociones. Querer leer a Darwish es querer darnos vida en la vida. Es dar más vida al mundo. Es crear un ardor por lo viviente, lo esplendoroso del amor y de lo que subyace bajo los sentimientos encontrados del poeta. Este poeta que escribe y escribe porque no puede hacer otra cosa. Leemos esta poesía como quien respira el aire del mar, de la huerta, de la vida. Es toda una sensación la que este libro nos proporciona. Sensación darwishiana, la llamaré, pues no hay ningún otro poeta que logre llegar a donde él llega. Hasta el fondo de las cosas, hasta el fondo de la vida.
peco de no leer poesía, pero qué alegría haber dado el paso de la mano de Mahmud Darwish. cuantísimo poder en sus palabras, qué manejo de ellas y de las formas que toman.
lo recomiendo muchísimo. podría citar el libro entero, pero me voy a quedar con esto:
No describas las heridas que de ti ha captado la cámara Grita para oírte a ti mismo, grita para saber que sigues vivo-vivo, y que es posible la vida en esta tierra. Inventa una esperanza para el verbo, crea un punto cardinal o un espejismo que prolongue la ilusión, y canta, pues lo bello es libertad /
toda herramienta para la liberación de Palestina es indispensable, qué bonito pensar que la poesía pueda ser una de ellas. «Era palestina. ¡Y lo sigue siendo!». y libre, más pronto que tarde, porque no puede ser de otra manera. 🇵🇸
Una poesía vital, cantos necesarios pronunciados en medio del desastre.
"No digas: Murió o vivió al borde de la vida ¡en vano! Di: Se asomó a sí mismo desde lo alto, se vio vestido de árbol y se contentó con saludar:
Porque el camino es largo, ma daré ami quehacer en las leyendas
Yo estaba solo en el puente, aquel día, después de que el Mesías se hubiera retirado a un monte junto a Jericó... antes de la Resurección. Iba y no podía entrar, ni podía salir... Me volteaba igual que un girasol. Y por la noche, la voz de la vigía de noche me despertaba cantándole a su compañero:
¡No me prometas nada, no me regales nada, no me regales una rosa de Jericó!"
"El viento del otoño barre la calle y me enseña el arte de reducir. Reducir lo que se escribe."
Sol, llovizna, primavera tímida. Los árboles son altos y viejos en el jardín de la Residencia de Estudiantes. Las veredas, pavimentadas con piedrecillas, hacen que caminar se acerque más bien a un ejercicio burlesco de flamenco. Una luz temblorosa agujerea las sombras. Desde esta colina nos asomamos a Madrid, que se extiende abajo como un estanque verde. Mark Strand, el poeta americano-canadiense, y yo nos sentamos en unas sillas de madera a hacernos fotos con los estudiantes, y a firmar nuestros libros traducidos al español, a cual de los dos más dispuesto a ocultar la alegría del poeta ante un lector desconocido, inesperado...ante el viaje de la poesía que se escribió en una habitación cerrada hasta este jardín. Se me acercó una señora elegante y me dijo: Soy sobrina de Lorca. Le di dos besos para aspirar lo que de sus brazos quedara en ella. Y le pregunté: ¿Qué recuerda de él? Me respondió que había nacido después de que lo mataran. Le dije: ¿Sabe cuánto nos gusta? Y dijo: Todo el mundo dice lo mis-mo, es un orgullo para mí. Es un símbolo. El director de la Residencia me explicó que este es un lugar emblemático de Madrid. Quien no lee poesía aquí es un pelagatos. Aquí vivieron Lorca, Alberti, Juan Ramón Jimé-nez, Dalí. Al final del encuentro, me pidieron que le hiciera una pregunta a Mark Strand. Le pregunté: ¿Cuál es el límite preciso entre el verso y la prosa? Titu-beó, como hacen los verdaderos poetas ante una definición difícil, y dijo, él que escribe verso libre: El ritmo, el ritmo. La poesía se distingue por el ritmo. Y cuando salimos al jardín a pasear por las veredas de piedreci-llas, no hablamos mucho para no romper el ritmo de la noche sobre los altos árboles. No sé por qué me vino a la cabeza la aguda frase de Nietzsche: «La sabiduría es el conocimiento privado del canto».” Gran escritor, los libros tratan de todo menos el amor.