Paul Valéry se levantaba cada mañana entre las cinco y las seis, encendía un cigarrillo y escribía sin interrupción en sus cuadernos. Así lo hizo durante cuarenta y cinco años. «Estos cuadernos son mi vicio», confesó alguna vez. También su refugio: «una forma del deseo de estar conmigo, y hasta de ser yo». Como él, muchos escritores, artistas y pensadores han hecho de sus cuadernos un laboratorio, un espacio de retiro o una forma de resistencia. El cuaderno como punto de partida, como medio y como fin de la escritura; como soporte de una obra siempre provisional, imperfecta y abierta. Transitando entre el ensayo, la narración breve y el aforismo, Cuadernística propone un viaje por esos pequeños mundos en los que caben todas las formas de la imaginación y el pensamiento: del tendedero lleno de notas de Ludwig Höhl a los papeles cosidos a mano de Emily Dickinson, del pincel ocioso de Yoshida Kenkō a la escritura microscópica de Robert Walser, pasando por las listas de cosas de Sei Shōnagon, el diario filmado de Jonas Mekas o las anotaciones de Tove Jansson desde su isla diminuta. Este libro es una crónica de esas escrituras en los márgenes y un homenaje al cuaderno como forma de existencia.
Una verdadera delicia de lectura. Escrito con esmero por un cuadernista, amante de arte, hábito, necesidad de la cuadernística en sus diferentes formatos y formas. Un estudioso curioso que nos guía en su pasión con ternura y dedicación. Un libro breve que contiene anécdotas, aforismos, pura poesía, teorías, propuestas... todo lo que debe ser un cuaderno.
Gracias a él he descubierto y redescubierto a artistas, autores/as, personas que vivieron en la escritura y escribían la vida en retazos... en sus cuadernos. Un hallazgo y un viaje muy recomendable.
''Vive y escribe. Vive sin dejar de escribir y escribe sin dejar de vivir. No escribe para vivir ni vive para escribir. Escribe, simplemente, para no dejar de escribir. Esa es toda su audacia''.
Lectura deliciosa de una noche, de las que te dejan frases grabadas en la conciencia e inspiran a las almas inquietas.
Un anecdotario sobre el hecho de escribir sobre cuadernos. Bueno. Bien. Cortito y curioso. Para recopilar anécdotas a soltar en una cena con los amigos.
«Porque leer un cuaderno es lo más parecido a salir de nuestra propia cabeza que podemos experimentar a través de la palabra escrita. Y salir de nuestra cabeza, de vez en cuando, es bueno para nuestra cabeza y para la cabeza de los que nos rodean. Siempre que podamos regresar.»
Es el tipo de oda que me gusta leer hacia el apasionante mundo de la cuadernística, ejerciendo prácticamente como un homenaje a todas aquellas personas que guardan un fuerte vínculo con esa forma tan bonita de permitirse un espacio de intervención analógica, en el que el devenir de las páginas y el roce del lápiz sobre el papel sean el acompañante ideal del proceso de tratar de narrar el pensamiento. Creo que hay reflexiones y referencias muy interesantes —pues como dice el refranero, "cada maestrillo tiene su librillo", nada lejos de la realidad— y creo que en sí ese acto tan documental y tan humano de dejar una constancia de lo vivido, quizás en un pequeñito intento de pervivencia, tiene algo muy íntimo y a la vez muy vinculado a lo que constituye la cultura; la sensación de sentirse acompañado, de encontrar un pequeño resguardo en palabras que nos son ajenas pero que definen aquello que nos da vueltas en la cabeza. Hayan pasado cincuenta años, cien o mil... no sé, me parece que es una de las cosas más bonitas que tenemos.
Larga vida a los cuadernos de cualquier tipo, como archivo vivo, documental y fragmentario; como punto de inicio, pero también como lugar de retorno.
Un librete simpático con reflexiones en general ingeniosas acerca del gesto de escribir en cuadernos, aunque termine mezclando diarios, dietarios, apuntes, cuadernos de autor y géneros parecidos pero no idénticos. Por desgracia, en este siglo que nos ha tocado andamos ya algo empachados con la estética del fragmento.
Cristóbal Polo escribe una oda al cuaderno como medio de expresión y de desahogo. Una extensión del escritor profesional y el de andar por casa. Y un repaso brillante de las manías y usos que los grandes escritores le dieron a sus cuadernos. Curioso. Y muy interesante
Me he leído el libro en lo que dura un Alsa como el que come pipas. Todos los capítulos son breves como la cáscara (“compactos” mejor, ¿quizá?) y tienen un fruto dentro.
Se ha publicado un libro, casi en secreto —como todo aquello que tiene valor y es delicado, que debe prepararse a la sombra y una vez finalizado ser presentado en silencio, y nuestra tarea es darle luz, hacérnoslo visible, su matiz y su brillo.
La estructura quebrada del texto entronca con un género aún impreciso que se va haciendo recurrente en las publicaciones de estos últimos años.
Para esta variante de la escritura que parece estar cristalizando, proponemos aquí un listín que sirva de genealogía, tradición para esta forma.
No son libros de aforismos, es algo más; tampoco les cabe la categoría de capítulos, no existe ese tipo de unidad, son demasiado breves. Libros de breviarios quizá... Seguir aquí: https://www.sustrato.io/textos/cuader...