Cuando todo el mundo piensa únicamente en sí mismo, no piensa en nadie. Una vez más, debemos situar el bienestar individual en relación al bienestar general y declarar que la pobreza, la felicidad, la crisis climática y la democracia son, más que nunca, zonas de batalla política por una buena vida para todos. Jean-Philippe Kindler busca nuevos conceptos sociales. Se juzga a sí mismo, a su generación y a la izquierda, con la misma dureza con la que juzga a los conservadores y al capitalismo: por eso este es un libro furioso e inspirador. El pudor de la izquierda respecto a lo utópico -y a qué significa una buena vida para todos- le pone muy fácil a conservadores y neoliberales devaluar retóricamente toda aspiración a maximizar el bien común, relegándola al reino de los fantasmas ideológicos, de lo infantil o hasta de lo estúpido. Ha llegado el momento de identificar los valores innegociables y defenderlos. Hagamos que ocurra.
"Cuando alguien reivindica políticamente el derecho a la buena vida para todos, enseguida se le ridiculiza por utópico. (...) a la izquierda se le da muy bien decir lo que le parece mal y apenas se atreve a hablar de lo que le parece bien, aquello por lo que lucha y por lo que quiere luchar. Este pudor respecto lo utópico les pone muy fácil a conservadores y neoliberales devaluar retóricamente la pretesión de maximizar el bien común, relegándola al reino de los fantasmas ideológicos. Es clásica la referencia a la supuesta "falta de alternativa" al modelo de producción y las relaciones sociales capitalistas. (...) Actualmente la gente les vota porque todo lo demás encaja aún menos con sus preferencias, no por convicción real, lo que prueba que la política de izquierdas se ha vuelto prácticamente irrelevante y acentúa la indigencia en la que se encuentra."
Habla de Alemania como ejemplo, pero creo que todas nos podemos sentir identificadas.
Ensayo más bien flojito sobre la situación de la izquierda en general que, salvo en el capítulo dedicado a la felicidad, tiende a replicar tesis ya repetidas muchas veces. Coquetea con ciertos argumentos de la izquierda reaccionaria y en algunos capítulos es simplemente la renovación de algunas tesis clásicas de Mark Fisher.
Cuando te culpas solo a ti misma, olvidas quién te explota. Este libro te devuelve la conciencia de clase que el coaching y el self-care neoliberal te quitaron.
No todo se soluciona meditando: hay que señalar las estructuras que nos precarizan. Repolitizar la pobreza, la crisis climática y la felicidad.
Tothom sap que ens cal repensar l’esquerra. Alguna cosa no funciona, votem a partits perquè són els menys dolents i no perquè hi creiem.
Què li està passant a l’esquerra? Són algunes de les preguntes que respon Kindler en els seus capítols repolititzant la bona vida, la pobresa, el medi ambient, l’esquerra i la felicitat.
Una lectura ràpida que et fa repensar una mica sobre un tema tant important com és la política i l’esquerra.
(3.75/5) Panfleto didáctico de carácter introductorio que asume varias tesis ya conocidas por haber sido predicadas en profundidad por autores como Zizek, Badiou o McGowan.
Empero, Kindler busca más bien una suerte de "Manifiesto comunista" para jóvenes y adormilados, siguiendo la estela de Mark Fischer (y, a veces, casi de Byung Chul Han) aun sin llegar al impacto que aquel nos regaló en su "Realismo Capitalista".
Ahora bien, su lectura, ligera y certera, es grata porque toca temas clave desde una perspectiva idónea en lo tocante a la crisis climática, la tiranía del narcisismo y de los sentimientos o "El fin del amor" (Illouz).
Tomado como herramienta para despertar es aconsejable para universitarios, jóvenes y diletantes, pero le faltan matices y menor ingenuidad en algunos temas. Reiteramos que leer a Zizek, McGowan o Badiou es una experiencia más completa.
Una de las frases que más me han gustado: "No estar obligados a amarnos puede ser un alivio".
L’he devorat en les tres vegades que m’he assegut a llegir i si he tardat 3 dies és perquè no he parat de marcar coses amb el llapis. Haurieu de veure com l’he deixat, el llibre.
Interessant per les reflexions. De veritat que et fa pensar molt. Sobre el marc de l’esquerra i com esta ha acceptat molts dels mantres liberals. Parla d’amor, canvi climàtic, noves polítiques…és un compendi de “coses que fa l’esquerra que van de la mà del capitalisme individualista” i “coses que hauria de fer l’esquerra per millor la vida de la gent i del grup complet”. Rebuja l’essencialisme de les idees i l’individualisme que l’esquerra ha assumit com a marc. I proposa. Proposa molt.
De veritat que a tope amb l’autor. Això sí, en alguns moments pren camins de crítica a les minories no per ser-ho sinó per no tenir moltes vegades la qüestió de classe de fons. Fa pensar molt perquè encara que no estigues d’acord, et presenta posicionaments a tenir en compte.
Si alguna editorial en català em llig: el necessitem en la nostra llengua per normalitzar el país.
Un mazazo tras otro, como diría un gran sabio de la cultura popular: pim pam trucu trucu. Me ha hecho replantearme muchas cosas y ha movido ciertos pilares que creía tener asentados. Me encanta, me llena de rabia y no me deja tibia.
Aquest és un llibre que té un bon plantejament, ja que recol•lectivitza i fa social allò que aquest capitalisme tardà ha estat individualitzant, amb la culpabilitat que això comporta. Aquesta visió ja se'ns avisa al títol. En el marc del benestar emocional, cal passar de l'autoajuda a polititzar la salut mental. Com jo, no nega que certa psicologia positiva sigui útil. I és que, quelcom que m'agrada i em fa empatitzar molt amb aquest comunicador que no deixa indiferent, és que és radical i alhora ponderat.
L'autor defensa repolititzar la solidaritat, per no caure en la caritat; repolititzar la salut mental, per no fer creure que tot depèn de l'actitud d'un; repolititzar l'amor per no caure en el parany del fenomen juvenil de les "situacionships" (situacions complicades de relació afectivosexual que no comporten gaire responsabilitat afectiva i social).
Des d'una posició radical (que vol tornar a incloure la qüestió de classe, sistèmica), tracta molts dels elements d'una bona vida (riquesa material, serveis públics, salut mental, etc.) per dir-nos que la podem tenir, però que està lluny d'un consum de moltes experiències fugaces, líquides i buides de contingut polític i/o sentit.
El llibre va millorant a cada capítol, i per això li he acabat donant una bona puntuació. Al principi explica fenòmens d'individualisme que tots coneixem i no acaba atrapant-te. Però després dels primers capítols, la cosa s'anima. En aquests darrers és on el missatge a canviar de paradigma, mobilitzar-se i canviar les actituds de "l'esquerra woke i caviar" (aquests termes els uso jo) es fa més nítid i punyent. I sobretot, necessari. Perquè com bé diu ell, hem caigut en alguns paranys: els de censurar l'argumentació política per la correcció política, els de fer que la validesa dels sentiments simposi a l'argumentació racional, els de l'elitisme dialèctic d'una esquerra que es centra en les polítiques d'identitat (polítiques que com ell, reconec que són necessàries i alhora profundament insuficients perquè són poc sistèmiques i deixen de banda a l'home blanc cisgènere hetero normatiu), etc.
«Alguien que quiere saber cómo vivir debe atender a las siguientes preguntas: ¿quién o qué debería importarle, y cómo medir la importancia relativa entre ellas?»
Resulta descorazonador ver lo jodido del asunto. Que seamos átomos ansiosos y deprimidos en un planeta que nos regurgita solo refuerza la urgencia de que la izquierda se recupere y accione el recuerdo de su posición real, no solamente a través de un lenguaje estético, sino en las formas de estar en el mundo. Ya prou de performar. Lo necesario ahora es detonar las normas del juego y no jugarlas. El juego nos lo sabemos, sabemos también cuánto de nosotros nos dejamos en él y cuánto hemos perdido por intentar ajustarnos a sus formas comparativistas y competitivistas. Lo que sabemos también es que somos mayoría.
3.5 No le pongo más porque hay cosas que me han raspado bastante.
Tiene un cierto regustillo a esa vieja izquierda que instaba a las minorías a postergar su emancipación porque la revolución iba primero. Pues bien, al final no hubo revolución.
Tal vez porque si no la hacemos entre todos, reconociendo las opresiones estructurales que muchos (que no somos señores blancos normativos) sufrimos, no va a funcionar nunca. Sobre todo cuando es un libro que se basa en la premisa de la lucha en torno a cuestiones materiales en primera instancia, y se le olvida un poco que los que sufren la mayor parte de esa opresión son las minorías. Y además, precisamente por serlo.
Kindler nos pregunta de qué nos sirve la emancipación de las minorías si tienes un jefe queer y te sigue explotando como uno normativo. Mira, chico, no sé. Los derechos civiles nunca son ni podrán ser un retroceso, suelen llevar aparejada una pérdida de privilegios para alguien que los ostentaba de manera injusta, y además pueden ser la base sobre la que construir algo nuevo y mejor. Además, pequeño detalle: más que nada por su avance no se ha hecho precisamente de manera individualista sino colectiva.
Es necesario un trabajo de lucha por la conciencia de clase, totalmente de acuerdo, pero construido sobre (o a la vez que) una dignificación de cualquier forma humana por diversa que sea.
Y por cierto, los comentarios sarcásticos sobre el lenguaje de género se los podría haber ahorrado. La revolución tiene que llevar aparejada ante todo la decencia.
Iluminador, aunque a veces peque de lo que critica. Reseñable la labor del traductor en su intento de contextualizar al caso español referencias muy enfocadas en el concreto alemán. Muy recomendable para cualquiera que se piense de izquierdas.
La parte del ensayo centrada en la pobreza y la crisis climática es muy certera. El último capítulo sobre la repolitización del amor es evidente que está escrito por un hombre (sesgada, conservadora y ligeramente machista). Me ha gustado, aunque en algunas cosas me sienta en desacuerdo.
Reflexiones interesantes pero superficiales. No profundiza demasiado (tampoco busca profundizar) pero sirve como recordatorio del rumbo disperso de la izquierda, eso sí, no ofrece ideas novedosas ni soluciones. Interesante si se lee como lo que es, una recopilación de los problemas de la izquierda y sus raíces, así como un vistazo a muy alto nivel del camino que se podría o debería seguir. Bastante bien estructurado, me han gustado especialmente los capítulos dedicados a la crisis climática y "la buena vida".
"Una buena vida no consiste en recolectar experiencias como si se trataran de trofeos sino, de una voluntad constante de rechazo radical. No hacer nada, detener el trabajo, quizá también el trabajo sobre uno mismo. A veces no hacer nada es lo más violento que se puede hacer. La política de la buena vida no va de conseguir lujos y excesos para todos, sino que se esfuerza por crear un sentimiento de seguridad colectiva a través del rechazo decisivo de lo mejor, lo más agradable, lo más rápido."
chulo!! la última parte de cierre no me ha convencido mucho y hay algún detalle que me chirría un poco, pero me encanta que haya puesto en conjunto esta serie de ideas. lo que quiero es comentarlo!! así que si alguien se lo ha leído que me hable!!
Breve, directa, accesible e incluso divertida. Me ha hecho pensar y deconstruir varias concepciones que yo tenía asumidas. Mejorar la sociedad es una tarea complicada, pero obras así dan algo de luz.