Shylo Harding, joven escritor norteamericano de novelas pulp, viaja a Londres de vacaciones para visitar la famosa mansión-museo de Sherlock Holmes situada en el 221 de Baker Street.
Tras recordar algunos de los famosos casos del conocido detective, Shylo Harding hace, por sorpresa, una pregunta al guía: Estamos en la casa donde vivió y resolvió sus casos Sherlock Holmes, pero ¿cuál fue la causa de su muerte?
El guía, sorprendido por la insólita pregunta, y ante las irónicas sonrisas de alguno de los visitantes, responde, balbuciendo, que Sherlock Holmes fue un personaje de ficción; que no sabe nada sobre su muerte…
Al salir del museo, Shylo Harding, es parado por una joven que había escuchado la conversación, y le habla de un caso ocurrido en 1897, que quedó sin resolver, y por el cual ahorcaron, en su día, a un hombre inocente. Lo llamaron, entonces, Los Crímenes del Degollador.
Al día siguiente, después de recorrer otros lugares turísticos de Londres, al volver al hotel, el conserje entrega a Shylo Harding un antiguo manuscrito, que alguien dejó para él, con datos de la época sobre Los Crímenes del Degollador…
Pseudónimo de Juan Gallardo Muñoz. Forma parte de los escritores de la Literatura popular española, junto con otros autores como Corín Tellado, Marcial Lafuente Estefanía, Frank Caudet o Silver Kane. Estrechamente vinculado a la Editorial Bruguera, que publicó hasta los años 80 los llamados bolsilibros (también denominados libros de a duro, en referencia aproximada a su bajo precio), dedicados a géneros como la novela negra, de terror, de ciencia ficción, o del Oeste; así como a las editoriales Toray y Rollán.
Según el especialista en Cultura Popular Española, Jesús Cuadrado, la lista total de los libros publicados por Juan Gallardo Muñoz, con sus diferentes pseudónimos, cuenta con no menos de 2.000 títulos.
Curtis Garland es el seudónimo de Juan Gallardo Muñoz (Barcelona, 1929-2013), otro de los grandes escritores españoles de literatura popular y bolsilibros varios que tanto auge tuvieron en nuestro país entre los años 50 y 80. Gallardo Muñoz tiene más de 2000 títulos a sus espaldas, escritos bajo diversos sobrenombres, una cifra realmente asombrosa. A estos escritores habría que hacerles un monumento. Bajo pésimos sueldos y unas condiciones editoriales verdaderamente draconicanas, debían entregar una novelita a la semana. Lo realmente impresionante no es la cantidad, sino la calidad que llegaban a alcanzar con estos plazos.
En palabras del escritor Javier Pérez Andújar: ”Estos escritores y los miles de personas que los leían han sido ignorados, ninguneados, despreciados. Jamás un manual se ha detenido a explicar que entre 1950 y 1980 existió toda una generación de escritores dedicados en cuerpo y alma (es un decir, las dos cosas se las robaron en las editoriales) a nutrir la literatura de masas española. Ni siquiera una mención. Ni siquiera las migajas que quedan después de los cenorrios de los premios. ¿Por qué a este puñado de escritores se le ha echado a patadas de la fiesta? Hay que decir que existieron.”
Como ya hizo con ‘Rancho Drácula’, de Silver Kane, la editorial Darkland ha recuperado otro título mítico de los bolsilibros de Bruguera, prácticamente inencontrable hasta ahora, ‘El fantasma de Baker Street’, un pastiche sherlockiano. Shylo Harding es un escritor americano de novelas pulp que se encuentra de visita en Londres; en concreto está visitando la casa-museo de Sherlock Holmes. Al poco le llega un manuscrito haciéndose eco de un antiguo caso de 1897, el del Degallador, escritor por John F. Weston, compañero de aventuras de Shelby Hakes. Será entonces cuando Harding se implique en este caso, cuya sombra ha llegado hasta sus días.
En definitiva, fantástica historia, bien escrita y que se lee en un suspiro.
Para acabar, qué mejor que con las palabras de Shylo Harding, el protagonista de ‘El fantasma de Baker Street’, que bien podrían aplicarse a Curtis Garland:
”Solo pretendía se fiel consigo mismo y con sus lectores. No sería nunca un premio Pulitzer o un Nobel, ciertamente. Pero al menos no habría traicionado a quienes adquirían una de sus novelas de aventuras y de intriga. Les daba justamente lo que ellos esperaban de él.”
Me lo leí literalmente de un tirón. No es que sea un mérito especial, pues se trata de un relato largo de 125 páginas, una edición digna de lo que fuera un de esos grandes bolsilibros de Curtis Garland, ahora en un formato más que de agradecer.
La aventura la protagoniza un joven escritor que se ve envuelto de un modo casi onírico en un mundo que, hasta la fecha, para él solo era de ficción y en el que se supone que Sherlock Holmes no fue un personaje de novela, sino que ciertamente era un renombrado detective.
El ritmo ágil de Curtis Garland te lleva en un suspiro desde el inicio hasta el final de la aventura, y te deja con ese regusto especial de quien desea seguir leyendo más allá del último párrafo.
Hace más de un año que el libro esperaba su turno en la cada vez más abultada torre de pendientes. No se porque no lo había leído aún. Quizá sólo esperaba el momento adecuado para disfrutarlo como merece. Cerca de la una de la noche, con mil cosas en la cabeza que me impedían conciliar el sueño, desvíe mi mirada a esa torre. Quizá leer algo me ayude a dormir, pensé. Paso la primera página y no despego los ojos hasta las 3. Ya el prólogo engancha y se disfruta enormemente. Luego comienza la historia, y decir que he disfrutado es poco. Un par de horas de lectura reposada, sin parpadear, sumergido en la historia como hacia tiempo no me pasaba. Por eso estaba allí, esperando en la pila de pendientes, para este momento, para evadirme de otras cosas, para hacerme disfrutar. Gracias por darme justamente lo que necesitaba, como tan acertadamente pone en boca de Shylo Harding. Gracias, Juan Gallardo Muñoz, estés donde estés, y a los editores de Darkland por hacer posible que esta novela llegue a nuestras manos.
Después de sentirme ligeramente defraudado con Rancho Drácula, esta novelita me ha reavivado el gusto por los bolsilibros. Muy buena historia de misterio de argumento sencillo y muy directa, pero que también tiene sus partes de ambientación y provoca por momentos cierta sensación de peligro.
Como nota negativa, decir que es realmente corta, 126 páginas, larga introducción e ilustraciones incluidas. Se lee en un suspiro, claro, y engancha. Por diez euros merece la pena, ya que es una edición cuidada con las mencionados dibujos al final de cada capítulo. Se ve que a los editores les apasiona lo que están ofreciendo.
No sé si merece cuatro estrellas, pero sería injusto darle sólo tres. Espero el siguiente volumen de la colección y que más gente se sume a ella.