3,5. Leer un libro de tu escritora favorita siempre es una experiencia poderosa, llena de sentimientos. Para mí, leer a Han Kang va de la mano de experimentar un sinfín de emociones: antes de la lectura, preparándome y fantaseando con todo lo que me hará sentir; durante la lectura, con esa capacidad que tiene la autora para llevarme de una emoción a otra, y agitarlas dentro de mí, y por último, una vez acabada, el poso que sus obras me dejan consigue dejarme tan en shock que me cuesta enganchar con otro libro hasta pasados unos días. “Guardé el anochecer en el cajón” es la primera colección de poesía que se publica de Han Kang en nuestro país, y aunque siempre me provoca una inmensa alegría cualquier cosa que se publique de ella, también sentí miedo al hacerme con él, ya que la poesía y yo nunca hemos sido grandes amigos, pues no logro conectar con el género. Mientras que con sus novelas voy sobre seguro y sé que me encantarán, dudé con el poemario, ¿y si no me gustaba?
Ha sido toda una aventura para mí lanzarme con este libro de Han Kang, y he tenido que hacer un gran esfuerzo para tratar de sacarle el jugo a cada poema. Diría que la experiencia ha sido satisfactoria, aunque no he conectado al mismo nivel que conecto con sus novelas, de ahí que sea la primera obra de la autora que baja de las 5 estrellas (sí, las cinco novelas que tenemos publicadas por ahora son perfectas). Aunque me temo que este bajón es más culpa mía que suya, yo he puesto todo de mi parte, incluso he leído los poemas en voz alta y varias veces para tratar de degustarlos lo máximo posible.
Esto no quiere decir que no haya conseguido disfrutar, porque lo he hecho, pero no ha sido una experiencia tan inmersiva y completa para mí como lo es siempre que leo a Han Kang. Lo bueno es que he identificado en “Guardé el anochecer en el cajón” los mismos ingredientes que siempre encuentro en sus novelas, temas a los que la autora se aferra en un intento encarnizado por entender al ser humano, la condición de este, lo más profundo de su naturaleza.
La obra, dividida en cinco partes, reflexiona sobre temas a los que la autora nos tiene acostumbrados, tales como la falta de comunicación entre las personas, la muerte o el deseo de morir, el suicidi0, la vi0lencia, la soledad o la pérdida, así como del amor y el desamor, las dos caras de una misma moneda. Adoro especialmente las metáforas que la autora usa para trasladar esa sensación de aislamiento que sienten las personas cuando les resulta difícil comunicarse y, por ello, se sienten solas. Engancho mucho con ese sentimiento.
Quizás no todas las partes me han gustado por igual, porque mientras que en algunas se sentía cohesión, algo que unía los textos, en otras parecía un batiburrillo de poemas sueltos. Como digo, la autora habla de la naturaleza de las personas, y me ha sorprendido como se centra en la anatomía del ser humano, huesos, boca, nariz, ojos, extremidades o cualquier otra parte para sumergir al lector en estos temas que reflejan dolor, pérdida o un amor intenso, sea del tipo que sea. Tiene algunos poemas que pueden resultan grotescos, en mi opinión.
Una de las partes me ha gustado y perturbado a partes iguales. Hay una especie de recurso del terror o incluso una especie de leyenda urbana, que siempre me provoca escalofríos. Es esta idea de un mundo dentro del espejo, donde otro yo se encuentra a la espera del momento adecuado para atraparme al otro lado del espejo y sustituirme en la vida real. Recuerdo que cuando era chico, la primera vez que vi algo que hablara de este tema fue en un capítulo de “Pesadillas” y me obsesioné. Posteriormente, he visto muchas pelis o series (incluso un capítulo de Shin Chan) que hablan del tema, y siempre me atrae como buen amante del terror, pero también me inquieta. Los poemas incluidos en esta parte son mis favoritos, porque además de hablar de diferentes cosas, todos comparten ese otro mundo dentro del espejo, esa posible sustitución, esa pérdida del yo, incluso la sensación de tener a uno mismo como peor enemigo. Una de mis cosas favoritas de la autora es como usa las metáforas y en esta parte destaca especialmente.
Para resumir, ¿me ha gustado? Sí, Han Kang siempre es un seguro de calidad para mí, pero no lo ha hecho al nivel de sus novelas, ni mucho menos. Pese a la alegría de toparme con temas y elementos a los que ya me tenía acostumbrado en el resto de su obra, confirmo que la poesía no es lo mío, no consigue llegarme como debería, y si mi autora favorita no puede curarme de esta tara que me impide valorarla al nivel que lo hacen otros, nadie podrá nunca. Por suerte, en apenas dos meses tendremos otra novela de la autora en español, y ya la espero como agua de mayo.